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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Miércoles, 8. Septiembre 2021 - 19:30 Hora
XXIV Domingo TO (ciclo B)

1L.-El siervo del Señor personifica el fracaso aparente: ator mentado, despreciado y tenido por réprobo. Pero revela que en el fracaso puede haber sentido. El lo encuentra, al estar en cada momento a la escucha. Dios se le manifiesta presente en el dolor como el salvador. Por eso lo acepta con firmeza y esperanza.
2L.- El apóstol expone la relación entre fe y obras. Entre los lectores de la carta había cristianos que se contentaban con una fe teórica, que confesaban la fe con la boca, pero no actuaban de acuerdo con ella en la vida práctica. A éstos les indica que la fe manifiesta su efectividad en las obras de cada día.
Ev.- Jesús quiere saber hasta qué punto la fe de su discípulos va más allá de la opinión que tiene la gente de su persona
PARA LLEVAR A LA VIDA
Del sondeo que hace Jesús a sus discípulos se deduce que el pueblo tenía diversas opiniones sobre su persona. Tras siglos de dominación extranjera, Israel había puesto todas sus esperanzas en el Mesías anunciado por los profetas, con el deseo de que les librara de la dominación extranjera. No pensaban en un Salvador que liberas de la esclavitud del pecado y de la muerte. Y mucho menos esperaban que ese Mesías cumpliera su misión padeciendo y muriendo en una cruz. Por ello es comprensible que no le reconocieran como Mesías, ya que su proceder y enseñanza no encajaban en sus aspiraciones nacionalistas.
Pedro, al confesar decididamente que Jesús es el Mesías, se eleva por encima de la opinión general de la gente; pero su fe aún es imperfecta. El camino que Jesús como mesías no era entendido por Pedro.
Jesús, había sufrir, porque éste era el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades, porque éste es el destino de los que proclaman la verdad. Debía ir voluntariamente a la muerte, porque el sacrificio de sí mismo libremente aceptado era el único medio para salvar al mundo. Y Pedro no puede desviar a Jesús del cumplimiento de su misión. Al revés el va a exigir a sus discípulos que lo sigan.
Sólo quién carga con la cruz y se niega a sí mismo, puede ser su discípulo. "Cargar con la cruz" significa renunciar voluntariamente al deseo de preservar la vida, la fama y la riqueza cuando todo esto no es posible sin incumplir la voluntad de Dios. La entrega de la propia vida, es una exigencia del evangelio (y cuando a uno le llega la muerte), es el único modo de entrar en la vida eterna

Miércoles, 1. Septiembre 2021 - 23:31 Hora
XXIII Domingo TO (ciclo B)

1L.-El profeta llama a una nueva confianza en Dios: la victoria sobre los enemigos está conseguida y con ella llega la liberación de Israel. El que redime viene como "salvador" que sana todas las debilidades del cuerpo.
2L.- El apóstol señala la diferencia que existe entre el comportamiento de Dios y el del mundo. Dios ha elegido a los pobres del mundo y los ha hecho herederos del reino ellos son ricos en la fe. No somos nosotros los que honramos a los pobres al sentarlos en un lugar preferente, sino que son ellos los que honran con su presencia nuestras asambleas litúrgicas.
Ev.-La curación del sordomudo. Jesús se hace entender
por el sordomudo, primero con gestos visibles, para disponerlo a la fe, después pronuncia la palabra eficaz, la enseñanza de Jesús escuchada por el sordomudo.
PARA LLEVAR ALA VIDA
Jesús realiza unos gestos simbólicos necesarios para comunicarse con el sordomudo.
Elevar los ojos al cielo es la expresión de una oración en silencio, de una súplica
El evangelista ha conservado en arameo la palabra de Jesús al sordomudo "effetá", para que se abra y se disponga a recibir el evangelio. Es una apelación de quien ve y escucha. El milagro de Jesús se hace entender primero con gestos visibles por el sordomudo y así lo dispone para la fe, después pronuncia la palabra eficaz.
La curación supone para el sordomudo un nacer de nuevo al mundo de las relaciones humanas. Ha sido abierto por la palabra de Dios y quien se cierra en sí no ha oído la palabra del reino. Es imposible hablar si no se puede escuchar, y esto vale también particularmente para la evangelización. Sólo quien escucha atenta y orantemente, puede después proclamar y confesar coherentemente el evangelio.
La sordera hacia las interpelaciones del Espíritu Santo señalando los retos de nuestro mundo, no sólo se debe a nuestras limitaciones o perezas, sino a nuestra sordera hacia su palabra. Pidamos a Dios que abra nuestros oídos y nuestros labios, para que no dejemos de anunciar dignamente la buena noticia del reino.

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