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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 13. Mayo 2017 - 16:38 Hora
V Domingo de Pascua. Ciclo A

1ªL.-En la primera comunidad cristiana todos eran judíos, pero unos procedían de la emigración y eran, por lo tanto, más abiertos; y otros eran de familias que nunca abandonaron Palestina y eran más tradicionalistas y trataban a los de la emigración como cristianos de segunda clase. El amor y el buen sentido cristiano ha salvado la unidad y las diferencias. La comunidad elige y presenta a los elegidos, pero sólo los apóstoles imponen las manos sobre ellos.
2ªL.-Jesús resucitado de entre los muertos es "la piedra viva". Desechado por los hombres, excomulgado por los jefes de Israel y eliminado por los romanos de la comunidad de los vivos, es ahora la base y el fundamento de la nueva convivencia de los hijos de Dios. Sobre él se edifica la iglesia.
Ev.- En Jesús, Dios ha recobrado su verdadero rostro, deformado por los hombres religiosos. Por eso, este rostro brillará en todo su esplendor en la cruz, porque no hay mayor amor que dar la vida. La cruz, es decir, el amor, es el lugar hacia el que Jesús va. Ver a Jesús es, pues, ver al Padre, porque uno y otro no son más que amor a ultranza. De ahí que Jesús sea el camino, la verdad, la vida.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús se marcha y el miedo ante un mundo hostil hace brotar en los discípulos la angustia. «No perdáis la calma», les promete que no les dejará solos, que algún día volverán a estar todos juntos. Pero ¿dónde? Las respuestas de Jesús alcanzan una significación admirable. Nos revelan el misterio personal de Jesús, su unión íntima con el Padre y su misión salvadora para el hombre.
El quiere confortarlos haciéndoles entender que su marcha constituirá una unión con ellos de carácter más íntimo, por la fuerza del Espíritu. Cuando todo se haya terminado y haya resucitado, comprenderán, bajo la luz pascual, que se han abierto con su muerte las puertas de la gloria y que ha ganado para sus discípulos el derecho de entrar en la casa del Padre.
Los discípulos debieran ya saber a dónde va Jesús, al Padre. Jesús, después de haberles hablado de su propia persona y de su misión, supone también que conocen el camino. El mismo es el camino por el que se llega al Padre. Vivir como Jesús vivió significa ser un hombre para los demás, dar la vida y lo que es menos que la vida para construir con todos la gran fraternidad. Porque es así, saliendo al encuentro de cualquier otro, como llegaremos todos a la casa del Otro -del Padre- donde todos seremos hermanos. De manera que el acceso a Dios en Jesucristo sólo es posible en la medida en que nos acerquemos los unos a los otros, en que nos amemos los unos a los otros como hemos sido amados por Jesucristo, el hermano universal, prójimo de todos los hombres. De ahí que debamos entender nuestra vocación

Sábado, 29. Abril 2017 - 13:26 Hora
III Domingo de Pascua

1ªL.- El pecado de los judíos fue rechazar al que Dios había enviado, su incredulidad. Rechazo que llegó hasta eliminar a Jesús con la ayuda del procurador Poncio Pilato. Murió fuera de los muros de la "Ciudad Santa", en una cruz, padeciendo, lo mismo que un esclavo. Pero Dios lo resucitó. Todo estaba previsto en el plan de Dios y anunciado en las Escrituras. De ello dan testimonio los apóstoles.
La proclamación de la resurrección de Jesús, junto con el gozo de la fe, son los núcleos de la predicación cristiana.
2ªL.- El apóstol ofrece motivos para vivir santamente: Recordar que Dios es juez. El temor de Dios nos ayudará a superar los peligros de nuestra marcha hacia la casa del Padre. Y recordar el alto precio con el que hemos sido rescatados de una vida sin sentido y sin libertad: "la sangre de Cristo"
Ev.- Jesús se hace el encontradizo con dos hombres que sólo iban a Emaús, un camino muy corto; aquél misterioso peregrino, resucitado, iniciaba con su vida y con su entrega a la muerte un camino mucho más largo el camino de todo hombre hacia el Reino de Dios.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús alcanza a estos dos discípulos que marchan apesadumbrados. El les invita a desahogarse contándole los sucesos que han vivido en Jerusalén. Vieron en el Maestro a un gran profeta, creyeron haber encontrado al Mesías prometido que libraría a Israel de todas las opresiones, y ha sucumbido en manos de sus enemigos sin que Dios haya intervenido. No comprenden nada y marchan sin esperanza.
Si hubieran contado con la resurrección hubieran recibido con gozo la noticia de las mujeres. Jesús no les reprocha su falta de fe, sino su falta de entendimiento para comprender las Escrituras. No comprendieron una sola palabra de lo anunciado los profetas sobre el "Siervo de Yavé" porque estaban llenos de prejuicios sobre un mesianismo a ras de tierra y de preocupaciones temporales. Jesús les les interpreta el sentido de los textos mesiánicos del A.T. Y se deja invitar por los dos discípulos, que para honrar a su huésped le ofrecen presidir la mesa. Y al bendecir y partir el pan, le reconocieron. Jesús resucitado se les manifestó y ellos se convirtieron en sus testigos. Naturalmente, corrieron a comunicar la noticia.
La fe en la resurrección tiene una base pericial suficiente para generar una certeza histórica: la fe en la resurrección de Jesús está fundamentada en criterios de autenticidad histórica. La finalidad del relato es catequética: mostrarnos las vías de acceso a Jesús resucitado: la lectura de la Palabra de Dios y en la celebración de la Eucaristía. El relato no pretende hacer ver que Jesús ha resucitado, sino manifestar dónde encontrar a Jesús resucitado.
La alegría pascual no está reñida con la seriedad de la vida, porque no es la alegría de los que no conocen el sufrimiento y los peligros, sino de aquellos que los afrontan con esperanza. Creemos que hay una promesa pendiente que se ha de cumplir a pesar de todo. Por eso damos ya gracias a Dios y nos gozamos, aunque sabemos que nuestro gozo será completo cuando se manifieste la gloria de los hijos de Dios en la casa del Padre.

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