Usted está aquí: Inicio

Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Jueves, 11. Marzo 2010 - 18:52 Hora
Domingo IV de Cuaresma (Ciclo C)

Dios concede a Israel entrar en la tierra prometida (1ªL). Pablo recuerda que Dios nos ha reconciliado consigo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación (2ªL). En la parábola evangélica el padre se reconcilia con el hijo perdido (Ev)

Explicación de las Lecturas. Para los israelitas el paso por el desierto, pasar el Jordán, significó dejar atrás un pasado de rebeldía, de quejas, de inseguridad, y renovar con Dios la alianza de fidelidad. En ese itinerario experimentaron la cercanía de Dios y su amor providente, que se manifestó con el maná que les sació, hasta la entrega a la conquista de la tierra prometida. Allí no les dará, como alimento, el maná sino los frutos de la tierra que conquistarán y en la que definitivamente se asentarán.

Pablo recuerda a los cristianos de Corinto, y a nosotros, que Dios reconcilió consigo al mundo en Cristo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y nos hace depositarios de un mensaje de reconciliación. Sólo en Cristo y por Cristo logramos sentir la fuerza salvadora de Dios, que nos quiere reconciliar consigo. Cristo es la última palabra de reconciliación que el Padre dirige al hombre y al mundo. Por eso, quien vive reconciliado con Dios en Cristo, es una nueva creatura.

El Evangelio nos presenta hoy la parábola del Padre misericordioso (la conocida impropiamente del “hijo pródigo”). El centro del relato es el Padre bueno que acoge con amor al hijo menor, abrazándole y besándole, y así logra que él se reconcilie consigo mismo. Pero también es el quien toma la iniciativa de reconciliar al hermano mayor con su hermano menor, echando en olvido el pasado y atendiendo sólo al arrepentimiento del corazón. Los dos hijos de la parábola tienen que romper con sus actitudes y reparar en los límites de sus mutuas relaciones.

Para llevarlo a la vida
. Estamos ya en el domingo Laetare (“Alegraos”), por la inminecia de la Pascua y porque la liturgia de la Palabra nos ofrece una perspectiva de gozo. Dios se ha compadecido de la humanidad extraviada y, en Cristo, nos muestra su misericordia.

Cuando nos alejamos de Él, Dios aguarda pacientemente nuestro regreso. Cada Cuaresma pide un cambio, un salir de nuestras cerrazones a la gracia, de nuestras inercias espirituales, de nuestras rutinas y comodonerías; un ejercicio de confrontación con el Evangelio y lanzarnos a vivir la donación y el amor desinteresados. Cuaresma pide mirar el pasado con arrepentimiento del mal causado y ponerse en camino de encuentro con Dios y el Hermano.

Pero, para reconciliarse sinceramente con Dios y los hermanos, no basta con acudir al sacramento de la reconciliación y recibir el perdón de Dios. Es necesario dar más pasos, aquellos que hacen manifiesto el empeño de salir de sí mismo, de romper con el mal, de abrir nuestro corazón a la gracia y a la necesidad del prójimo. Así pues, lo primero saberse amado y valorado como hijo, después sentirse alentado a corresponder al amor recibido y acabar mirando a los demás -con los ojos del corazón- como hermanos. Que el Amor de Dios Padre sólo con amor se paga.

Lunes, 1. Marzo 2010 - 10:36 Hora
Domingo III de Cuaresma (Ciclo C)

Dios se aparece Moisés como fuego que no se consume y se define a sí mismo: Yo soy el que soy(1ªL). Dios es providente, pone ante nosotros la historia de Israel para que, atentos, mantengamos la esperanza (2ªL). En el evangelio se nos revela que Dios es misericordioso, desea la conversión del pecador, que sabe esperar antes de intervenir con su justicia.

Explicación de las Lecturas. Dios se autodenomina como “el que tiene y da el SER”. Y a Moisés: “Dirás a los israelitas: Yo Soy me envía a vosotros”. Se trata como si Moisés dijese: Me manda a vosotros el Dios en quien podéis tener la confianza y total seguridad de que os va a liberar.

Dios se sirve del fuego para manifestarse a Moisés pero no es un fuego destructor, sino benefactor del hombre. Dios es fuego que no se consume porque es eterno, el fuego de su presencia y de su poder no puede consumirse. Moisés obedece y se pone en marcha hacia Egipto para llevar a cabo, de parte de Dios, la liberación de los israelitas.

Pablo nos recuerda que con Cristo ha llegado la plenitud de los tiempos. Pone ante nuestros ojos la historia de Israel para que estemos atentos y nos mantengamos firmes en la fe y activos en la esperanza. Esa historia es, para nosotros, una invitación fuerte a la conversión.

Jesús, en el evangelio, narra la parábola de la higuera esteril. Su interés por ella es de gran consuelo para el hombre débil, y no pocas veces estéril en sus esfuerzos de conversión. Dios no sólo espera, además actúa en la conciencia humana para que se convierta y dé frutos.

Jesús en el evangelio nos advierte que Dios no ama el castigo sino el arrepentimiento y la conversión. Y Jesús explica que los galileos asesinados en el templo y los 18 jerosolimitanos muertos al desplomarse la torre de Siloé, no murieron porque Dios los castigó. Si no os convertís, pereceréis... pero no por castigo de divino sino por consecuencia de nuestra esterilidad.

Para llevarlo a la vida.Jesús realiza hoy una interpelación fuerte a la penitencia y a la conversión, a cambiar de vida.

“Convertirse” es cambiar de forma de pensar y de actuar. La predicación de Jesús se inicia con una invitación expresa: «Convertíos y creed en el Evangelio». Hoy Jesús nos dice: —Si no cambiáis de vida, «todos pereceréis del mismo modo».

No endulza Jesús la advertencia. Y no está hablando de la muerte biológica, a la que tanto tememos; sino de la muerte segunda: la del alma (a la que tan poco respeto tenemos y tan despreocupados de ella vivimos). Nadie queda excluido de esa llamada. Pero conforta saber que el “viñador”, Jesús, pide al dueño de la viña, su Padre, que espere. Y entretanto, él hará todo lo posible para que la viña dé fruto: que ¡cambiemos de vida! Dios es misericordioso, sabe esperar... a que cambie nuestro modo de vivir y de pensar. Cada Cuaresma es una nueva oportunidad, una nueva oferta de VIDA.

Vieja contribución

Iniciar sesión