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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Jueves, 16. Enero 2020 - 06:36 Hora
II Domingo de TO (ciclo A)

1L.- Al siervo se le encomienda toda la tarea de llevar adelante la alianza que Dios ha hecho con su pueblo. A la luz de la resurrección, estas palabras adquieren verdadero sentido. En Jesús se ha cumplido todo esto con perfecta exactitud. Continuar la obra es tarea del cristiano.
2L.- Somos santos, no porque seamos perfectos sino porque estamos llamados a ser testigos de la santidad de Dios en nuestros pueblos en nombre de la Iglesia universal, a la que nos unen bautismo y eucaristía.
Ev.- Jesús es presentado como el cordero sacrificial. El es nuestra Pascua y el Cordero de Dios, el verdadero, el de la Alianza Nueva.
PARA LLEVAR A LA VIDA
La presentación como "cordero" a los contemporáneos de Jesús les recordaba las profecías de Isaías sobre el Siervo de Dios, que con su sufrimiento tenía que salvar al pueblo; y lo asociaba al cordero de Pascua, con cuya sangre los hebreos habían sido liberados de la esclavitud de Egipto. Decir que Jesús era el Cordero Dios equivalía a destacar el aspecto fundamental de su misión: destruir el pecado, combatir el imperio del mal con la fuerza del bien, del perdón y del amor.
Jesús es el Cordero de Dios porque ha cargado con los pecados del mundo y así nos trae la liberación del mal, la injusticia, la insolidaridad, el odio..., De los elementos contrarios al Reino que anunció e inició.
Jesús predica, pero antes hace lo que predica. Vive lo que dice. Es un hombre coherente por ello cuando intentan silenciar su testimonio no se calla, continúa testimoniando hasta morir. Fue sencillo, humilde pero era recio y paciente en su empeño: cumplir la voluntad del Padre.
La presentación que hace el Bautista fue pues, una profesión de fe. Proclamó que en El está la salvación. También nosotros sus discípulos, debemos atestiguar en favor de Jesús. Todos somos -debemos ser- evangelizadores, un precursor que abre camino a Jesús, que lo atestigua claramente, con su vida misma, que aporta un testimonio de fe vivida. Para ser evangelizador primero hay que vivir lo que se proclama y testimoniar con hechos, antes que con palabras, como muestra de la verdad de lo que se anuncia.
("Predicad con corto sermón, y sólo si hace falta, emplead la palabra", era la consigna que daba san Francisco a sus frailes). Esa es nuestra tarea.

Domingo, 12. Enero 2020 - 07:18 Hora
Bautismo del Señor

1L.- La figura del siervo del Señor es palabra de esperanza para los cautivos. Es una imagen mesiánica. En el siervo el espíritu de Dios urge el derecho, la justicia; es luz para todos los que no ven sentido. El modo del siervo es suave, pero firme; no quiebra lo frágil, pero tampco se quiebra en su misión. Está en todos los que sufren por la justicia.
2L.-Pedro proclama que ahora comprende lo que dicen las Escrituras, que Dios no hace distinción y que el Evangelio no puede detenerse ante las fronteras.
Ev.- La escena del bautismo de Jesús culmina en una teofanía. Se abre al cielo, desciende sobre Jesús el Espíritu y es anunciada su filiación divina y la complacencia del Padre sobre él.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Cristo es presentado como el "siervo de Yahveh" que quita el pecado del mundo y está dispuesto a padecer por todos los hombres. Esta es la voluntad del Padre, y a ella han de atenerse Jesús y Juan. Y para explicitarlo acontece una teofanía, que permite hacer visible esta profunda realidad de la presencia de Dios en el mundo a través de Jesús. Era necesario lo sensible para poner de relieve la unión de lo alto con lo bajo, de Dios con el hombre. Asi se abre al cielo, desciende el Espíritu y es anunciada la filiación divina de Jesús y la complacencia del Padre.
El cielo se "rasgó" dando cumplimiento al anhelo secular de la humanidad caída, expresado del profeta Isaías para que Dios rompiera su silencio y dirigiera su rostro y su palabra al pueblo: "¡Ah, si rasgases los cielos y descendieses....!". Ha llegado el tiempo de la gracia y los cielos se rasgan para dar paso al Espíritu de Dios que actuará por las palabras y obras de Jesús salvando a los hombres. En Jesús, la Palabra de Dios, Dios sale al encuentro del hombre.
La "voz que viene del cielo" declara que Jesús es el Mesías, como anunció el profeta: "He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él. En ellas se apoya el testimonio del Bautista, señalando a Jesús como "el elegido de Dios" y así atestiguó lo que él había visto y oído.
Cuanto se afirma de Jesús en su bautismo será lo que pondrá de relieve su acción y palabra, que es el portador del Espíritu, quien cumple a la perfección la voluntad de Dios, quien se entrega por los hombres en plena solidaridad con ellos para rescatarlos del mal y la muerte.

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