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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 10. Agosto 2019 - 15:20 Hora
XIX Domingo TO (ciclo C)

1L.-La liberación de los antepasados en Egipto y el juicio de los opresores es promesa confirmada de la salvación del inocente y prenda que se da a los que esperan. Cuántos en la opresión comparten con los oprimidos que esperaban, cantarán también con ellos el canto de la liberación.
2L.- La epístola va dirigida a comunidades que viven en medio de un mundo hostil. Muchos cristianos empezaban a desfallecer ante las persecuciones. Por eso les exhorta a la perseverancia y a la fidelidad. Y recurre al ejemplo de la fe de Abrahán. La fe, como respuesta a la palabra de Dios que tiene el carácter de promesa, es inseparable de la esperanza.
Ev.- Jesús nos enseña con comparaciones cómo nuestra fe ha ser de despierta y vigilante: la actitud de los siervos que aguardan la vuelta del amo, la del dueño que no sabe cuándo pueden venir los ladrones, la del administrador que debe estar preparado para rendir cuentas de su gestión en cualquier momento.
Jesús nos invita a vivir con esperanza de cielo y de ella ha de nacer la sensatez y responsabilidad en la administración del tiempo.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Aguardamos el fin del mundo (el Universal y el nuestro particular), ese día en que Cristo, en el esplendor de su gloria, inaugurará la nueva vida de los hombres bajo un cielo nuevo y en una tierra nueva.Dios nos invitará al gozo de lo que él es: se pondrá el delantal, nos sentará a la mesa y nos irá sirviendo uno a uno». Sin embargo, por extraordinario que sea este grandioso final que nos aguarda, no se ha convertido en la razón de nuestra vida. No entramos en la dinámica de Jesús: «vivid como hombres que aguardan».

Y ¿Quién de nosotros persigue el reino de Dios por encima de todo? ¿Quién es capaz de decir que su tesoro está en ser fiel a su fe?
Fijemos en el buscador de oro. Sin tregua ni descanso, por encima de los elementos y de los fracasos, vuelve cada día y sigue cavando convencido de que en un golpe de martillo saldrá la chispa brillante que iluminará el resto de su vida. Ahí está su tesoro y ahí está su corazón. Ahí está su fe viva y operante, activa y enérgica.

¿Somos así los cristianos con la búsqueda del Reino de Dios? Tendríamos que atrevernos a preguntar sinceramente como Pedro: Señor, ¿esta parábola la has dicho por todos o por nosotros?
Vigilar es vivir despiertos, en tensión. No con angustia, pero sí con seriedad, dando importancia a lo que la tiene. Como el estudiante que desde el comienzo del curso piensa en el examen final. Como el labrador que siembra y está siempre pensando en recoger buena cosecha. Como el deportista que, desde el primer esfuerzo, sueña con llegar primero a la meta. Hemos de ser protagonistas no sólo de la espera del Reino sino de su construcción. Dios nos ha dado unos talentos que debemos administrar y hacer fructificar.
La Eucaristía es alimento para trabajar por el Reino de Dios con la mirada en el futuro y los pies en el presente «mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo».

Viernes, 19. Julio 2019 - 08:41 Hora
XVI Domingo TO (ciclo C)

1L.- La hospitalidad de Abrahán es recompensada con la promesa de un hijo, el nacimiento de Isaac. La ambigüedad de los misteriosos caminantes abre espacio a la fe, revela y oculta a la vez. Para el patriarca el hijo equivale al "pueblo grande" que esperaba. Sus descendientes son los hijos de la promesa.
2L.- Pablo advierte que la salvación realizada en Cristo ha de ser anunciada y que las tribulaciones que van unidas a la predicación del evangelio pertenecen a los "dolores de Cristo". Por eso el apóstol se esfuerza para que la enseñanza y la sabiduría cristiana llegue a todos.
Ev.- Jesús va a visitar a una familia amiga. Una piadosa interpretación considera a las dos hermanas como símbolos de la vida activa y de la vida contemplativa dentro de la iglesia. Pero esta visión rebasa el sentido de la escena, todo es mas mucho mas simple. Jesús dice a Marta que cualquier cosa es suficiente para comer, que ha ido a verles y a hablarles del reinado de Dios, y sólo esto es lo que importa.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Los textos nos hablan de hospitalidad y acogida. Dios cuya visita siempre es fecunda
El evangelio recoge una escena sencilla y cotidiana. La enseñanza es explicita: Sólo una cosa es necesaria: La escucha de la palabra del Señor.
Como suele ocurrir con las visitas que llegan a casa, no falta quien anda demasiado preocupado por los preparativos para disponer lo necesario, deseoso de agasajar al visitante. En su buena intención Marta olvida lo esencial: escuchar al huésped. Corre de un sitio a otro disponiendo la mesa y desatendiendo al invitado al que quiere servir.
La contraposición de Marta y María no es si vida activa o vida contemplativa sino a nivel de escucha y atención o no de la palabra de Cristo. No se contraponen dos formas de vida (activa secular o contemplativa, monástica) sino dos actitudes que pueden darse en una misma forma de vida: la del discípulo.
El tipo del auténtico cristiano (que escucha y cumple la palabra de Jesús) está representado en la figura de María. Para que sea auténtica, la acción cristiana (el amor al prójimo) ha de estar fundamentada en la escucha de Cristo. Sólo la "escucha de Jesús" puede determinar una existencia cristiana autentica que profundiza especialmente en el don de la fe. Sólo si descubrimos que Dios ha revelado toda la fuerza de su amor, podemos convertirnos en fuente de amor para los otros.
La escucha de la palabra de Jesús es una exigencia fundamental del amor a Dios. Esta exigencia de escucha es tanto más imperiosa cuanto que a veces damos la sensación de organizar el mundo a partir de nosotros mismos y no de Dios.
Cuando la Iglesia imita a Marta, procede como una empresa, donde todo está previsto, organizado, programado para Cristo pero sin atender a Cristo. Andamos sobrados de estrategias misioneras y de preocupaciones evangelizadoras: Cristiano, sacerdote, instituto religioso, Iglesia... "Te afanas y preocupas por muchas cosas...". Urge recuperar una Iglesia cordial que atienda y recoja la palabra del Maestro. Lo único que le importa es su presencia, su enseñanza aunque luego haya que improvisar atendiendo al susurro del Espíritu santo.
Urge una Iglesia embelesada al escuchar a su maestro. Una Iglesia de oídos y brazos abiertos, de atención viva a su único Señor, en actitud de auténtica obediencia que escucha la palabra y vive inmersa en el gozo y exigencia que ella nos produce.

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