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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Miércoles, 11. Marzo 2020 - 16:28 Hora
Solemnidad de San José

1ªL.- El Señor Dios le dará el trono de David, su padre
2ªL.- Esperando contra toda esperanza, creyó
Ev.-José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Una piadosa tradición, que hizo fortuna en el arte cristiano, difundió la idea de que S. José era ya anciano y viudo cuando se casó con la Virgen (de esta forma se reforzaba la convicción de que María continuó siendo virgen despues del parto). Sin embargo, el hecho sería tan extraordinario en aquella sociedad que los evangelios se hubieran hecho eco de un matrimonio singular.
Se recoge muy poca cosa sobre el artesano de Nazaret, pero suficiente para reconocerlo como un hombre vigoroso y esforzado, como un trabajador honrado y bueno, que mantiene comunicación con Dios (por ello no se sorprende de las revelaciones), que se manifiesta obediente y pronto a cumplir con su voluntad sin cuestionarla, pese a no entenderla.Y colabora eficazmente con su silencio, con su fe, con su obediencia, con su paciencia, y con su trabajo, que sea alumbrada la Palabra en el mundo y venga el reino de Dios.
Y si Jesús es la revelación del Padre, José es la fe y la obediencia. Si Jesús es la promesa y el cumplimiento, José es la esperanza.
Apunta el evangelio que José: "Que era justo" y así lo manifestó porque supo supo respetar el misterio de la vida que nacía en su esposa sin su concurso; porque no puso en cuestión la fidelidad de su mujer y, lleno de perplejidad, optó por retirarse en silencio; porque no quiso poner sus manos en aquella que había sido elegida por el Señor. José frente al Misterio, con temor y temblor, se pone a la escucha abierto a los sorprendentes designios de Dios. Y es invitado a desempeñar un papel que nunca se hubiera atrevido a usurpar: hacer la tarea de padre, poner nombre al hijo de María, "le llamará Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados".
Lo primero que podemos aprender de la actitud de José, "el varón justo", es que para ser "bueno", para ser justo, hemos de de saber situarnos en el lugar que nos corresponde; sin justificarnos permanentemente ante de Dios, sin endiosarnos por encima de los demás, reconociendo nuestros límites, poniendonos a la escucha y dejándonos sorprender por el Misterio, en actitud de obediencia a la palabra de Dios, de responsabilidad, de fe, de esperanza y de trabajo.
Ante la figura de José, que tuvo la misión de velar por el crecimiento de Jesús, la Iglesia nos pide orar por los que hoy se forman en nuestros seminarios para asumir la misión asegurar especialmente la unidad, el crecimiento de la comunidad cristiana. Ante la figura de José , la Iglesia nos invita a pensar en los sacerdotes y a reflexionar sobre la necesidad de que aumente su presencia en la Iglesia. Es necesario que la comunidad cristiana se esfuerce y trabaje para que haya jóvenes que tengan ganas de emprender esta tarea: la tarea de ser un signo particular de la presencia de JC en medio de su pueblo, la tarea de ser vínculo y cohesión en la comunidad cristiana, la tarea de anunciarle la Palabra y administrarle los sacramentos. Oremos por nuestros sacerdotes, vivos y difuntos; oremos por quienes se preparan al ministerio y por quienes les forman.

Martes, 10. Marzo 2020 - 18:42 Hora
III Domingo de cuaresma (ciclo A)

1L.- El pueblo liberado de la servidumbre del faraon, tropieza con sed y carencia en el desierto. Desde el acosante «¿está Dios con nosotros?» reclama más pruebas. Pruebas no hay, pero sí señales que orientan hacia Dios: un testigo que muestra, un agua para la sed. No sólo dará agua en el desierto o maná o codornices o victorias, sino que se da a sí mismo para saciar nuestras insatisfacciones y colmar nuestras esperanzas.
2ªL.-La prueba de que Dios está con nosotros y nos ama, dirá San Pablo, es que Cristo murió por nosotros y resucitó para nosotros. La señal de Jonás. Y no sólo está entre nosotros, sino que está en nosotros, porque «el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo». Es el culmen de la donación de Dios.
Ev.- El encuentro con la samaritana pone en evidencia paradojas pedagógicas. Jesús siempre cautiva, tiene sed y sin embargo ofrece agua; está cansado y sin embargo libera de cargas; pregunta y sin embargo lo sabe todo; aparece como un desconocido y sin embargo se mete muy dentro en el corazón. En él se concentra toda la sed del mundo, todos los deseos y los interrogantes de la humanidad en la mujer; y en él están todas las respuestas y todos los manantiales.

PARA LLEVARLO A LA VIDA
Es un pasaje repleto de simbolismo, de sugerentes palabras, de hondura de significados: El agua del pozo es la ley y la sabiduría. El agua viva es la nueva vida. La nueva ley del Espíritu, y Cristo es el autentico manantial. La samaritana representa a la humanidad automarginada de la gracia, al pueblo idolátrico. Y Jesús-manantial, el Mesías se hace el encontradizo y desea salvar. Pero no se impone: «Si conocieras» si quisieras... Y todo ello acontece en la hora sexta, la hora de entrega más grande.
El encuentro con la samaitana pone de manifiesto pedagógicos contrastes: el agua del pozo y el agua del Espíritu. El amor sensual y el amor espiritual. La ley y la gracia. Los falsos dioses y el verdadero Dios. Los templos de piedra y los templos vivos. Adoración ritual y adoración en espiritu y verdad.
Dios se manifiesta como buscador incansable del hombre, es un «antropotropo». He ahí la paradoja. Junto al brocal del pozo, confluyen la sed de la humanidad (la samaritana) y la sed de Dios (Jesús). Pero... «¿Cómo puede El, manantial inagotable de agua viva, andar sediento de este mínimo y pobre riachuelo que sale de mi corazón?». Dios desea que le deseemos, tiene sed de que estemos sedientos de El. Jesús se hace peregrino, nos espera «junto a cualquier pozo de nuestra vida».
Para todos los sedientos: hay una solución definitiva. No es el pozo de Jacob, que es viejo y que se agota. La solución definitiva es beber del agua de Cristo.
Andamos con la lengua fuera, sedientos e insatisfechos, porque pocos pueden dar con amor un vaso de agua. El egoísmo ha ensuciado en la fuente de la esperanza, la ha contaminado.
Jesús nos ofrece agua viva, a cambio de un poco de amor al prójimo, el agua que salta hasta la vida eterna, el don de Dios. El que beba de ese agua no volverá a tener sed; seguirá en el desierto y en camino; pero el agua de Cristo se convertirá dentro de él en un surtidor, y nadie podrá arrebatarle el gozo y la esperanza.
Después del encuentro con Cristo, la samaritana se transforma. «Dejó su cántaro». Es todo un símbolo. Ya no tiene más sed ni necesita el agua de aquel pozo. Empieza a ser una mujer nueva, con una buena noticia que proclamar. Corre entusiasmada al pueblo y va diciendo a todos: «Venid a ver a un hombre», que es el Mesías que esperamos. No hace discursos teológicos. Sólo comparte su experiencia: lo que ha visto, lo que ha oído, lo que le ha dicho. Habla con palabras vivas, einvita noa que la crean sino a que salgan a su encuentro.

El mundo tiene sed. A los discípulos de Jesús, nos corresponde devolver al mundo la verdadera esperanza, creyendo en la Promesa, dejándose conducir por el espíritu, compartiendo solidaria y esperanzadamente nuestra fe en él. Que esta pandemia del "coronavirus" ayude a recordar a la ensoberbecida especie humana, que no somos todopoderosos. Y ojalá la toma de conciencia de nuestra fragilidad nos a volver nuestros corazones a Dios, conduzca a la humildad, al deseo de conversión y a la búsqueda del bien. Que el Espíritu santo ilumine a nuestros gobernantes y derrame sensatez en la ciudadanía.

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