Usted está aquí: Inicio

Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 3. Febrero 2018 - 16:10 Hora
V Domingo TO (Ciclo B)

1ªL.- Hoy el libro de Job nos pone frente a un hombre sumido en un gran sufrimiento. Job no ve más que la sombra de la condición humana universal: un servicio militar, un trabajo de jornalero, esclavitud sin horizonte.Compara la existencia con la vida de un mercenario (aquel que vende su lucha, que libra causas que no son suyas y se fatiga por empresas que no ama). La vida entera es corta y frágil, tendida noche sin verdadero amanecer. Tomar conciencia de la propia condición es ya un saludable punto de partida en el que Dios hace crecer la esperanza
2ªL.- En la comunidad de Corinto existian fracciones que critican y cuestionaban la autoridad de Pablo. El responde haciendo una defensa radical de su misión y declara su absoluta libertad frente a toda manipulación o poder humano. San Pablo vive tan profundamente el misterio de Cristo que no puede callarlo. El dedicarse a predicarlo es el propio premio. El cristiano, convencido del valor del don recibido, siente el impulso de comunicarlo a los otros, darlo a conocer a otros, hacerlos participantes de él.

Ev.- El domingo pasado, veíamos a Jesús sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Simón y Andrés a la casa de Pedro. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro: quiere entrar en la vida de las personas, ser uno más iluminando su cotidianidad. Jesús con un gesto tan simple como es el acercarse, y tomar de la mano hace el milagro que no sólo recupera su salud sino su capacidad de servicio.
Al atardecer Jesús continuó sanando. Era común en la época que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que nadie se atrevía a acercarse a ellos, tocarles. Jesús, al contrario, se entrega se hace su servidor.
La praxis de curación, la lucha contra el mal, la liberación del ser humano es práctica habitual de Jesús. Dar la vida, ir devolviendo la paz, la salud, la felicidad... a los que la han perdido.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Ser cristiano es, luchar contra el mal, no quedarse de brazos cruzados ante la miseria que hoy padecemos. Anunciar hoy el Reino exige construirlo. Nuestra evangelización, como la de Jesús, no puede limitarse a palabras sino que ha de luchar contra el mal, sanar, rehabilitar a los hermanos, ponernos a su servicio, acompañar y dignificar la vida que es manifestación de la mano creadora de Dios.
El testimonio de Jesús, su lucha contra el mal y su entrega, representa para nosotros un reto. El mal personal y social, sigue haciendo su mella. Es necesario hacer el bien y luchar contra el mal para devolver la salud, la paz, el bienestar, a todos aquellos poseídos por “los demonios” que azotan nuestra humanidad. ¡Ay de nosotros si somos indiferentes ante el dolor humano! ¡Ay de nosotros si pensamos egoístamente en nuestro propio bienestar y no más! ¡Ay de nosotros si no prodigamos el amor de Dios con nuestro humilde servicio.

Sábado, 27. Enero 2018 - 12:12 Hora
IV Domingo del TO (Ciclo B)

1ºL.- Dios se deja sentir cerca de la palabra y por el mediador que es el profeta. Este mitiga la luminosidad del infinito, al traducir su presencia en lengua humana. El profeta no posee la palabra, sino que la palabra lo posee.
2ªL.- Pablo reconoce que los célibes tienen una ventaja respecto a los casados. Mientras éstos se complican la vida y están atados a su cónyuge y andan divididos entre muchas preocupaciones, se puede suponer que los célibes están más disponibles para ocuparse exclusivamente de los asuntos del Señor.
El evangelio de hoy, subraya el impacto que producía en la gente la persona y enseñanza de Jesús: "¿Qué es esto? ¿qué significa este nuevo modo de hablar?"
PARA LLEVARLO A LA VIDA
El asombro es el principio de la fe y de la increencia, pero nunca de la indiferencia. Por eso, cuando se escucha el evangelio de Jesús como quien oye llover o como si no fuera ya una buena noticia, se pueden tener creencias pero nunca una fe viva. De ahí que un cristianismo convencional sea un producto de una generación que ha perdido la capacidad de asombrarse ante el evangelio.
En este mundo desencantado y aburrido en el que nada ni nadie consigue llamar nuestra atención, saturado de conocimientos y se marginan las preguntas por el sentido de la vida, se comprende que el evangelio pase desapercibido. La gente ya no conecta con el evangelio, no se asombra ante su mensaje.
Pero hay otras causas muchos obispos y sacerdotes enseñan como letrados y rabinos y no como Jesús; con largas homilías que comentan doctamente las Escrituras, repitiendo lo que han aprendido en los libros, citando eruditos teólogos, administrando verdades y creencias adquiridas. Su magisterio no está acompañado por la credibilidad de sus obras, por la espiritualidad de su vida, por la ascesis hecha caridad… Por eso no asombraban a nadie.
Hablar con autoridad no es hablar autoritariamente, sentando cátedra sino acreditando su palabra con el testimonio. El cardenal Karl Lehmann dice que algunos obispos tienen "un problemático y teológicamente exagerado" concepto de su función; roza a veces con la prepotencia. Esta actitud puede degenerar en episcopalismo.
Pero este riesgo no sólo afecta a los clérigos, todos los bautizados hemos de proclamar el evangelio ¿Cómo enseñamos nosotros el evangelio? ¿Intentamos hacerlo con la misma coherencia de vida que Jesús? Pregunta que hemos hacernos frecuentemente, pues nuestra misión como cristianos es manifestar al mundo, con palabras y obras.
Hemos de escuchar antes de hablar, cuidar mucho de no decir en nombre de Dios lo que no es Palabra suya. Hemos de evitar hablar en nombre de intereses ocultos, de grupos de poder o de los señores de este mundo, debemos practicar lo que enseñamos.
Para que el evangelio sea noticia, hemos de hacerlo vida de nuestras vidas.

Nueva contribución  Vieja contribución

Iniciar sesión