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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 14. Junio 2026 - 08:57 Hora
XI Domingo TO(Ciclo A)

1L.-Pueblo de Dios es el que se sabe presente en su búsqueda de salvación y de sentido. El concepto de la alianza intenta expresar el vínculo de los que se saben salvados con el que saben su salvador. Lo que fue vivido como acontecimiento puntual se institucionaliza, para establecer un cauce de respuesta. Esta decide en cada momento cuál es el pueblo santo, el sacerdote de los pueblos.
2L.-La generosidad humana llega a dar la vida por un hombre bueno o por una causa justa. Cristo, sin embargo, dio su vida por la humanidad pecadora, mientras lo era todavía. Después de semejante generosidad, ¿qué duda puede ensombrecer la esperanza cristiana?
Evangelio.- Jesús, compadecido de la desorientación de las gentes, realiza el envío de mensajeros del reino. Desde este momento los enviados adquieren una nueva condición. Hasta ahora se les llamaba discípulos en razón de su relación con el maestro; ahora se les llama apóstoles, es decir, enviados, en razón de su relación con la demás gente.
PARA LLEVAR A LA VIDA
La liturgia de la Palabra de este domingo se centra en la finalidad de la relación entre Dios y su pueblo. La iniciativa es de Dios que se comunica gratuitamente y encomienda una misión.
En el pasaje evangélico tiene tres partes: la primera, alude a las carencias y necesidades de la multitud y a la actitud de Jesús frente a ella (9, 36-38); la segunda presenta la misión e institución del grupo de los Doce (10, 1-4); la tercera, señala los requisitos necesarios para cumplir la tarea (10, 5-8).
Jesús describe la situación de las gentes con comparaciones tomadas de la vida campesina: los israelitas son como ovejas sin pastor y como una mies necesitada de obreros para la cosecha. Ello despierta en Jesús el sentimiento de la compasión (compasión que la segunda lectura señala como una constante de toda su actividad salvífica y describe en términos de una acción realizada en favor de aquellos que eran enemigos).
No hay en ninguno de los llamados mérito propio previo a la llamada. Todo es acción de la libre iniciativa divina que crea para los convocados un ámbito sacral. De los 12 se señalan sus nombres, tienen como finalidad señalar la fundación de un nuevo Israel, el Israel mesiánico. A él pertenecen israelitas observantes y pecadores. Los discípulos, título que refleja su condición permanente, son capacitados para esa nueva función y esto se realiza por medio de la transmisión del poder de expulsar los espíritus impuros y de sanar las dolencias. La función de todos ellos, por tanto, es la de participar en la misión de Jesús en favor de la multitud.Esta íntima asociación con su Maestro es la característica más importante de la tarea que se les asigna.
Deben limitarse a las multitudes israelitas. Por ello se les recomienda el evitar las regiones habitadas por paganos o por samaritanos.
Frente a “las ovejas perdidas de la casa de Israel” los discípulos deben anunciar la presencia del Reino que supone un combate contra las potencias del mal. El designio salvador de Dios, gratuito en su origen, ha de ser conservado en el ámbito de la gratuidad. Frente a la sociedad en la que todo tiene su precio se muestra la dinámica de la actuación del Reino en la vida de los seres humanos. Dinámica que se origina en una iniciativa de Dios y de su Ungido referida a “los que no tienen precio (des-preciados)” y coloca una escala de valores distinta como alternativa a la sociedad que, en su egoísmo, los seres humanos han construido. La comunidad cristiana está al servicio de este proyecto de la libre voluntad de Dios y ha de expresar esos nuevos valores.

Sábado, 6. Junio 2026 - 10:58 Hora
Solemnidad del Corpus Christi

1L - Recordar el camino del desierto ayuda a vivir con intensidad y con perspectiva la situación presente. La condición de desierto, con sed de agua y de sentido, acompaña siempre al hombre peregrino. La tierra fértil está en continuo trance de perderse. El maná es una realidad tangible y una promesa. El hambre de pan y de sentido acusa la carencia y provoca la búsqueda. Al que busca se le da un sustento de sorpresa, gratuito: es el que sacia toda el hambre.
2L.- S. Pablo nos recuerda que comer del mismo pan y beber del mismo vino eucarísticos implica un grave compromiso de unidad comunitaria entre los cristianos. Pero esta unidad no podrá ser meramente superficial y litúrgica, sino, además, profética y comprometida.
Evangelio.- La segunda parte del sermón sobre el pan de vida, en la que el discurso se orienta hacia la institución de la eucaristía. Cristo se autoproclama como el pan de vida.

PARA LLEVAR A LA VIDA
Los "judíos" no comprenden nada de lo que Jesús quería explicarles. Pero algunos de ellos tratan de encontrar un sentido más profundo a las palabras de Jesús y se enzarzan en una disputa. Jesús insiste en lo mismo y completa sus palabras añadiendo que es preciso también beber su sangre. Para nosotros el sentido eucarístico de la enseñanza es claro; pero no así para sus oyentes que lo interpretaron literalmente.
Después de insistir otra vez, Jesús explica cuál es el efecto de esa comida y de esa bebida. El que lo recibe entra en unión con él, en una unión semejante a la que se da entre Jesús y el Padre.
El pan del que habla Jesús, él mismo, el verdadero pan "bajado del cielo", es decir, enviado a los hombres por el Padre y entregado como regalo de Dios al mundo. El "maná", el pan del desierto, fue una figura profética del verdadero pan que da vida eterna.
El cuerpo de Cristo es la carne y la sangre que él da "para la vida del mundo", es decir, su propia persona, su existencia concreta: su cuerpo muerto para destruir la muerte y su cuerpo resucitado para manifestar la resurrección. Ese cuerpo que se ha alimento "pan de vida": "El que come de este pan vivirá para siempre. Y es mi carne para la vida del mundo".
Es el también el cuerpo de su Iglesia, de los que incorporan a Cristo, significada y realizada en la recepción de su cuerpo eucarístico, son cuerpo de Cristo, los que comen del pan que es el cuerpo de Cristo muerto y resucitado; y se hacen peregrinos en la fe hacia el Reino de Dios, alimentados por Cristo con su propia carne: "Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre".
Hay que comer la carne del Hijo del Hombre, hay que entrar en relación profunda con él; abrirse y amar, de lo contrario no tendremos vida en nosotros. Hay que aceptar la carne y la sangre del Otro, la vida del Otro, como una cosa buena para mí, como una comida que me edifica y fortalece, y entonces tengo vida eterna, me construyo según el plan de Dios, mi existencia tiene un sentido, no puedo desaparecer, "resucitaré el último día".
La celebración eucarística es una garantía de resurrección. Por eso, es la celebración de la vida. La comunidad cristiana, que se congrega para comer la carne de Cristo y beber su sangre, debe dar señales de optimismo renovador; debe convertirse en un estímulo para todo proyecto que vaya a favor de la vida y del verdadero progreso total de la humanidad.
Jesús se hace presente en nosotros y nosotros nos hacemos presentes a Jesús a través de la comida fraternal del pan y del vino; a través de la puesta en común de nuestras personas, nuestros dones e indigencias. Todo esto debe significar la cena, el banquete eucarístico en el que nos sentamos todos a la misma mesa.

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