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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 16. Junio 2024 - 08:55 Hora
XI Domingo del TO (ciclo B)

1L.- El profeta con la alegoría de un cedro que muere y renace alude al hundimiento de la nación y al renacer mesiánico. Anuncia a Dios presente en todo ello. Una ramita tierna -el esperado descendiente de David- será el cedro noble, que ofrezca universal refugio y abrigo. El profeta habla del reinó de Dios.
2 L. - El cristiano es el hombre de la esperanza. Esperanza que tiene depositada en Jesucristo, que ya ha inaugurado la vida nueva con su resurrección y nos garantiza si le seguimos fielmente coma discípulos.
Evangelio.- Cristo predica el reino con parábolas al alcance de las gentes humildes y las explica a sus discípulos. El Reino de Dios ha de ser sembrado por manos humanas y quienes lo siembran desconocen el misterioso vigor que manejan sus manos.
PARA LLEVAR A LA VIDA
La semilla una vez sembrada, crece misteriosamente hasta dar fruto, sin que el sembrador intervenga. Porta en sí una fuerza vigorosa que no depende del sembrador. Igual acontece con el reino de Dios, que nadie puede detener y llegará a su plenitud cuando sea la hora.
El crecimiento del reino de Dios es un misterio que sólo Dios conoce, él es el que le da el incremento. La Iglesia está al servicio de la plena manifestación y el establecimiento definitivo del reino.
En la segunda parábola expresa la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el arbusto). Así ocurre con el reino de Dios: insignificante en sus inicios, y que llegará poco a poco a hacerse capaz de dar cobijo a multitud de hombres y mujeres hasta que llegue el "día del Señor", cuando vuelva con "poder y majestad", y se manifieste en toda su dimensión. Pero tenemos que colaborar en su desarrollo, siendo una tierra que produzca el máximo posible.
Hemos de preguntarnos ¿Tenemos conciencia de ser como una semilla que debe desarrollarse y dar fruto? ¿Somos conscientes de que todo desarrollo es lento y laborioso? ¿Estamos empeñados en nuestro crecimiento y desarrollo personal?

Sábado, 8. Junio 2024 - 05:18 Hora
X Domingo TO

1 L.-El símbolo adánico retrata al hombre universal. El Dios que iba a ser conquistado reaparece como el tú infinito, que con su presencia denuncia el fallo prometeico. La excusa y la acusación reversiva no ahuyentan la culpa. El hombre tiene pronosticada una existencia de lucha con el mal. Pero está iluminada por la seguridad de la victoria.
2L.-La confianza que tiene Pablo en el poder de Dios, que resucitó a Cristo, y la esperanza en que este mismo poder se manifieste abundantemente en la gloria eterna de los creyentes, le hacen considerar en poco las tribulaciones de hoy, que bien pueden soportarse con paciencia.
Evangelio.- Cristo exorciza al endemoniado y alecciona sobre el pecado contra el Espíritu santo. Un pecado que se presenta con nombre de virtud. Este pecado no tiene perdón precisamente porque el pecador se cierra en banda al arrepentimiento, al trastocar los nombres de las cosas.
PARA LLEVAR A LA VIDA
La escena recoge el intento de disuasión de los familiares de Jesús para que cese en sus enseñanzas mal acogidas por los fariseos, la gente más espiritual, religiosa y sensata. Es decir el celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los suyos, los de su casa.
Las palabras de Jesús declaran que no es la consanguinidad lo que importa, sino la coherencia de la vida de fe.
Aquella presión de la familia fue usada con malicia por escribas y fariseos, con la intención de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. Como no pueden negar el poder de Jesús, lo retuercen con una interpretación malévola: "Jesús es aliado de Satanás". Y esa malicia indigna a Cristo.
Los rabinos judíos distinguían entre pecados perdonables y pecados sin perdon. Entre estos últimos se contaba el "hablar insolentemente contra la ley", por ser una blasfemia contra el Espíritu que la inspiró. Se trata de un género de pecados cometidos con la mentira, que atentan contra la verdad más evidente. Por eso son imperdonables, porque es imposible que el que odia la verdad quiera reconocerla, por muy clara que se evidencie, y por ello es incapaz de convertirse. Aquel fue el caso de esos escribas que contradicen y tergiversan la verdad, negándose a reconocerla en Jesús, en quien habita el Espíritu de Dios.
Este evangelio encierra una severa advertencia para nosotros: podemos ser pecadores y Dios nos perdonará. Pero siempre que no ofendamos al Espíritu Santo llamando obra del diablo lo que es obra de Dios. Hemos de ser muy honestos para no caer en la tentación de demonizar el bien, lo obre quien lo obre, y reconocer la acción del Espíritu aún en aquellos que están en las antípodas de nuestra ideología o interés. Examínese cada cual en esto.

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