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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 18. Mayo 2019 - 08:33 Hora
V Domingo de Pascua (ciclo C)

1L.- Pablo y Bernabé visitan todas las comunidades fundadas. El Apóstol las organiza en torno a la relectura del A.T. como preparación y anuncio de Cristo. Harán las reuniones en torno a la cena del Señor, cada uno participa compartiendo sus propios dones espirituales y materiales. Al frente de ellas pondrán"ancianos" o "presbíteros". En un contexto de corresponsabilidad y de comunión mutua.
2L.-El apóstol describe un mundo nuevo que no supone la destrucción apocalíptica de éste, sino su transformación progresiva. La vida nueva ya está injertada en este mundo viejo. El Reino de Dios ya está dentro de nosotros.
Cuando se llegue a conseguir este ideal, toda la ciudad será sagrada: Dios habitará en medio de su pueblo.
Ev.- Judas sale del cenáculo para consumar la traición. Es la "hora" de Jesús, la de su exaltación en la cruz, es la hora del amor. Entonces se verá quién es el Hijo del Hombre y quién es Dios para los hombres. Se revelará que Jesús es el Señor y que Dios es amor.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
El testamento de Jesús, su legado es el mandamiento nuevo: "Que os améis unos a otros como yo os he amado". Jesús confirmó el mandamiento del amor al prójimo, ya conocido en el AT, pero lo situó a la medida de su amor en la cruz (como yo os he amado" , lo amplió para que cupiera en él, el amor al enemigo y lo destacó como la plenitud y perfección de la Ley divina.
Jesús entiende el mandamiento del amor como un amor entre hermanos. Pide que sus discípulos nos amemos porque él los ha amado y como él nos ha amado, hasta el extremo, hasta perder la vida para ganarla. El amor que Jesús nos deja en herencia ha de ser nuestro distintivo, la señal por la que debemos ser reconocidos como discípulos suyos. El bautismo y la confesión expresión de una misma fe no son por sí solos señal inequívoca de la condición de cristiano si no van acompañados de la praxis de la fraternidad.
Aprendimos en el catecismo que la señal del cristiano es la santa cruz... No! No lo es. Es el amor. Y si hacemos la señal de la cruz para identificarnos, es porque la cruz es el signo del amor verdaderamente cristiano. Dice el Papa que el DNI del cristiano es el amor, un amor concreto que se materializa en entrega y servicio. Un amor que se alimenta de la fe, que crece en confianza, que se expresa en delicadeza y respeto, que ejerce el perdón
"La señal por la que conocerán que sois mis discípulos» Lo que caracteriza al cristiano es el amor como el de Cristo. No se nos reconocerá por los rezos, los ritos y procesiones sino por la vivencia del amor. El ejercicio del amor es nuestra marca viva.
Jesús espera que cada cristiano sea una prolongación de su amor para seguir amando en y desde nosotros. Confia que seamos testimonio de su amor de Cristo a cuantos nos rodean, que cada uno sea para el otro "la mano amiga de Dios"
La señal de la fe en Cristo es el amor. En la Eucaristía, como sacramento de la fe, se nos da Jesús, en ella aprendemos a acoger su amor, a hacerlo nuestro, a difundirlo en la vivencia de la comunión fraternal como fruto de la fe. Amor mutuo, que es anuncio del universo nuevo que se nos ha prometido en el que las relaciones humanas, serán plenificadas. Por eso cuando se nos haga dificil amar hay que mirar a la cruz, abrazarla, no dejarnos de su mano para que su gracia no aliente e impulse.

Domingo, 12. Mayo 2019 - 07:15 Hora
IV domingo de Pascua(ciclo C)

1L.- Pablo y Bernabé, procedentes del «integrismo» judío, se habían abierto a la fe cristiana y estaban dispuestos a superar lo que hasta entonces había sido para ellos venerable e intocable.
2L.- Al final de los tiempos, la multitud representa la visión ampliada de Juan, que contempla en el cielo triunfal celebración. En que una muchedumbre de todas las naciones del mundo se reúne para alabar a Dios. Unidos a los ángeles, a los ancianos y a todo el universo, proclaman su victoria, simbolizada por la túnica blanca y palma en la mano, y obtenida gracias a la "sangre del Cordero", su pastor. Porque se unieron a su pasión, le glorifican ahora. Y gozan de los dones anunciados
Ev.- Jesús, es el buen Pastor, que da no sólo da la vida a cuantos creen en él y le siguen, sino que asegura que nada ni nadie puede apartar de sí a los que son "suyos" y a los que él ama. La vida eterna se recibe ya por la fe. Sabemos que cuantos creemos en Jesús tenemos nuestra vida guardada en las mejores manos: no moriremos para siempre. Porque Jesús y el Padre son uno.

PARA LLEVARLO A LA VIDA
El evangelio destaca que entre Jesús, el Pastor, y nosotros sus discípulos hay una estrecha relación. Jesús llama y nosotros le seguimos porque conocemos su voz.
El no emplea la fuerza, no requiere de un perro guardian para conservar su rebaño, no quiere nada a la fuerza. A la iglesia pertenecemos cuantos deseamos libremente seguir a Jesús. La fe es una opción libre, basada en el conocimiento del Señor y de su amor.
Creer en él libre y amorosamente nos hace partícipes de su vida y nos introduce en Dios. Porque Jesús es uno con el Padre: "Yo y el Padre somos uno". Ese vinculo nos une para formar un solo pueblo.
Jesús nos promete la vida eterna y nos dice que el que la sigue no perecerá para siempre. Pero esta seguridad no es la seguridad al margen de la gran tribulación, pero el apostol Juan, el Vidente del Apocalipsis, anticipa lo que ha de venir, nos anuncia una multitud inmensa que nadie puede contar, con vestiduras blancas y palmas en las manos. Contempla una comunidad gloriosa que ha participado del sufrimiento de Cristo, y que ha lavado sus túnicas en la sangre del Cordero.
Cristo, que nos guía y la seguridad de alcanzar con él las fuentes de la vida, no nos ahorra la dificultad del camino, pero es una gran fuerza para seguir adelante. Nada podrá separarnos del amor que Dios nos tiene .
En Jesús resucitado se nos ha revelado un amor más fuerte que la muerte. Y cuantos se dejan abrazar por ese amor, superan con Jesús todas las dificultades de la vida y resucitan con él. Participan de su resurrección y la muerte no es el paso a la verdadera vida, al Padre.
Desde esta enseñanza de Cristo hemos de crecer en la consciencia de que el Señor vive y está con nosotros donde dos o más nos reunimos en su nombre. Somos suyos, el nos ama y nos protege y un día, nos dará la vida eterna.

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