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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 2. Diciembre 2018 - 11:14 Hora
I Domingo de Adviento (Ciclo C)

1ªL.- Los reyes históricos decepcionaron las esperanzas que en ellos puso el pueblo de Dios. Se los vio pasar sin que fundaran un reino de justicia y de paz. Eran sólo símbolo del Dios justo y portadores de esperanza mesiánica. El anhelado descendiente de David está viniendo y revelando a Dios en su verdadera faz de "Señor-nuestra-justicia". Con él está la paz
2ªL.- El comienzo es exhortación acerca del punto fundamental de la ética cristiana: el amor. A continuación, para motivarnos a vivirlo, nos recuerda la vuelta del Señor. El cristiano vive esperando y con la mirada fija en el futuro, en tensión gozosa y pacífica esperando el encuentro definitivo con Jesucristo.
Ev.- La esperanza cristiana se eleva por encima de todas las tragedias humanas. Hemos de saber interpretar los momentos más oscuros de la historia como signos de liberación del mal. Los signos del final de la venida se anticipan en el juicio que realiza el hombre cuando sabe discernir entre lo justo y lo injusto, la auténtico y lo falso, lo verdadero y lo engañoso Y desde esta actitud intentar edificar el Reino.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Para describir su segunda venida Jesús recoge imágenes tomadas de la literatura profética y apocalíptica. Es un lenguaje gráfico y metafórico, cuya enseñanza no radica en lo que se describe, sino en lo que se sugiere. No pretende ser una crónica del fin del mundo, sino del fin de este mundo injusto y violento.
El pasaje se estructura en dos partea: 1º Describe unos hechos ante los cuales, 2º invita a adoptar una actitud. Fijemonos que habla de conmoción cósmica, angustia humana, presencia majestuosa del Hijo del Hombre. No de desaparición sino de cataclismos. Describe una situación caótica de la que cabría esperar lo peor. Sin embargo, lo que aparece es una figura majestuosa (lo verdaderamente importante) cuando toda esperanza humana pareciera haber desaparecido. Frente a la desesperanza, la presencia gloriosa del Hijo del Hombre que devuelve lo que parecía imposible: la ilusión, la certeza de nuestros mejores aspiraciones ¡Alzad la mirada. Estad atentos. No os encerréis una vida sin horizontes!
El caos del final de la historia, nos remite al caos primigenio, cuando la Palabra de Dios pone oreden e introduce armonía, belleza y bondad. Al final de la historia volverá a resonar esa misma Palabra poderosa, pero entonces será la Palabra encarnada la que trae liberación de las situaciones injustas, esclavizantes y angustiadoras. Será la nueva creación, la manifestación desvelada de la verdadera finalidad de toda la existencia humana.
Pero esta esperanza liberadora no es pasiva, está hecha de esperas activas, de vigilancia, de preparación. La esperanza final debe evitar todo modo de existencia que impida la visibilidad del horizonte. Hay que vivir con la mirada alta y los brazos ágiles, y no encerrarse en la propia problemática sin perspectivas. Huyamos de una vida miope, rastrera, de la tentación de desentenderse de todo y refugiarse en la diversión, bebida o el afán de dinero…
El Evangelio de hoy quiere ser una llamada de atención y una invitación al cristianismo comprometido. Una invitación a mirar en perspectiva de esperanza. Quiere ser una palabra de ánimo y una confirmación de la esperanza que él ha depositado en el Hijo del Hombre. Es este, todo un programa, de toda una actitud que debe caracterizar a quien se diga cristiano.

Domingo, 25. Noviembre 2018 - 11:17 Hora
Solemnidad de Cristo Rey (Ciclo B)

1ªL.- En la literatura apocalíptica la imagen del mesías, mediador de salvación, se desprende de las realidades históricas (rey, sacerdote, profeta) y se proclama de origen celeste. En su apariencia humana, es una revelación del poder salvador de Dios. Por el "hijo del hombre" se anuncia el reino de Dios.

2ªL.- Cristo está en la plenitud de la vida, nos espera y nos estimula. EL es el punto Omega, al que converge toda la creación, y en el que esta pobre historia humana encontrará un final digno y glorioso. Nuestra espera y esperanza no ha de pasiva, sino decididamente operante.

Ev.- El Reino de Dios, proclamado por Cristo, no es de este «mundo» o sea no se rige por las leyes de: «la ambición humana, la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero». Celebrar la fiesta de Cristo Rey es reconocer a Jesucristo como testigo de la verdad, como libertador de toda esclavitud, como Señor del mundo y de los hombres.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Hay muchas imágenes de Cristo. Algunas falsas, otras erróneas o adaptadas a nuestros intereses. Y otras evangélicas, aunque incompletas, porque a Él no se le puede encerrar en una imagen.

Los contemporáneos de Jesús se forjaron una imagen de su reino y Pilato, pensando como el mundo, no entendio la realeza de Cristo
Y ahora pregúntate:¿Qué imagen de Cristo tienes tu? ¿Uno de éstos?
¿El Cristo manso, sufriente por nuestros pecados?
¿El Cristo dulzón, romántico, que lo ha arreglado todo... El triunfador, intimista, divino prisionero del sagrario? El que quiere nada más que le alabemos, le glorifiquemos, que hagamos oración y actos de caridad.
Jesucristo es Rey y Dios, es el Señor. Pero la realeza de Cristo como el señorío de Dios nada tienen que ver con reyes y monarquías de nuestra historia. Nuestra experiencia del poder-poseído, de autoridad, de dominio, de sometimiento, entorpecen enormemente la interpretación religiosa de la realeza de Cristo.
Por eso Jesus contesta “mi reino no es de este mundo. He aquí la piedra de tropiezo de muchos para aceptar la fe en Cristo, como describe Dostoievski: "Si hubieras cogido la espada y la corona, todos se hubieran sometido a ti de buen grado. En una sola mano hubieras reunido el dominio completo sobre las almas y los cuerpos, y hubiera comenzado el imperio de la eterna paz. Pero has prescindido de esto...
Si hubieras tomado la espada y la púrpura del emperador, hubieses establecido el dominio universal y dado al mundo la paz. Pues, verdaderamente: quién puede dominar a los hombres, sino aquellos que tienen en su mano sus conciencias y su pan" ("Los hermanos Karamazoff"
Pero su reino, no es como los reinos de este mundo sino todo lo contrario y contestación. Porque Jesús es la debilidad voluntaria de Dios contra el poder de los que se endiosan.
Jesús es rey que ha venido a servir y no a ser servido, y por eso ocupa el último lugar del mundo que le permite servir a todo el mundo. Sus leyes se reducen al amor y, a diferencia de todas las leyes de este mundo, son una buena noticia para los pobres. Su política es amar a los enemigos y, por lo tanto, no tiene soldados para combatirlos... Un rey tan extraño no podía esperar la comprensión de los reyes normales y de los señores de este mundo: "Pues sabéis que los que son reconocidos como reyes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen". Antes bien, tenía que contar con su oposición más decidida. Porque (como prosigue el personaje de Dostoievski) "No bajaste de la cruz cuando te gritaron con burla y desprecio: ¡Baja de la cruz y creeremos que eres el Hijo de Dios! No bajaste, porque no quisiste hacer esclavos a los hombres por medio de un milagro, porque deseabas un amor libre y no el que brota del milagro. Tenías sed de amor voluntario, no de encanto servil ante el poder, que de una vez para siempre inspira temor a los esclavos. Pero aún aquí los has valorado demasiado, puesto que son esclavos -te lo digo-, habiéndolos creado como rebeldes..."


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