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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 17. Agosto 2019 - 17:19 Hora
XX Domingo TO (ciclo C)

1L.- Jeremías completó el mensaje de la palabra con su vida. En su existencia amenazada, padece la muerte que anuncia a la nación. La resistencia al mensaje divino repercute en su persona. El profeta está empeñado en una empresa ardua, casi imposible: hacer recapacitar al pueblo para que tome conciencia de pueblo elegido. Es difícil oír la voz de un profeta que clama por la confianza en Dios, cuando el hombre solamente confía en sí mismo.
2L.- con una imágen deportiva,la carrera pedestre de fondo trata san Pablo de estimularnos en la fe. El corredor se viste con ropas lo más ligeras posible ¡Fuera todo lo que sea retraso y lastre, el pecado! La carrera no depende sólo de una buena salida. Es menester tener fondo y concentración en la meta.
Ev.- Jesús desvela su anhelo más profundo. Con la novedad de su evangelio el fuego ya está ardiendo y la división entre los hombres es ya una realidad. Nos llama a relativizar todo, a tener perspectiva de eternidad y sopesar las cosas de la tierra. Este es el fuego que Jesús trae para abrasar y aniquilar mentalidades y prácticas mundanas.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús viene a romper la falsa paz, con la calma del orden establecido, y lo hace desde la actitud que la persona adopte ante el mensaje. Los vínculos que crea la adhesión a su Evangelio son más fuertes que los de sangre. Así, las palabras de Jesús hoy nos sorprenden: no ha venido a unir a la familia humana sino a dividirla. Expresa la radicalidad de su mensaje, la exigencia que encierra su seguimiento y la tensión que necesariamente ha de provocar en la persona, su familia y la sociedad. En el contexto histórico, alude a la familia judía que quedaría dividida irremediablemente a partir de su condena y resurrección; situó al pueblo de Dios ante dos opciones: seguirle o rechazarle.
Pero en una interpretación atemporal, Jesús lo que pretende es poner de relieve la radicalidad la opción por el Reino de Dios, cómo el único absoluto en la vida del creyente. Frente a lo que une a los seres humanos entre sí, los lazos de la sangre y de la raza; que representan un motivo de enfrentamiento con los de fuera. Jesús enseña que si deseamos lograr una unidad universal, han de superarse las relaciones basadas puramente en los lazos de sangre. Hay que entender la propia familia o país con mirada universal, con corazón grande, desde la perspectiva del Reino de Dios.
Ser cristiano es optar por Cristo. No se le puede seguir a medias, sin rechazo o incomprensión del mundo, de la propia familia. El evangelio es un estilo de vida sólo apto para fuertes e intrépidos que no tienen respetos humanos en la vivencia de su fe, que requiere de coherencia en la convivencia cotidiana y arrostrar la persecución. Es falaz soñar conjugar nuestra fe con las imposiciones de este mundo, tratando de satisfacer las exigencias del demonio y de Dios. La paz de Cristo, la única verdadera, está hecha de fuego y de lucha.

Sábado, 10. Agosto 2019 - 15:20 Hora
XIX Domingo TO (ciclo C)

1L.-La liberación de los antepasados en Egipto y el juicio de los opresores es promesa confirmada de la salvación del inocente y prenda que se da a los que esperan. Cuántos en la opresión comparten con los oprimidos que esperaban, cantarán también con ellos el canto de la liberación.
2L.- La epístola va dirigida a comunidades que viven en medio de un mundo hostil. Muchos cristianos empezaban a desfallecer ante las persecuciones. Por eso les exhorta a la perseverancia y a la fidelidad. Y recurre al ejemplo de la fe de Abrahán. La fe, como respuesta a la palabra de Dios que tiene el carácter de promesa, es inseparable de la esperanza.
Ev.- Jesús nos enseña con comparaciones cómo nuestra fe ha ser de despierta y vigilante: la actitud de los siervos que aguardan la vuelta del amo, la del dueño que no sabe cuándo pueden venir los ladrones, la del administrador que debe estar preparado para rendir cuentas de su gestión en cualquier momento.
Jesús nos invita a vivir con esperanza de cielo y de ella ha de nacer la sensatez y responsabilidad en la administración del tiempo.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Aguardamos el fin del mundo (el Universal y el nuestro particular), ese día en que Cristo, en el esplendor de su gloria, inaugurará la nueva vida de los hombres bajo un cielo nuevo y en una tierra nueva.Dios nos invitará al gozo de lo que él es: se pondrá el delantal, nos sentará a la mesa y nos irá sirviendo uno a uno». Sin embargo, por extraordinario que sea este grandioso final que nos aguarda, no se ha convertido en la razón de nuestra vida. No entramos en la dinámica de Jesús: «vivid como hombres que aguardan».

Y ¿Quién de nosotros persigue el reino de Dios por encima de todo? ¿Quién es capaz de decir que su tesoro está en ser fiel a su fe?
Fijemos en el buscador de oro. Sin tregua ni descanso, por encima de los elementos y de los fracasos, vuelve cada día y sigue cavando convencido de que en un golpe de martillo saldrá la chispa brillante que iluminará el resto de su vida. Ahí está su tesoro y ahí está su corazón. Ahí está su fe viva y operante, activa y enérgica.

¿Somos así los cristianos con la búsqueda del Reino de Dios? Tendríamos que atrevernos a preguntar sinceramente como Pedro: Señor, ¿esta parábola la has dicho por todos o por nosotros?
Vigilar es vivir despiertos, en tensión. No con angustia, pero sí con seriedad, dando importancia a lo que la tiene. Como el estudiante que desde el comienzo del curso piensa en el examen final. Como el labrador que siembra y está siempre pensando en recoger buena cosecha. Como el deportista que, desde el primer esfuerzo, sueña con llegar primero a la meta. Hemos de ser protagonistas no sólo de la espera del Reino sino de su construcción. Dios nos ha dado unos talentos que debemos administrar y hacer fructificar.
La Eucaristía es alimento para trabajar por el Reino de Dios con la mirada en el futuro y los pies en el presente «mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo».

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