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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Sábado, 1. Agosto 2020 - 08:37 Hora
XXVIII Domingo TO (Ciclo A)

1L.- El Señor que sacó de Egipto a Israel, lo sacará de Babilonia en un segundo éxodo, el profeta invita a los desterrados para que reciban con gozo la salvación que se aproxima. Comida y bebida en abundancia es señal de una vida abundante y libre de cualquier necesidad o penuria.
2L.- S.Pablo sabe muy bien que el cristiano está sometido a muchos peligros y necesidades: el sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre..., pero de todo ello sale victorioso con la ayuda de aquel que nos ha amado.
El fundamento de nuestra seguridad, es que si Dios está con nosotros y nos ama hasta el extremo de darnos a su propio Hijo, nadie podrá condenarnos. Este amor es una fuerza victoriosa que nos libera del pecado y de la muerte y de cualquier amenaza.
Ev.- El milagro de la multiplicación de los panes que realiza Jesús es una "señal" de la vida que ha venido a traer al mundo. El tiene compasión de la gente, no sólo porque ve que anda desorientada con la enseñanza de falsos maestros, sino porque conoce sus necesidades materiales. Por eso cura a los enfermos y da de comer a los hambrientos; y pide a los suyos que también lo hagan.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Jesús vino al mundo para traernos la vida en abundancia. Por eso multiplicó el pan y los peces, y todos comieron hasta saciarse y sobraron doce canastas. Por eso multiplicó el vino en las bodas de Caná de Galilea. El pan y el vino, la vida y la alegría de vivir.
El gesto de Jesús, el milagro de los panes, fue mucho más que una multiplicación de alimentos. Fue, sobre todo, una señal: la palabra de Dios es verdadero alimento. Al compartir con los hambrientos el pan y los peces, les dio lo que necesitaban y todo lo que él era para los hombres. Les enseñó a vivir en comunión, en fraternidad, a compartirlo todo como señal de que todos son, por él y en él, los hijos amados de Dios.
El mundo no necesita que la Iglesia les multiplique los panes. Pero sí necesita, y con urgencia, que los cristianos anuncien y vivan el evangelio. El problema del hambre, de todas las hambres sólo se resolverá cuando aprendamos a compartirlo todo. Porque el milagro está en el reparto, en la solidaridad, en el amor. Sin fraternidad, ni comunicación de bienes y amor, no es posible la abundancia de la vida.
Los apóstoles mostraron con su observación al Maestro, y su preocupación, que algo se les estaba pegando de Jesús, que habían empezado a captar la enseñanza de aquel que nunca pasó indiferente ante el dolor, la muerte, la angustia y la injusticia. Algo se estaban contagiando los discípulos de aquel Maestro cuya finalidad era buscar al hombre y encontrarlo.

Sin el amor solidario a todos los hombres, y sin los sentimientos de Cristo, la eucaristía que celebramos en su memoria carecería de sentido.

Jueves, 23. Julio 2020 - 13:52 Hora
XVII Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- Salomón no pide bienes personales, sino sabiduría y buen juicio para gobernar con rectitud. El pueblo de Dios solo puede realizarse sobre una base de justicia. Esa justicia es un don de Dios, que se da al rey para cumplir su tarea.
2ªL.- El acontecimiento salvífico ya realizado por Cristo. Él ha iniciado el proceso con su muerte y resurrección. Quienes aman a Dios han entrado en tal proceso, que no puede fallar por tener al mismo Señor como garantía.
Ev.-Jesús, para enseñar a las gentes el misterio del reinado de Dios, toma escenas de la vida cotidiana: un labrador que halla un tesoro en el campo, un mercader que encuentra una perla fina en el mercado, unos pescadores que echan la red barredera y cogen pescados grandes y pequeños... el Maestro, se acercaba a cada cual hablando su lenguaje

PARA LLEVAR A LA VIDA
Reparemos que Jesús para hablar del misterio del reino de Dios lo compara siempre a un suceso, no a una cosa. No es un tesoro, ni una perla, ni una red barredera..., sino lo que le sucede al labrador con el tesoro, al mercader con la perla y a los pescadores con la red. Lo que nos quiere decir Jesús es que nadie puede entrar en el reino como quien toma en propiedad una cosa sino como quien entra en una nueva dinámica y comienza a vivir con actitudes diferentes como peregrinos en la fe entre el consuelo y la esperanza.
La nueva vida comienza por pura gracia de Dios: se encuentra, se descubre como una realidad valiosa e insospechada, que no tiene precio, que no se puede comprar ni producir, es lo que realmente vale y todo es nada en su comparación.
Para el hombre que busca de sentido, que anda desorientado y errático, ninguna cosa de la tierra le sacia. En su necesidad el hombre puede agarrarse al dinero, al poder, a la fama, al placer, etc. Pero el verdadero tesoro no es cualquier cosa, sino el mismo Dios.
Escondido en nuestro mundo, cubierto por la humanidad sufriente y crucificada de Jesús de Nazaret, está el tesoro del hombre. Es ahí donde Dios se ofrece a los que le buscan. El que encuentra a Dios en Cristo experimenta una gran alegría. Se sabe agraciado por el Amor y libre para dar la vida, para darlo todo. Y, a partir de ese encuentro, todo cobra sentido.

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