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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 30. Marzo 2019 - 19:22 Hora
IV Domingo cuaresma

1L.- El pueblo de Dios, peregrino en el desierto, llega a la tierra prometida. Ahora hay que conquistarla. Josué es el elegido por Dios para llevar a cabo esta tarea. El sustento que les alimentó en su camino, el maná, cesa al procurarse el pueblo liberado su propio sustento.
2L.- Cuanto divide a los hombres y los clasifican ya no tiene fundamento para el que está en Cristo y es una criatura nueva. Este hombre nuevo deja de guiarse por los deseos mundanos; ahora es el Espíritu quien lo guía .
Ev.- Jesus desvela en la parábola del insondable amor del padre pese a la ingratitud de sus hijos: la frialdad del que reclama su herencia y pretende regresar tras su error, como un jornalero; y la dureza indolente del corazón del hijo mayor que se distancia de su padre porque no acepta al hermano. Ninguno entiende al padre, no han descubierto su amor.
PARA LLEVARLO LA VIDA
La enseñanza de Jesús era acogida, con sencillez, por los pecadores y cuantos no eran buenos para la religiosidad oficial, al escuchar sus palabras se conmovian sus corazones y se convertían al evangelio; mientras tanto los fariseos y maestros de Israel, criticaban y rechazaban su mensaje. Pero Jesús no deja de manifestar el amor de Dios y su perdón misericordioso.
Esta parábola del "hijo pródigo" es la respuesta de Jesús a la murmuración de los fariseos (los hijos mayores, los perfectos) y la desvelación de la magnitud del amor divino. Presenta el gran amor que el "padre bondadoso", tiene por sus dos hijos, a los que "sale a buscar". Ambos muy lejos de si mismos y del padre.
El pecado es apartarse de Dios, prefiriéndonos a nosotros y lo que el mundo ofrece. Dios no quiere retener hijos a la fuerza, deja libertad que se vayan y lleguen al límite de su miseria o para que, a pesar de estar cerca, se queden con indolente indiferencia. Y lo hace con la esperanza de que algún día recapaciten y vuelvan. Dios sale permanentemente al encuentro con su gracia. Y cuando se deciden a volver, los acogerá amorosamente, les restablecerá en su dignidad perdida y los colmará de bienes. No pide resarcimiento ni justicia, no acepta que vivan en su casa como un jornalero. Celebrará su regreso como una resurrección: "estaba muerto y ha revivido". Este es Dios, el padre de nuestro Señor Jesucristo.
El comportamiento del hermano mayor, sirve para ayudarnos a reparar en que los hombres, no sabemos perdonar, porque no nos amamos como hermanos. Al igual que tampoco sabemos comportamos como hijos amorosos y agradecidos de Dios, sino sólo como "cumplidores" interesados.
Hay aquí una denuncia del pecado y de los fariseos de todos los tiempos, de los que cumplen a la perfección, pero no han descubierto el amor y de los que amándose sólo a sí mismos se prefieren a Dios.
Tres enseñanzas que agradecer:
- la grandeza del amor paternal de Dios que se muestra siempre dispuesto a la acogida y el perdón.
- el valor del arrepentimiento que nos mueve a desandar el camino que alejó de los hermanos y de Dios.
- el gozo de la gratuidad universal del perdón divino.

Sábado, 23. Marzo 2019 - 16:50 Hora
III Domingo de Cuaresma (ciclo C)

1L.En este pasaje no sólo se revela el nombre de Dios (su definición teológica) sino su manifestación histórica (definición experiencial): Dios «es el que «ha visto», «ha oído», «se ha fijado» en la opresión de su pueblo,el que «baja a librarlo» y «lo lleva a una tierra fértil»; no es un ser lejano en los cielos sino el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, el Dios del hombres. Esta revelación supuso para Moisés el inicio de su vocación, y habrá de descalzarse (desinstalarse) escuchar la palabra y pasar por el fuego purificador del encuentro. El pastor será profeta, conducirá a un pueblo.
2L.Pablo nos recuerda que los hechos ocurridos en el A.T. sucedieron y fueron escritos para nuestra enseñanza y corrección. Son figuras que representan lo que después puede ocurrir. Nos advierten de lo que nos puede ocurrir a nosotros.
Ev. Jesús afirma que las desgracias no son castigos divinos pero si pueden ser presagio de una vida mal aprovechada.

PARA LLEVARLO ALA VIDA
El pueblo elegido fue conducido pedagógicamente por Dios, a través del desierto, hacia su liberación. Pero la mayoria de ellos sólo pensaron en comer, beber y divertirse.... Igual ocurrió en tiempo de Cristo: Dios se hace hombre para salvar a Israel y, salvo unos pocos, sus contemporáneos no quisieron advertir que había llegado. La historia de la ceguera del pueblo elegido se repitió igual que en el desierto. Por lo que queda claro que cualquiera que haya sido elegido puede ser rechazado si no vive de la fe; y así las Lecturas de hoy nos hablan de la infidelidad y de la reprobación del pueblo. Es un toque de atención a nuestra condición de cristianos, porque en la celebración litúrgica, recibimos la visita del Señor. Pero muchos de nosotros lo menospreciamos o rechazamos. Dos maneras:
1. Quienes endurecen el oído y el corazón como en el desierto (los que se cansan de oír la palabra de Cristo).
2. Quienes se entretienen con el Señor, sin tomarlo en serio; sin cambiar la vida, ajustándola a su enseñanza.
Jesús quiere hacernos ver en los crímenes de la historia y en las catástrofes naturales síntomas de un mal profundo, que es el pecado del mundo, que exige de todos conversión.
Jesus nos hace ver que todos somos solidarios en el pecado del mundo y necesitamos de la salvación de Dios. Si no nos convertimos, todos pereceremos espiritualmente. De la urgencia de esta conversión nos habla la parabola del hombre que tenía una higuera estéril. La conversión es permanente. Nadie puede decir: "Yo ya me he convertido". Por eso, esta parábola es hoy para nosotros una llamada que no podemos desoír: "no endurezcáis vuestro corazón"

En la Eucaristía, recibimos la visita del Señor. Su palabra y su presencia se hacen vivas entre nosotros. De esta manera recibimos fuerzas para sentirnos solidarios con todos los que sufren y a entender el sufrimiento como una llamada a la conversión en el servicio.

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