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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 15. Julio 2018 - 09:28 Hora
XV Domingo TO (Ciclo B)

1ªL.- Amos, profetiza, con peligro de su vida, no por iniciativa personal sino con conciencia de un deber. Dios le envía con una fuerza irresistible para denunciar. Por su mensaje de justicia social y de crítica al culto exterior fue rechazado por el sacerdote de Betel, Amasías, funcionario del santuario. Pero de profetizar no puede sustraerse.
2ªL.- Pablo pone de relieve que el plan de Dios no es destruir esta realidad para sustituirla sino elevarla al vértice de su plenitud: Recapitular todas las cosas en Cristo. Y quiere contar con nosotros en esa tarea divina: los cristianos hemos de sabernos responsables y agentes.
Ev.- Jesús envía a los suyos y lo hace encargándoles una misión que han de cumplir como comunidad (al menos de dos en dos), con autera sobriedad (sólo lo necesario para caminar), con discreción y coherencia (no andar de casa en casa,), y sobre todo con audaz libertad de espíritu ( sacudíos el polvo de los pies). Nada que ver con un discurso complaciente.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús envía a sus discípulos de dos en dos para que anuncien el evangelio por toda Galilea. Los llamó para enviarlos. Y es que en el proceder de Jesús la vocación no puede separarse de la misión, es su consecuencia lógica. No se puede ser discípulo de Jesús sin convertirse en su mensajero.
La misión de los doce no es enseñar (esto es específico de Jesús), sino invitar a la conversión. Una conversión que nos remite a la proclamación programática de Jesús con que inicia su vida pública y que connota urgencia, por la inminencia del reinado de Dios.
Ellos han de transmitir un mensaje que no es suyo y deben ser signo visible de la conversión que proclaman. No necesitan más bagaje que un bastón y unas sandalias, sin las que no se podía caminar por el suelo pedregoso de Palestina. Pero nada mas, para que se vea que la fuerza y credibilidad de su misión, de su mensaje, no estriba en los medios.
La urgencia de dedicación a la proclamación y el de la gravedad que lleva consigo el rechazo del proclamador o de su proclamación han de interpelarnos. La llamada de Dios es irresistible (como Amós); nos empuja a un apostolado que anuncie la Buena Noticia de la salvación. Por querer contar con nosotros (junto con S. Pablo), bendecimos al Padre a través de Cristo: porque nos ha elegido y nos ha predestinado a ser hijos suyos.
Cumplamos nuestra tarea pero sin olvidar que: la proclamación evangélica debe estar acompañada de una praxis liberadora de toda realidad inhumana y no insistir en la aceptación cuando el destinatario es refractario.
Una fe sin el testimonio y la Misa sin la misión no son lo que deben ser, se han desvirtuado. La eucaristía termina siempre con la misión: tomar la Palabra de Dios y proclamarla con la vida antes que con los labios. A ello nos ayude Ntra. Señora, peregrina en la fe, que orienta nuestra travesía.

Domingo, 15. Julio 2018 - 09:24 Hora
Domingo XIV TO (Ciclo B)

La liturgia de la Palabra nos presenta tres actitudes ante las dificultades de la fe:
1ªL.-La primera es la actitud de rebelión, de dureza de corazón ante la voz de Dios que les llega por el profeta Ezequiel. Para los israelitas del siglo VI a. C fue un verdadero drama el ver Jerusalén conquistada por los babilonios,y la deportación de sus habitantes. ¿Dónde está la fidelidad de Yahvéh a sus promesas? ¿Dónde está el brazo poderoso de Yahvéh? Dudan de la fidelidad de Dios que les ha abandonado a su propia suerte en el exilio de Babilonia. Ante esta situación se rebelan y su corazón se endurece para las cosas de Dios.
Ev.-La segunda actitud es la de los habitantes de Nazaret. Ellos no pueden dudar de los signos y prodigios que ha hecho Jesús en los pueblos de su alrededor. Pero no pueden creer que un hombre de su pueblo logre hacer tales cosas. Ellos conocían muy bien a Jesús: su infancia y juventud, sus padres, su oficio, sus parientes; lo habían visto crecer como uno entre tantos... No, no podemos creer lo que nos cuentan de él.
2ªL.-La tercera actitud es la de Pablo, que también experimenta la dificultad en la fe, no se libra del aguijón de la "carne" (¿una enfermedad? ¿la conciencia de su debilidad ante la misión? ¿la soberbia el triunfalismo? ¿el sentir el peso del propio pecado?).¿Por qué Dios no le escucha y le libra de esa espina que le atormenta? Sin embargo llega a dos conclusiones: 1) en la crisis de fe está presente la gracia de Cristo para enfrentarse a ella; 2) En la debilidad, es donde se es más fuerte, con la fuerza de Dios.
PARA LLEVARLO A LA VIDA.
El creer encuentra dificultades en nuestros días parece que se han acentuado pero vemos en la Lecturas de hoy que las nuestras sólo son diferentes; pero no mayores. El pragmatismo y utilitarismo, la confianza ciega en la razón científica, el relativismo, el secularismo dominante, los escándalos de algunos eclesiasticos, el materialismo…
Dice le Evangelio que el Señor «se extrañó de su falta de fe». La extrañeza de Jesús por la actitud de sus paisanos, muestra que él espera respuesta -de cada uno- ante su persona y mensaje, que no le deja indiferente la falta de fe,
¡Cómo habría cambiado la vida de los habitantes de Nazareth si hubiesen manifestado fe en Jesús! También nosotros estamos en circunstancias parecidas Jesús está ahí, experimenta el drama de todos los profetas. Y ese drama continúa. Las obras de Jesús son bien visibles; pero hay ojos que no ven y obstinados que se cierran a todas las palabras.
El drama de la incomprensión se desarrolla también hoy. Se repite aquella situación de Jesús no recibido por los suyos. Pero Las dificultades no son malas, son utiles para fortalecer, si las sabemos afrontar con valentía. ¿Viene una dificultad? Ora y crécete ante ella, te ayudará a madurar tu fe. Tenemos que pedir casa día, como los discípulos: «Señor, aumenta nuestra fe» para para abrirnos a su gracia y dejar obrar al Espíritu santo en nosotros.
Nunca olvides que no eres el único en tener dificultades en la fe; antes que tú la tuvieron y la superaron, son los santos; y otros como tú están luchando por vencerla. Acude a tu ángel defensor, a un sacerdote amigo.

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