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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Lunes, 5. Enero 2026 - 20:40 Hora
Solemnidad de la Epifanía

1L.-El advenimiento de Yavé convierte a Jerusalén en un foco de luz para todo el mundo, en un faro que orienta todos los caminos. Los pueblos que yacían en las tinieblas de la muerte iglesia se levantan y emprenden la marcha bajo la nueva luz.
2L.-Pablo escribe consciente de que la gracia que ha recibido y su misión están al servicio de la evangelización de los gentiles.
Evangelio.- Los magos evidencian que el niño que ha nacido en Belén no es sólo el rey de los judíos sino el salvador del mundo, de judíos y gentiles; el que ha venido a liberar tanto a los que estaban bajo la ley de Moisés como a los que padecían el despotismo de las estrellas.
PARA LLEVAR A LA VIDA

Los Magos representan a los hombres que no saben otra cosa de Dios que lo que adivinan en el silencio de las estrellas. Son las primicias de la gentilidad, de los que han de venir de Oriente y Occidente para sentarse en la mesa del reino. Ellos dejaron atrás su sabiduría para buscar la sabiduría de Dios. No fueron a Belén cargados de razón, sino preocupados y encaminados por una pregunta. Se acercaron al pesebre de Belén para contemplar la verdad hecha carne y ser evangelizados.
La pregunta de los magos pone en guardia a Herodes que teme por el trono que ha usurpado; los habitantes de Jerusalén temen las medidas represivas de Herodes. El irá a Belén no para adorar al Niño, sino para matarlo. Por eso averigua ladinamente el tiempo en que apareció la estrella y pide a los Magos que le digan donde ha nacido el niño cuando lo encuentren.Jesús fue, desde el primer momento de su nacimiento, el Mesías rechazado por los suyos y aceptado por los extraños.
La fiesta de la Epifanía del Señor es para nosotros el reconocimiento del Señor. No basta que Dios se nos manifieste, es preciso que sepamos descubrirlo allí donde se manifiesta: en un niño, en la pobreza, en la debilidad, en la inocencia, en el hijo del carpintero. Y ese encuentro con Dios requiere de nosotros un cambio profundo. Si creemos en la encarnación del Hijo de Dios, no tenemos por qué andar buscando a Dios donde no está. Y para encontrar a Dios, como los magos, tenemos que dejarnos conducir por la estrella, salir de nosotros mismos, para ir al encuentro de los otros, de todos los otros. Si nos decidiéramos a amar al prójimo como a nosotros mismos, no nos resultaría tan difícil creer en Dios. Pero, mientras tengamos vueltos los ojos y el corazón hacia nosotros mismos, ni podemos ver al prójimo ni podremos descubrir a Dios en aquel niño en brazos de su madre.
Los tres sabios vuelven a su tierra por otro camino. Esto es muy significativo: quien experimenta a Dios tan sencillamente y a la vez tan profundamente no puede volver a recorrer el mismo camino. Ellos dieron la espalda a Herodes con el que nada tenían que ver, ni del que nada querían saber. Hay ahora más motivo para seguir el camino que marca la estrella: el camino del rey de reyes, que por nuestro amor se ha hecho pequeño, para que nosotros seamos grandes. Este es el amor universal que tal rey nos ofrece para que nosotros seamos pequeños en bien de los otros; un amor que se extienda a los que nos son difíciles, no sólo a los que nos caen bien.
Yo no deseo un regalo
que se compre con dinero.
He de pedir a los Reyes
algo que aquí no tengo:
pido dones de alegría
y la canción del jilguero,
y la flor de la esperanza
y una fe que venza el miedo.
Pido un corazón muy grande
para amar al mundo entero.
Yo pido a los Reyes Magos
las cosas que hay en el cielo:
un vestido de ternura,
una cascada de besos,
la hermosura de los ángeles,
sus villancicos y versos
y una sonrisa del Niño,
el regalo que yo quiero
Gloria Fuertes

Sábado, 3. Enero 2026 - 19:40 Hora
II Domingo de Navidad (ciclo A)

1L.- La La sabiduría de Dios estuvo presente en la obra de la creación: Salió de la boca del Altísimo; se manifestó en el principio de todas las cosas cuando el Espíritu de Dios "cubría las aguas" y daba orden, hermosura y concierto al caos; se manifestó al principio de la historia de la salvación cuando Israel echó a caminar por el desierto y hacia el futuro de Dios; y plantó su tienda en medio de Jacob. Este descenso es un preludio de la encarnación del Verbo.
2L.-El pasaje pertenece al género literario de bendición. Dios es el sujeto de los verbos; su acción se encuentra ritmada por los "en Cristo". La bendición de Dios se manifiesta como elección, liberación, herencia. Estos temas pertenecen al vocabulario de alianza del A.T.
Evangelio.- El prólogo del evangelio de Jn es un himno solemne al Logos, al Verbo, a Cristo. En el están presentes los temas del evangelio: el Verbo, la vida, la luz, la gloria, la verdad. Y las fuertes contraposiciones: Luz-tinieblas; Dios-mundo; fe-incredulidad.
PARA LLEVAR A LA VIDA
La comunidad cristiana lee solemnemente el prólogo del evangelio de san Juan, proclama la misericordia y fidelidad de Dios, su gracia, que se han hecho realidad en Jesús. Que Dios no actúa mediante favores pasajeros y limitados, sino con el don permanente y total del Hijo hecho hombre.
Dios se acerca a los hombres hasta el punto de hacerse uno de ellos: "carne": "la palabra se hizo carne", es una afirmación del misterio de la encarnación del Hijo; el paso de la existencia eterna, al comienzo de su existencia histórica.
S. Juan intenta, sobre todo, destacar que Jesús de Nazaret, palabra de Dios hecha carne, no es apariencia sino Dios humanado. La revelación definitiva de Dios tiene rostro humano. Es una realidad cercana a los hombres. Ha puesto su tienda entre nosotros. El cuerpo de Jesús se convierte en el templo de la presencia de Dios.
El ama, cura, perdona, vive y sufre como un hombre entre los hombres. Todos pueden verlo y oírlo. Todos pueden creer en él, ver su luz, beber su agua, comer su pan, participar de su plenitud de gracia y de verdad.
No es un sueño fantástico. Es una realidad sensible y tangible, cuyo nombre es Jesús de Nazaret.
Un niño nos ha nacido. Así de indefensa es la omnipotente Palabra. En nuestros sueños divinos tal vez habíamos imaginado más fastuosidad y prepotencia. Esta sería la gloria humana, pero no la del Unigénito del Padre.
Dios nos ha dirigido su Palabra. Si entre nosotros puede tener tanta transcendencia el dirigirnos o no la palabra unos a otros, si nuestra palabra de amistad, de interés o de amor, puede significar tanto ¿qué sería esa Palabra de Dios, su propio Hijo que ha querido hacerse uno de nuestra raza y está para siempre entre nosotros? No es Dios mudo y lejano, es cercano y nos habla y su Palabra se llama Jesús. Y desde entonces siempre es Navidad porque siempre está esa Palabra de Dios dirigida en señal de amistad y de alianza.

Este es el misterio de la Navidad que hoy nos recuerda la liturgia y vuelve a llenarnos de alegría. Palabra divina hecha persona, que es el Hijo por el cual Dios nos acepta a nosotros como hijos. Acojamos a Cristo, el Hijo de Dios y Hermano nuestro; que no se pueda decir de nosotros "vino a su casa y los suyos no le recibieron". Por este Jesús, el Salvador, el mundo tiene esperanza. El futuro es siempre más prometedor que el presente. Porque él es para siempre, Dios con nosotros.

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