Miguel P. León Padilla
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
Sábado, 22. Agosto 2026 - 21:59 Hora
XXI Domingo TO(ciclo A)
1L.- La caída de un mayordomo real y la subida de otro da pie al profeta para hablar de Dios presente en la guía de la historia. Los títulos y símbolos del poder son sorprendidos en su clave mesiánica: anuncian reino de justicia y pueblo de Dios.
2L.-En la historia de la salvación Dios es el que tiene la iniciativa y el señor de los acontecimientos, hasta conseguir lo que se propone. Todo el universo se mueve según el designio y la divina misericordia. Así que es preciso dar a Dios todo el honor y toda la gloria por los siglos de los siglos.
Evangelio.- Cristo interpela a los suyos, ¿Quién decís que soy yo?, nos pregunta a los cristianos el Señor cuando nos reunimos en comunidad. Para responder a esta pregunta básica no basta celebrar la Eucaristía. Es necesario manifestar la fe con un testimonio de caridad en medio de la vida.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Jesús se retira con los "doce" a la región de Cesárea de Felipe. El Maestro quiere iniciar a sus discípulos en el misterio de su persona. Para introducir el tema, comienza preguntando qué han oído ellos sobre su persona y su misión, de la gente.
Y cada uno dice lo que ha oído al respecto. Según sus respuestas, hay que pensar que la gente se había formado un concepto elevado de Jesús: pero no había reconocido en su persona al Mesías prometido, al parecer por no ajustarse a los prejuicios mesiánicos populares. El no hace ningún comentario, lo que le interesa es saber si le han comprendido sus discípulos y qué piensan de él.
Todos han respondido a la primera pregunta según lo que han oído a la gente; pero a la segunda responde únicamente Pedro. Nadie puede penetrar en el misterio de la persona de Jesús sin la ayuda del Padre.
Adviértase que Mateo sigue ordinariamente el esquema del evangelio según El conocimiento que Pedro tenía de Jesús no supers la opinión de la gente si tenemos en cuenta su comportamiento en la escena inmediata. Pedro confesaría entonces que Jesús era el Mesías; pero su idea de Mesías estaba viciada por los prejuicios de sus contemporáneos.
La bienaventuranza que pronuncia en favor de Pedro enlaza con la confesión de que es "el Hijo de Dios vivo".
Jesús conoce la misión que va a encomendarle a Simón; por eso le da también el nombre apropiado. Se llamará Pedro, es decir, "roca". Elige a Pedro como fundamento de su iglesia. Quiere construir algo nuevo desde el fundamento; la iglesia que edifica es suya, no de Pedro y de sus sucesores.
Las "puertas del infierno" o "poder del infierno" son, para los judíos, el poder de la muerte, que retiene sin vida a los difuntos. Es el poder de la destrucción. Jesús promete que su iglesia sobrevivirá. Poseer "las llaves" en sentido bíblico significa tener autoridad suprema en la casa, dentro de la Iglesia. "Atar y desatar" se refiere a la potestad de interpretar auténticamente una ley o una doctrina; pero, sobre todo, a la de expulsar y admitir en la comunidad eclesial. Todo ese poder debe ejercerse con un espíritu de servicio, sin olvidar que la iglesia es de Cristo, y que el fundamento es el Señor.
Domingo, 9. Agosto 2026 - 16:02 Hora
XIX Domingo del TO (ciclo A)
1L.- Elías abandona el pueblo que mata a los profetas y peregrina al monte santo, donde Dios se manifestó a Moisés. Es un gesto de denuncia y de vuelta a la fuente. Dios no se le revela en conmociones de la naturaleza, sino en un susurro. Es una nueva faz de Dios no está en los deslumbrantes signos teofánicos, sino en el silencio. Tampoco estaba en la impaciencia del profeta. Este retorna a su pueblo con la experiencia de que el poder de Dios es respetuoso y pacífico.
2L.- Pablo se pregunta ¿Por qué el pueblo de Israel se muestra rebelde a la fe y se constituye en perseguidor del Evangelio? La lectura de hoy refleja el dolor que siente por su propia nación y su sorpresa ante la consideración de tantos privilegios concedidos inútilmente al pueblo elegido. Pablo desea ser anatema si eso puede ayudar al pueblo a desarrollar sus múltiples privilegios.
Evangelio.- La aparición de Jesús caminado sobre las aguas, el asombro y la suplica de Pedro.
PARA LLEVAR A LA VIDA
No hay que confundir lo sobrenatural con lo «fantástico». El relato evangélico elude todo aspecto mítico y narra con extrema sencillez lo que no deja de ser extraordinario. El texto invita a reflexionar sobre la postura del que quiere acercarse a Jesús. La fe en él pasará por la superación y asimilación de la duda. La fuerza del viento y el peligro de la vida son temas para describir la situación de dificultad que presupone el reino de Dios y el esfuerzo necesario para superar la actitud de duda. Pero la idea dominante no es el peligro en el que se encuentran los discípulos, ni su inquietud. En el relato la persona de Cristo, hace descubrir a los discípulos, en medio del esfuerzo y la duda, su autoridad soberana y su voz apaciguadora. El progresivo acercamiento a la realidad que es Jesús supone un continuo estar a la escucha de la Palabra en una actitud fuerte de superación.
El diálogo de Pedro con Jesús lo presentar como un prototipo de discípulo por su amor al maestro y por la insuficiencia de su fe. No es un líder que haya captado mejor que otros su relación con Jesús, sino que se hace prototipo de la situación en que se encuentra "todo" discípulo. La duda parece ser un integrante continuo y siempre presente en los que quieren vivir su fe día tras día.
Pedro es la figura del que confunde el entusiasmo un tanto presuntuoso con la fe, y no se da cuenta que debe su salvación más a un gesto salvador de Jesús, como lo hace observar el mismo Maestro. Si la fe conlleva una gran carga de duda, también contiene la promesa del apoyo de Jesús a todo el que cree. Dios no solamente rehabilita al hombre por la muerte de Jesús, sino que también lo salva, es decir, lo acompaña en su caminar diario.
La confesión de Pedro encierra la confianza fundamental que el creyente y toda la Iglesia, pone en la persona de Jesús.
Dios no es un viento huracanado, un terremoto o un fuego: es un susurro. Y Cristo es reconocido Hijo de Dios cuando la tempestad se calma. En la reunión eucarística podemos afirmar la presencia del Dios de Jesucristo, iluminados por el Espíritu, cuando reconocemos los signos de Cristo.
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