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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 7. Octubre 2018 - 09:28 Hora
XXVII DOmingo TO (Ciclo B)

1ªL.- Hombre y mujer con sus características propias, son esencialmente semejantes, iguales en dignidad:"es carne de mi carne..." El hombre no es un ser autónomo, encerrado en sí mismo. Necesita complemento.La unión del hombre y la mujer, pedida por la naturaleza y consolidada en institución matrimonial, revela una hondura que remite al diálogo con el tú del creador.
2ªL.-El apostol recuerda que todo esto obedece al plan coherente del amor de Dios, que conviene a Cristo para alcanzar su gloria y a los hombres para llegar a ser hijos de Dios y partícipes de la gloria; por eso Cristo se anonadó al encarnarse situándose por debajo de los mismos ángeles; tras su ascensión vive coronado de gloria y a la diestra de Dios Padre como Señor tras salvar a los hombres.
Ev.-El matrimonio el ideal del Creador es la unión perpetua del hombre y de la mujer. Si en la historia religiosa de Israel hubo una legislación sobre el divorcio, fue debido a la fragilidad humana.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
la cuestión planteada por los fariseos es la licitud o no del divorcio.Jesús, denuncia la dureza de corazón de los judíos.Y elevándose por encima de las leyes, siempre condicionadas por las situaciones sociológicas determinadas, proclama el plan original desde el principio y lo que debe ser el fin del matrimonio.
La respuesta de Jesús se concreta luego a los discípulos ("en casa", una expresión que alude a la comunidad cristiana).Porque también la Iglesia, hasta nuestros días, se ha visto obligada a hacer concesiones sin renunciar nunca al ideal del matrimonio que proclama Jesús para todos los creyentes; por ejemplo, al admitir la separación conyugal sin nuevo matrimonio.
Lo unido por Dios fracasa por el empecinamiento humano. La persona que se casa buscando en la otra persona un «tú» que sea la prolongación del propio «yo», lo que está haciendo es fabricar egoísmo. No busca la felicidad del «otro» sino su propia felicidad. El proyecto del amor cristiano es un noble campeonato de generosidades y renuncias personales. (Delicadezas, perdón y gratitud, repujan la filigrana del amor esponsal dice el Papa Francisco) Porque sólo desprendiéndose de los propios caprichos y complacencias en beneficio del «otro», con generosidad, se madura en el amor. Como narra el poema de Tagore. Iba pidiendo limosna el mendigo de puerta en puerta cuando vio acercarse la carroza real. «Buena ocasión -pensó- para llenar mis alforjas». Pero asombrosamente fue el rey quien le pidió limosna a él. El entonces, con cautela, le entregó un granito de trigo. Para no quedarse en la miseria. Cuando llegó a su casa y vació sus alforjas vio que, en el lugar del grano de trigo, había aparecido un grano de oro. Así es el amor, lo que restamos al propio egoísmo y lo ofrecemos a la persona amada, se convierten en «oro». Oro de alegría, de paz, de satisfacción. La satisfacción de saber que uno no está solo y que, siendo los dos tan distintos, han aprendido a amar las mismas cosas.
Que esta Eucaristía fortalezca el amor que los matrimonios aquí presentes el día de vuestra boda os prometisteis, y a todos nos ayude a progresar en el cumplimiento del único mandamiento que Jesús nos dio.

Domingo, 30. Septiembre 2018 - 11:18 Hora
XXV Domingo TO (Ciclo B)

1ªL.-La vida del justo es la acusación más intolerable de la injusticia del mundo. Denuncia con su solo proceder. El autor sagrado retrata al justo desde el punto de vista de los impíos. Estos le ponen a prueba, para ver si se mantiene; y ponen a prueba a Dios, para ver si se ocupa de él.
2ªL.-El apóstol piensa que el hombre permanece insatisfecho porque no pide a Dios lo que realmente necesita y, por lo tanto, no pide bien: la sabiduría que viene de Dios. Las siete cualidades de la auténtica sabiduría la distinguen como don perfecto de Dios, quienes la han recibido construyen la paz y dan el fruto de la justicia.
Ev.-Los discípulos tenían miedo de preguntar a Jesús, sobre el destino que les profetiza porque vislumbraban que su respuesta iría contra sus ambiciones personales. Muchas veces nuestra ignorancia es culpable, porque eludimos la pregunta sincera y sin recámara.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
En toda sociedad lo nocivo aparece cuando prevalece el espíritu partidista y cada cual busca su propio interés. La división se traduce en enfrentamiento y exclusión. Entonces la competencia hace imposible la cooperación y el bienestar.

En este mundo, dividido y confundido, los cristianos tenemos un mensaje y una tarea: trabajar por la unidad, luchar por erradicar todo cuanto divide y enfrenta a los hombres y a los pueblos, desenmascarar toda ideología que pretendía segregar. Para Jesús los nuestros son todos los que no están expresamente contra nosotros. Por lo que deberíamos alegrarnos cuando se trabaja en favor del bien desde cualquier ámbito o instancia, crece el Reino de Dios, que es justicia y paz. Podemos y debemos sumar nuestros esfuerzos a los de todos los hombres de buena voluntad, aunque no compartan la misma fe o se expresen en modos distintos.
La fe cristiana no es un pretexto para el separatismo sino fuerza de Dios para la unión de esfuerzos en favor de la fraternidad.
Nos reunimos en la eucaristía para celebrar la fe, crecer en conciencia de fraternidad, recobrar aliento y tomar la palabra, y así, volver a nuestra tarea en el mundo con todos los hombres de buena voluntad.

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