Miguel P. León Padilla
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
Domingo, 9. Agosto 2026 - 16:02 Hora
XIX Domingo del TO (ciclo A)
1L.- Elías abandona el pueblo que mata a los profetas y peregrina al monte santo, donde Dios se manifestó a Moisés. Es un gesto de denuncia y de vuelta a la fuente. Dios no se le revela en conmociones de la naturaleza, sino en un susurro. Es una nueva faz de Dios no está en los deslumbrantes signos teofánicos, sino en el silencio. Tampoco estaba en la impaciencia del profeta. Este retorna a su pueblo con la experiencia de que el poder de Dios es respetuoso y pacífico.
2L.- Pablo se pregunta ¿Por qué el pueblo de Israel se muestra rebelde a la fe y se constituye en perseguidor del Evangelio? La lectura de hoy refleja el dolor que siente por su propia nación y su sorpresa ante la consideración de tantos privilegios concedidos inútilmente al pueblo elegido. Pablo desea ser anatema si eso puede ayudar al pueblo a desarrollar sus múltiples privilegios.
Evangelio.- La aparición de Jesús caminado sobre las aguas, el asombro y la suplica de Pedro.
PARA LLEVAR A LA VIDA
No hay que confundir lo sobrenatural con lo «fantástico». El relato evangélico elude todo aspecto mítico y narra con extrema sencillez lo que no deja de ser extraordinario. El texto invita a reflexionar sobre la postura del que quiere acercarse a Jesús. La fe en él pasará por la superación y asimilación de la duda. La fuerza del viento y el peligro de la vida son temas para describir la situación de dificultad que presupone el reino de Dios y el esfuerzo necesario para superar la actitud de duda. Pero la idea dominante no es el peligro en el que se encuentran los discípulos, ni su inquietud. En el relato la persona de Cristo, hace descubrir a los discípulos, en medio del esfuerzo y la duda, su autoridad soberana y su voz apaciguadora. El progresivo acercamiento a la realidad que es Jesús supone un continuo estar a la escucha de la Palabra en una actitud fuerte de superación.
El diálogo de Pedro con Jesús lo presentar como un prototipo de discípulo por su amor al maestro y por la insuficiencia de su fe. No es un líder que haya captado mejor que otros su relación con Jesús, sino que se hace prototipo de la situación en que se encuentra "todo" discípulo. La duda parece ser un integrante continuo y siempre presente en los que quieren vivir su fe día tras día.
Pedro es la figura del que confunde el entusiasmo un tanto presuntuoso con la fe, y no se da cuenta que debe su salvación más a un gesto salvador de Jesús, como lo hace observar el mismo Maestro. Si la fe conlleva una gran carga de duda, también contiene la promesa del apoyo de Jesús a todo el que cree. Dios no solamente rehabilita al hombre por la muerte de Jesús, sino que también lo salva, es decir, lo acompaña en su caminar diario.
La confesión de Pedro encierra la confianza fundamental que el creyente y toda la Iglesia, pone en la persona de Jesús.
Dios no es un viento huracanado, un terremoto o un fuego: es un susurro. Y Cristo es reconocido Hijo de Dios cuando la tempestad se calma. En la reunión eucarística podemos afirmar la presencia del Dios de Jesucristo, iluminados por el Espíritu, cuando reconocemos los signos de Cristo.
Sábado, 1. Agosto 2026 - 14:07 Hora
XVIII Domingo TO (ciclo A)
1.- El Señor que sacó de Egipto a Israel y que lo sacará de Babilonia en un segundo éxodo, invita a los desterrados a que reciban con gozo la salvación que se aproxima. Hay agua para los sedientos, y vino, y leche; hay trigo para los hambrientos y para los que no pueden comprarlo. Nadie tiene que pagar nada, todo corre a cuenta del Señor que invita.
La comida y bebida en abundancia es señal de una vida abundante y libre de cualquier necesidad o penuria. Israel esperaba una prosperidad material sin precedentes cuando llegaran los tiempos de la salvación prometida. Pero estaba convencido de alcanzar la salvación si sentía ante todo el hambre y la sed de justicia y de la comunión con Dios.
2.-Pablo expresa la esperanza cristiana, el Dios que ha manifestado su amor en Cristo; el se ha desvivido por todos cuando todos éramos aún enemigos. Este amor es una fuerza victoriosa que nos libera del pecado y de la muerte y de cualquier amenaza. Habla por experiencia y desde la experiencia de una esperanza que se abre camino sin que nada ni nadie pueda detenerla.
Evangelio. La multiplicación de los cinco panes.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Jesús tiene compasión de la gente, no sólo porque ve que anda desorientada con la enseñanza de falsos maestros, sino porque conoce también sus necesidades materiales. Por eso cura a los enfermos y da de comer a los hambrientos.
El milagro de la multiplicación de los panes es una "señal" de la vida que ha venido a traer al mundo. Esta eucaristía campestre fue una comida para saciar el hambre corporal de las muchedumbres que le seguían.
Jesús encarga a los discípulos que no despidan a la gente, sino que ellos mismos le den de comer. Encargo que parece pronunciarse como un mandato. Ellos saben que ese encargo del Señor no pueden cumplimentarlo, sólo Dios puede acallar su auténtica hambre. Toda comida que el hombre puede ofrecer, toda satisfacción que puede encontrar no es otra cosa que aquello "que no llena": "¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta -nos dice el profeta- y el salario, en lo que no da hartura?".
Una vez que Jesús había pronunciado la bendición judía sobre los cinco panes y los dos peces, los entregó a sus discípulos y éstos los repartieron. La gente comió de ellos y quedó satisfecha. Sólo Dios puede dar tal alimento que satisface a todos. Pero este pan que viene del mismo Señor no pueden los hombres cogerlo directamente: el Evangelio nos dice que Jesús lo entregó a sus discípulos y fueron éstos -repitámoslo- quienes lo repartieron. Cuando todos hubieron comido, quedaron todavía doce canastas llenas de pan. Podemos recordar y recalcar que fueron precisamente doce canastas, Pero es un signo de la abundancia, un desbordamiento para todos, los creyentes que conocen de cerca a Jesús y siguen sus pasos para entregarse plenamente como él a todos los hombres.
Jesús da aquí a la Iglesia una importante norma, ha de ofrecer una inspiración según la cual los sistemas económico-políticos pueden ser juzgados éticamente.
La eucaristía es una exigencia de vida cristiana, una aspiración los bienes profundos, una cosecha: la de Cristo que está en todos.
Siempre que la Iglesia se ha planteado con cierta urgencia la solución de los problemas sociales, se ha llamado la atención sobre este milagro de Jesús. Pero es evidente que la Iglesia no puede multiplicar panes y peces. Ahora bien, si renunciara a multiplicar el amor fraterno y a repartir entre los pobres todo lo que tiene, la Iglesia no entendería este evangelio y el auténtico significado de su misión. Tampoco celebraría debidamente la eucaristía.