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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Martes, 3. Octubre 2017 - 17:46 Hora
XXVI Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- La palabra de Dios interpela a todos por igual. Y uno, desde la perdición, elige la vida, y otro, desde la justicia, elige la muerte. Existencia salvada o perdida, no vienen dadas. El profeta nos recuerda que lo elegimos la elige cada cual.
2ªL.- Jesús, para rescatarnos del mal desarrolla tres acciones: 1ª Sin renunciar a su condición divina, la pone a disposición del hombre. 2ª Nos salva compartiendo solidariamente nuestra trágica condición. 3ª Vence al mal y al pecado obedeciendo a Dios y nos mereció la salvación.
Ev.- La parábola de Cristo nos ayuda a reparar en que, no pocas veces, aquellos que aparentemente son más religiosos, incumplen las exigencias de la fe. Mientras que aquellos otros que adoptaron una actitud «contestataria», a la hora de la verdad, manifiestan obediencia a la Palabra de Dios. ¿Qué hijo eres?
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús nos invita a examinar dos actitudes ante la tarea que Dios Padre nos propone; y lo hace mediante el ejemplo de una escena cotidiana: los dos hijos y la viña.
El comportamiento es lo que evidencia la sinceridad de las palabras; las buenas palabras que no se concretan en hechos evidencian la falsedad.
En la parábola uno de los hijos parece obediente por sus buenas palabras pero no cumple la tarea. El otro no disimula su pereza pero acaba cumpliendo el encargo. La actitud del segundo es la preferida.
Que lo importante sea el cumplimiento de la voluntad de Dios Padre no implica que las "contestaciones" las formalidades de la religiosidad carezcan de importancia. El Padre habría deseado que a las palabras educadas hubiese seguido la obediencia de un trabajo efectivo en la viña. Y que el trabajo del primer hijo hubiera sido acogido con prontitud y de buen grado.
Ante necesidades de la viña de nuestro mundo podemos preguntarnos si los cristianos globalmente considerados, hemos respondido con palabras huecas o con hechos. Viña que trabajar no falta: hambre, explotación, violencia...
Arar la viña del Padre, aun cuando parezca una actividad meramente social, es también una acción espiritual (movida por el Espíritu). Siguiendo el camino de Jesús, el cristiano sólo podrá ser espiritual en la medida en que se deje conducir por el Espíritu. La vida espiritual abarca toda la existencia del cristiano, todas sus actividades, mediante las cuales ha de responder a las mociones de Dios.
Y no solamente con prácticas de piedad. El camino será conflictivo como lo fue para el Maestro. No se trabaja la viña sin sudor. La cruz sale al encuentro en el curso del seguimiento.
La existencia del discípulo se unifica buscando el Reino de Dios y su justicia. Hemos de ser contemplativos en la acción, orantes que se implican en edificar el Reino de Dios en el mundo. El Padre espera. La viña reclama ser trabajada… ¿que actitud te define? Hermosas palabras y buenas intenciones o acción y entrega espiritualizada.

Sábado, 23. Septiembre 2017 - 17:25 Hora
XXV Domingo del TO (Ciclo A)

1ªL.- La era mesiánica que se anuncia es de características tan radicalmente nuevas que los planes del hombre apartado de Dios no comprende el actuar de Dios generoso. Solamente el que tiene corazón agradecido y admite la evidencia de lo maravilloso de la generosidad de Dios puede comprender esto
2ªL. San Pablo, desde la cárcel de Efeso, escribe a la comunidad de Filipos, relativizando su propio testimonio martirial. Lo verdaderamente absoluto para él era cumplir su tarea evangelizadora: ¿aceptando la muerte?, ¿aceptando la absolución Cristo puede ser proclamado de muchos modos y maneras.
Ev.- Dios combina la justicia y el amor en una medida que nos sobrepasa. Sus planes no son los nuestros. "recompensa igual para un trabajo desigual"
PARA LLEVARLO A LA VIDA
A primera vista parece un poco duro que el Reino de Dios se compare a la situación arbitraria y opresora del mundo laboral de aquella época. Nos cuesta entender que los caminos del Señor son distintos a los nuestros. Dios se presenta como un amo generoso que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido. Esta es la buena noticia del evangelio. Pero nosotros insistimos en atribuirle la estrecha medida, siempre injusta, de nuestra justicia humana.
Y andamos siempre forcejeando, en lugar de tratar de parecernos a él intentamos que él se parezca a nosotros con nuestras exigencias y calculos. Queremos comerciar con él y que nos pague puntualmente el tiempo que le dedicamos (que las mas de la veces se reduce al empleado en practicar unos ritos sin compromiso y unas oraciones interesadas sin espíritu ni corazón: pedir y pedir).
Si va a pagar a todos igual, con mentalidad utilitarista, nos preguntamos: ¿Para qué nos sirve ir a misa, si Dios nos va a querer igual? Y con ello evidenciamos que no nos hemos dejado amar por Dios y no correspondemos en consecuencia amándole sin medidas. Dios es gratuito.
Nuestra tendencia farisea surge exigiendo normas cuyo cumplimiento diferencie a los buenos de los malos.
Vemos absurdo y hasta injusto ser queridos todos por igual. ¡A cada uno lo suyo! decimos con tono de protesta sindical ante Dios. Olvidamos que la gracia ha sustituido a la ley. Necesitamos que existan los malos para podernos calificar de buenos. De esta forma, el amor al hermano se torna imposible.
Dios combina la justicia y el amor en una medida que nos sobrepasa. Sus planes no son los nuestros. La Eucaristía, como anticipo de vida plena, es el denario de la retribución cristiana.

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