Usted está aquí: Inicio

Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 14. Octubre 2017 - 15:57 Hora
XXVIII Domingo del TO (Ciclo A)

1ªL.- La visión profética de la salvación escatológica -total y definitiva- la describe el profeta como un banquete, ofrecido a todos los pueblos en Sión. Y los oyentes aprenden que la salvación no es completa, si no es universal.
2ªL.- Pablo se alegra del buen espíritu de colaboración de los filipenses en los trabajos de evangelización. Pero no "da gracias" a los que le habían ayudado con su dinero sino que sólo es justo y necesario "dar gracias" a Dios. Poniendo de relieve su total disponibilidad y adaptación a las distintas circunstancias de la vida para poder predicar el evangelio.
Ev.- La intención de la parábola es reprochar a los sumos sacerdotes, senadores y fariseos que han rechazado la invitación de Jesús a entrar en el Reino de Dios; por eso él predica el Evangelio a los pobres, los publicanos y pecadores: Vosotros sois como los primeros invitados que no quisieron acudir al banquete, os habéis autoexcluido del banquete que Dio.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
La situación que se ha creado con el advenimiento del Reino en la persona de Jesús. Antes de él con las reiteradas invitaciones, habían sido convidados (llamados) los israelitas. Con el:"Todo está a punto. Venid a la boda" se refiere a la predicación del Evangelio: "Está cerca el Reino de los cielos: convertíos"
El vestido de fiesta quiere insinuar que para pertenecer al Reino de Dios hay que poner algo de nuestra parte. Los discípulos han de revestirse de una vida que esté en consonancia con el llamamiento recibido. Vestíos de justicia y santidad. La conversión que predica Jesús es un vuelco del corazón, un cambio radical de la propia vida. Es preciso revestirse de justicia y santidad, pero este traje hay que llevarlo con gozo, como quien lleva un vestido de fiesta. Convertirse es emprender un camino de esperanza. Esto nos lleva a la conclusión de la parábola: "Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos". Esto es así, pero no por culpa de Dios.
El adjetivo muchos es la manera semítica de decir todos. La frase final de la parábola no significa que unas personas sean llamadas y otras no.
El sentido de la frase no tiene nada que ver ni con las vocaciones sacerdotales ni con la predestinación ni con la salvación eterna. La frase significa sencillamente que todos estamos llamados a construir el Reino de los cielos aquí en la tierra, pero que no todos los cristianos lo hacen. Jesús hablaba en clave de utopía. Y a hacer realidad esa utopía estamos llamados todos, pero ¡qué pocos se creen que la utopía pueda ser realidad!

Domingo, 8. Octubre 2017 - 12:27 Hora
XXVII Domingo del TO (Ciclo A)

1ªL.- En el lenguaje de un canto de amor humano habla el profeta del amor de Dios a su pueblo. Como un obrero que dedica todos sus cuidados a su viña, y ésta no le da el fruto esperado: Es una simbolización de la historia, acusada de infidelidad.
2ªL.- Aquí San Pablo responde a una pregunta de la comunidad de Filipos: ¿había que incorporar lo bueno de la moral pagana o, por el contrario, había que hacer tabla rasa y crear por completo una nueva moral cristiana? San Pablo responde que el cristianismo no inventa la moral, sino que interpreta iluminada por el evangelio.
Ev.- En estas palabras de Jesús hay una profecía de la muerte que le espera en Jerusalén y una confesión indirecta de que él es el Hijo de Dios.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Hay dos detalles que merecen ser destacados: el mimo de Dios por la viña, como describe Isaías, y la saña de los arrendatarios, que se constituyen en dueños y señores de la viña, del Reino de Dios.
En la parábola evangélica la culpa recae sobre los arrendatarios que son los dirigentes del pueblo, que no dan al Señor el fruto que le corresponde y exige por medio de sus profetas y al fin por medio de su Hijo. Estos dirigentes, al escuchar la parábola de Jesús, sentencian sobre sí mismos condenando la conducta de los arrendatarios: "Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos".
En la parábola de Jesús hay una enseñanza que va más allá de la circunstancia histórica que la motivó. Después de dos mil años de cristianismo, cuando se esperaba justicia, ahí tenéis asesinatos y lamentos, guerras y mala uva por todas partes. No hace falta mucha imaginación para reconocer todo esto, pero sí mucha sinceridad para aceptarlos y más aún buena voluntad para cambiar de conducta. Porque de eso se trata y no de juzgar a los demás.
-Hagamos la justicia que Dios espera: La palabra de Dios denuncia un estado de cosas, una situación injusta, un sistema de vida que produce mala uva. Lo que anuncia es un orden nuevo, construido sobre la piedra que desecharon los artífices del orden viejo. Esta piedra es Cristo, arrojado de la ciudad y marginado hasta la muerte por las autoridades de Israel. Esta piedra es Cristo, solidarizado en la cruz con todos los sufrientes del mundo.
Es Cristo, relegado en el olvido por tantos cristianos y en tantas ocasiones. Es Cristo y los que son de Cristo, padeciendo con él. Si queremos participar en el surgimiento de la renovación contenida en el evangelio, no podremos limitarnos a un cambio de conducta individual. Es necesario un esfuerzo colectivo que renueve la faz de la tierra y sustituya las bases de la vieja sociedad.

Vieja contribución

Iniciar sesión