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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 9. Septiembre 2017 - 10:08 Hora
XXIII Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- En el diálogo con Dios, aprende el verdadero profeta cuál es su misión y la expresarla con la imagen del vigía, atento sobre las murallas al peligro que acecha a la ciudad. Su propia salvación está en ser fiel mensajero del Dios que busca salvar. Con el impulso de la llamada, cada uno debe tomar el camino de la vida por sí mismo.
2ªL.- Todos los preceptos y leyes que definen nuestras obligaciones para con el prójimo se "recapitulan" en el mandamiento supremo: "Amarás al prójimo como a ti mismo".
Ev.- Jesús, al fundar la comunidad eclesial, la dota de un estatuto sobre la admisión o exclusión de sus miembros: primero hay que dialogar con el individuo, después hay que buscar algunos consejeros, finalmente hay que tratar el caso a nivel de comunidad.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús enseña el tema del cuidado por la salvación del prójimo. La corrección fraterna está al servicio de ese cuidado. Esta debe tener lugar primero en la intimidad, entre dos personas, con tacto y amorosamente. Si el pecador se arrepiente, habrás salvado a un hermano para la vida eterna.
Si desatiende habrá que invitarle a examinar su conducta con dos o tres testigos. En el presente caso, el testimonio debe convencer al culpable de la necesidad de hacer penitencia. El proceso sigue siendo todavía secreto. Como ultimo recurso habrá que hacerlo publico.
Nosotros solemos practicar sólo el último paso y mal. Es más hemos reducido las obligaciones del amor fraterno a hacer el bien, entregarnos a construir una sociedad más justa, a perdonar y reconciliar... Pero, de lo que el hermano haga en su vida privada o pública ya no nos sentimos responsables. Y la Palabra de Dios nos interpela para que si nuestro hermano peca, no dejemos de hacer el bien. Nos dice que no basta con estar en una actitud benévola hacia nuestro hermano. El amor cristiano va más allá.
Es preciso llegar a sentirse corresponsable de sus éxitos o sus fracasos, su crecimiento o su pecado. Sus pecados no son "cosa suya", sino también nuestra. Precisamente porque se le ama debemos sentir sus pecados como un gran fracaso, no sólo suyo, sino también nuestro. Porque le amamos hay que tratar de evitarle esa gran desgracia que es el estar oprimido por el pecado.
La última instancia es la "iglesia", tiene poder para expulsar a uno de sus miembros (cf. 1 Cor 5, 1-5) y para admitirlo cuando se convierta de corazón. "Atar y desatar" tiene el sentido de expulsar y admitir de nuevo en la comunidad eclesial. Según este texto, Jesús confiere tal poder a la comunidad de sus discípulos.
La comunidad es siempre comunión en el Señor, y comienza donde dos se reúnen en su nombre. La presencia de Jesús en la comunidad hace que la oración eclesial sea escuchada por el Padre. Por tanto, la misma presencia que confiere ese valor especial a la oración es también la que da a la comunidad el poder de "atar y desatar".

Sábado, 2. Septiembre 2017 - 11:00 Hora
XXII Domingo TO (Ciclo A)

XXII Domingo TO (Ciclo A)
1ªL.- Las «confesiones» del profeta ponen al descubierto que su vida es un diario luchar con su misión y con la fuerza irresistible de una palabra que atormenta y que da vida. Parece que su implacable signo fuera destruir, y que su persona fuera la víctima primera. Pero desde la fe descubre que en eso mismo se asienta la construcción del pueblo y del profeta.
2ªL.- La vida del cristiano debe ser, toda ella, una ofrenda permanente a Dios. Lo que supone que no puede adecuarse a la lógica de «este mundo». Esta capacidad de saber qué es lo que conviene hacer en orden al reino es el don que acompaña a toda vida cristiana.
Ev.- En el desierto Satanás sugiere a Cristo atajos de facilidad, de éxito, de poder. Pedro también intenta hacer replegar a Cristo en deseos triunfalistas, apartándolo de "su" camino. Pedro es roca, piedra, y en esta ocasión puede ser tropiezo.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Hay que saber comprender el lenguaje que emplea el Señor. Desde Dios cada realidad human adquiere un significado distinto. Ante cualquier contrariedad o desgracia -humanamente hablando- hemos que saber mirar con ojos de fe y entrever el significado espiritual profundo en el que se nos manifiesta la voluntad de Dios para nuestra existencia.
El autentico discípulo de Jesús ha de seguirlo en el dolor para poder acompañarle en la gloria. Es el cristiano sigue a Jesús no al revés. Hoy Jesus nos detalla tres condiciones para ser discípulo suyo:
1º.- Negarse a uno mismo: olvidarse de sí. Ello supone renunciar a ser egocéntricos, autónomos y autosuficientes, que nuestros propios planes, a nuestros solos intereses, para ponernos en todo en las manos de Dios con la confianza propia de un hijo.
No olvidemos que el mayor obstáculo para encontrar a Dios no son los demás, ni las circunstancias adversas de la vida… somos nosotros mismos. Es nuestro yo el que nos ata y nos engaña haciéndonos ver cosas que no hay o sentir cosas que no son reales. La fe ayuda a la reeducación del yo.
2º.- Tomar la propia cruz: no se refiere el Señor a las tribulaciones de la vida… Sino a asumir la carga del sacrificio. A la carga que tomamos voluntariamente por servir al Evangelio del Señor.
No se trata de hacer nuestra cruz nosotros mismos sino arrimar el hombro a la que Dios ha preparado, con entusiasmo sin temer su peso, libres de miedos.
3º.- Seguirle: caminar iluminados por las enseñanzas de Jesús, siguiendo sus pasos, imitando sus actitudes; y hacerlo al ritmo que Dios marca en nuestra vida.
Sólo así seremos en verdad y no solo de nombre, cristianos y sólo así, al final ganaremos la Vida.
Preguntémonos:
¿En qué consiste para mi ser cristiano?
¿Me niego frecuentemente a mi mismo? ¿En que y como?
¿Qué cruces hay en mi vida? ¿Cargo animosamente con ellas?
¿De veras me esfuerzo por seguir a Jesús? ¿Avanzo o por el contrario desisto cuando el camino se hace cuesta arriba?

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