Miguel P. León Padilla
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
Viernes, 20. Marzo 2026 - 08:44 Hora
V Domingo de Cuaresma
1L.- El pueblo de Dios está desterrado en Babilonia, tumba de los pueblos, lejos de la tierra y la relación con Dios que daban sentido a su historia. Es un pueblo sin vida propia: un pueblo muerto y sin destino. En esta circunstancia se hace presente la promesa de Dios: él apartará la losa de esa tumba para que el pueblo se levante, se organice y camine vitalizado por el Espíritu del Señor.
2 L.- S. Pablo habla de la nueva situación creada por Jesús en el mundo. Pablo dice que a los que están "en el espíritu" se contraponen los que están "en la carne"; los que viven la vieja situación solidaria con Adán, hecha de cerrazón de Dios y de egoísmos. El que vive la vieja situación no tiene el espíritu de Dios, la fuerza vital que al incidir en el hombre lo transforma en alguien que no muere jamás.
Evangelio.- La resurrección de Lázaro
PARA LLEVAR A LA VIDA
En Cristo se cumple la profecía de Ezequiel. «Yo mismo abriré tu sepulcro», amigo mío; yo te rescataré del lugar de los muertos; yo te llenaré de espíritu de vida; yo venceré tu muerte; yo derrotaré toda muerte.
Marta y María anuncian a Jesús que su amigo Lázaro está enfermo. Jesús responde que esta enfermedad no es para la muerte, sino para que se manifieste la gloria de Dios. Con estas palabras alimentaba en las dos hermanas la esperanza y revela el propósito de dar una prueba de su misión divina. Marta cree que Jesús puede curar a los enfermos sólo con su presencia, por eso se lamenta ahora de que llegue después de haber enterrado a su hermano. Y Cree que Dios escucha siempre la oración de Jesús y que Dios puede resucitar a los muertos.
La respuesta de Jesús hace a Marta pensar que Jesús se refiere a la resurrección de los muertos al fin de los tiempos. Pero dice que él mismo es "la resurrección y la vida"; es decir, que tiene poder para resucitar y dar la vida a cuantos crean en él. Los que creen en Jesús viven ya ahora la "vida eterna", y no morirán para siempre. La muerte de los que creen en Jesús es el paso necesario para que se manifieste plenamente en ellos la vida que ya han recibido. Marta no puede comprender todo lo que escucha, pero cree que Jesús es el mesías. Esto le basta para aceptar cuanto le dice.
El pide siempre que se haga la voluntad del Padre, es para que todos cuantos vean después el milagro crean que él es el enviado del Padre. El milagro es siempre milagro para la fe, para que los hombres crean y tengan vida creyendo. Pero no todos los que vieron creyeron. Algunos de los testigos fueron enseguida a contar lo sucedido a los fariseos, los enemigos de Jesús. Y éstos decidieron acabar con él. No es casual que en el mismo instante en el que el Hijo de Dios manifiesta de forma suprema su poder como autor de la vida, los incrédulos decidan su muerte. Pero el Espíritu santo transformó el cuerpo muerto de Cristo en un cuerpo glorioso. Ese mismo mismo Espíritu es el que transforma el pan y el vino en cuerpo y sangre del Señor y nos los ofrece como prenda de la resurrección que él realizará en el hombre. Los creyentes son dichosos porque saben por la fe que el que muere, «vivirá», «no morirá para siempre».
Viernes, 13. Marzo 2026 - 09:57 Hora
IV Domingo de Cuaresma (ciclo A)
1L.-El rey para el pueblo de Israel llegó a legitimarse cuando se hizo signo del Dios liberador y portador de esperanza: un mesías que anuncia al Mesías. Y solo lo reconoce cuando lo ha señalado el carisma o la unción. Reconociendo así, no a una persona, sino al espíritu de Dios que en ella se manifiesta. David es señalado por un carismático y ungido; así después su dinastía. El mesianismo real se apoya ahí.
2L.- Para el apóstol el hombre se define por sus obras, el que comete pecado es tinieblas y el que hace la justicia es luz. Pablo se dirige a los cristianos de Efeso que han encontrado en Cristo "la luz del mundo". Ahora tienen el deber de iluminar a cuantos aún permanecen en las tinieblas. Espera que los fieles brillen en el mundo no sólo con las palabras, sino con el testimonio de las obras.
Evangelio.-
Curación del ciego de nacimiento
PARA LLEVAR A LA VIDA
Todos los hombres estamos ciegos de nacimiento.
Jesús podía haber curado al ciego inmediata y directamente, con una sola palabra. Sin embargo, desarrolla un proceso: la saliva, el barro en los ojos, la necesidad de lavarse en la piscina. Cada uno de estos detalles encierra un significado. Cristo quiere contar con la colaboración del hombre. Y así como no multiplicó los panes sin los pocos que generosamente se ponen en sus manos, tampoco cura al ciego:
- si, primero, no reconoce antes su ceguera, símbolo del barro (de su impotencia)
- si no escucha y acepta sus palabras;
- si no se muestra dócil y se deja conducir;
- si no se lava en la piscina del "Enviado".
La Buena Noticia llega a los que sienten la necesidad de ser salvados; para aquellos que sienten un vacío y su incapacidad; para aquellos que valoran el poder de la gracia.
Escuchar la palabra es empezar a confiar, empezar a creer. El que escucha y acepta la palabra, confía, espera, desea, suplica, y no tardará en ser salvado.
El ciego se fía siempre de la palabra de Jesús. Ojalá nos dejáramos llevar siempre del Espíritu.
Lavarse en la piscina es aceptar las mediaciones humanas que Dios ha señalado. No es tanto el valor del agua, sino la fe. El ciego se curó por la fe en la palabra de Jesús. Todos nos podemos salvar por la fe en la palabra y la presencia de Jesús, que se conservan y actualizan en la Iglesia.
-El ciego vio a Jesús, pero aún no le conocía; si acaso como el profeta que le había curado. «Tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». «Que es un profeta». Pero ahora Jesús le va a curar nuevamente y le va a añadir una sobredosis de luz: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?... Lo estás viendo... Creo, Señor. Y se postró ante él». Ahora es cuando el ciego está definitivamente curado de su ceguera. Ahora es cuando ha recibido enteramente su salvación. Ha visto a Jesús, ha visto en él al Mesías, y se postró ante él.
Todo el que ha sido curado de la ceguera, ha de esforzarse por verle, por descubrir hoy su presencia entre nosotros. Tampoco nos resultará fácil. Necesitas que el Señor te cure diariamente los ojos, para que le puedas ver.
La resurrección ha convertido a Jesús en Luz de todos los humanos. Cada Eucaristía nos proporciona la oportunidad de contrastar nuestra visión con la mirada que Dios tiene del mundo, tal y como se ha manifestado en Cristo. Ser participantes de la luz conduce a caminar iluminando, poniendo en evidencia las obras de las tinieblas.
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