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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Miércoles, 8. Marzo 2017 - 11:41 Hora
I Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

I Domingo de Cuaresma (Ciclo A)
1ªL.- El símbolo adámico retrata la condición del hombre: Arcilla y aliento de vida, creaturidad y aspiración a infinitud, referencia a la tierra y a Dios. El hombre se hace en la lucha por integrar armónicamente esa bipolaridad tentadora.
2ªL.- Pablo establece un paralelismo entre el pecado de Adán y la obra de Cristo para subrayar que esta es infinitamente mayor, más importante.
Ev. Las tentaciones de Jesús prueban que era hombre con todas sus consecuencias. Pero Jesús no se deja seducir por el diablo, porque su corazón se halla enteramente seducido por Dios. Ahí está el principio de la salvación.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
La tentación irrumpe cuando nuestro egoísmo es estimulado para que convertirse en constitutivo del comportamiento. Y el egoísmo es la tendencia a cerrarse en sí mismo; a convertirse en dios, en el valor fundamental de la propia existencia, cayendo así en la autosuficiencia.
Las tentaciones de Cristo son las del hombre universal: - El deseo de poseer poder y la gloria. - La autosuficiencia e independencia. - Querer manipular a Dios, ser como Él.
La primera tentación es la de querer organizar la vida desde el solo devenir humano, contar únicamente con la dimensión inmanente, prescindiendo de toda referencia a la trascendencia ("no sólo de pan.." .
La segunda tentación es querer ver a Dios como un objeto que utilizar a mi antojo,
La tercera tentación es la del olvido de Dios, la de sustitución por los ídolos de este mundo.
Jesús vence desde la palabra hecha oración. Cuando aconsejaba a sus discípulos: «Velad y orad porque el espíritu está pronto, pero la carne es flaca», sabía bien lo que decía. Oró diciendo incansablemente «Padre» reconociendo su procedencia y dependencia: «Padre, si es posible», rezaba con gritos y con lágrimas. «Padre, no lo que yo quiero», rezaba entre sudores y sangre. «Padre, ¿por qué me has abandonado?» rezaba con con angustia. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», rezaba con desgarro y confianza victoriosa.
Sólo, como Cristo, con la palabra, desde la oración, desde la fe y desde el amor podremos vencer al tentador. Dejemos que el Espíritu de Dios sea el que nos hable y nos mueva. Vigilemos y oremos para no ser engañados y arrastrados por el mal espíritu. No confiemos nunca en nuestra capacidad y nuestra fuerza. Pidamos sinceramente a Dios que no nos deje caer en la tentación y nos libre de todo mal. Hagamos de la oración el respiro del alma y alimentémonos cada día con el pan de la Palabra. Abrámonos a los hermanos y dejémonos aconsejar por ellos. Dejemos que Cristo, que fue tentado y venció en la tentación, viva interiormente en nosotros.
La Cuaresma es una invitación a vivir de la misma manera que Jesús vivía. Invitación a tener como objetivos de nuestra vida el amor a Dios y el amor a los demás; y una invitación a combatir todo aquello que, impide este amor.

Domingo, 19. Febrero 2017 - 10:00 Hora
VII Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- Moises trata de modelar el proceder humano conforme a la santidad de Dios. Si el impío niega al hombre por el odio, el rencor y la venganza. El justo deberá afirmarlo por la corrección fraterna y por el amor. Amor a es lo que encarna en el mundo la santidad de Dios.
2ªL.- Pablo advierte que ningún cristiano ha de poner su confianza en los hombres, aunque sean mensajeros del Evangelio, en perjuicio de la unidad de la comunidad eclesial. Porque todo apóstol está al servicio de la construcción de la Iglesia.
Ev.- Jesús continúa la enumeración de ejemplos concretos, del domingo pasado, para explicar el autentico significado de la Ley de Moisés.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Lo que Jesús dice no es humanamente razonable. La lógica de nuestra justicia es el resarcimiento: el que la hace, la paga. Así hemos llegado a justificar la guerra y carrera de armamentos. Y con esa lógica hemos organizado una sociedad competitiva y reivindicativa, enfrentada desde las exigencias radicalizadas de nuestros derechos… discordia y división. Si queremos salir de esta situación, hemos de dejar esta prudente manera de actuar, y hacer nuestra la lógica del evangelio: Amar al enemigo es entrar en la prudencia cristiana.
Jesús opone a la ley del talión el mandamiento del amor. Sus discípulos no deben responder con mal a los que les hacen mal. Su lenguaje es exigente. Refiere al comportamiento individual y a la actitud del corazón, no los tribunales. No cuestiona la necesidad de defender el propio derecho, pero afirma que nunca ha de hacerse movido por la venganza o egoísmo. No se domina el mal cuando se le responde con la misma dureza.
El mal recibido queda siempre en el fondo, exterior a nosotros..., pero cuando lo hace uno mismo, al devolverlo, el mal consigue una victoria: entra en nosotros.
Jesús abre otro camino a la humanidad: vencer el mal con el bien, responder al odio con el amor. El mal sólo puede superarse con el bien. Olvidar esto es caer en el círculo vicioso de la violencia.
Hacer el bien al que nos hace mal, es no consentir con la injusticia del enemigo, es desarmarlo, rescatarlo de su injusticia, integrarlo en la espiral del amor, sin odio, sin recurrir a la fuerza. Pero sin contemporizar con su violencia y con su injusticia, sin abandonarlo a su suerte, sin desesperar en su capacidad para cambiar y volver al amor.
El verdadero amor sólo se muestra en la gratuidad, que no busca correspondencia. Esto es la verdadera perfección. En esto se manifiesta la bondad de Dios. Los discípulos de Jesús que deben dar señales de la nueva vida y del reino futuro, no pueden contentarse con la ley; sabiendo que sólo serán auténticamente hijos del Padre imitando su bondad, de la que la generosidad y esplendidez.

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