Miguel P. León Padilla
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
Lunes, 12. Mayo 2008 - 10:49 Hora
Solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo A)
Éxodo nos narra el momento misterioso en el que, en el Sinaí y en forma de nube, Dios se revela a Moisés como el Señor compasivo y misericordioso (1L). Pablo predica al Dios del amor que ofrece la paz a los corazones. Ese Dios que ama tanto al mundo que entregó a su Hijo para que todo el que crea tenga la vida eterna. (EV)
Explicación de las Lecturas. El libro del Éxodo relata la misteriosa escena en que, en forma de nube en el Sinaí, Dios se revela a Moisés como Señor compasivo y misericordioso. Revelación que suscita la petición que hace Moisés: Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros... perdona nuestros pecados y tómanos como heredad tuya. (1L).
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros”. Palabras de saludo trinitario de Pablo que obedecen a su propia experiencia de fe y de vida cristiana: la gracia que nos alcanza el Hijo; el amor que nos regala el Padre y el don de la comunión que obra el Espíritu... son realidades que la Trinidad obra en el corazón del creyente (2L).
Por amor dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna, para que el mundo se salve por Él (Ev).
Para llevarlo a la vida. Dios es el Amor. En su seno sólo hay unas relaciones amorosas. El Amor es fecundo, creativo, dinámico y cuanto obra, lo obra por Amor. Dios nos ama. Esta realidad cuando se experimenta –no cuando sólo se sabe- no transforma, nos hace mejores. Invade nuestro ser y actuar, y los perfecciona.
Obras son amores… no basta con decirlo ha de demostrarse: Él «ha enviado a su Hijo al mundo (…) para que se salve» (Jn 3,17). Y por la vida y la muerte en cruz de Jesucristo hemos conocido el amor que el Padre . Hoy le contemplamos como el único que nos revela el auténtico amor.
Nos hemos acostumbrado al amor, hemos hecho ordinario lo extraordinario, se convirtió en rutina la novedad y originalidad del Amor de los amores. Amor es dar la vida entera por aquellos que amamos, amor que se concreta en entrega y servicio, en gratuidad y sencillez. El Amor es el genoma de Dios lo que hace que –como hijos suyos- nos parezcamos al Dios Padre.
En medio de tantos odios el amor de Dios se hace palpable en la entrega de los cristianos; en medio de tantas violencias la caricia amorosa de Dios se hace presente en las vidas de quienes perdonan y ponen esperanza; en medio de tantos rencores la bondad divina pone frescura… El Amor necesita de ti tanto como tu lo necesitas a Él.
¡Celebremos la Eucaristía, sacramento del Amor, como acción de gracias por cuanto amor Dios derrama en nuestras vidas! Nos hace participar de su mismo amor y invita amar con el Amor mismo con que somos amados.
Lunes, 5. Mayo 2008 - 09:23 Hora
Domingo de Pentecostés (Ciclo A)
Los discípulos, iluminados por la acción del Espíritu, inician la predicación del Kerigma (1 L). San Pablo, en la carta a los corintios, apunta que por la acción del Espíritu reconocemos y proclamamos que Cristo es Señor (2L). El evangelio presenta a Jesús resucitado dando a sus apóstoles poder para perdonar los pecados por la acción del Espíritu Santo.
Explicación de las Lecturas. El relato de Hechos está cargado de simbolismo que expresa el poder dinamizador del Espiritu. El viento huracanado que agita el Cenáculo simboliza la procedencia sobrenatural del Espíritu, Dios mismo, y nos recuerda la primera creación, cuando Dios infundió su aliento sobre el primer hombre de barro. Con el fuego se hace memoria de la experiencia de Moisés en el Sinaí y a la transformación que el fuego sin consumirse obró en él. El Espíritu transforma el interior del hombre y su obrar diario porque goza de la potencia divina. Así opera una nueva creación: no ya de meras criaturas sino de los Hijos de Dios en Cristo.
El Evangelio pone de relieve el misterioso poder que otorga Cristo, por la acción del Espíritu: ¡perdonar los pecados! La extraordinaria fuerza del perdón, tan necesaria para vivir, para avanzar, para crecer y amar… Experimentar el perdón y encontrarlo con seguridad. La oportunidad renovada de saberse comprendido, amado, restaurado ante Dios. Sanar la ruptura interior, recuperar ilusión y animo, volver a comenzar de nuevo… es don y gracia obrada por el poder del Espíritu santificador.
Para llevarlo a la vida. Las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy nos llenan de confianza: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo», por su Resurrección ha destruido el poder del mal y del pecado, el poder del rencor y el odio, la dinámica del resentimiento incapaz de vivir la libertad del perdón.
Cuantos –por el Bautismo- pertenecemos a Cristo podemos vencer todas las dificultades de la vida, tal y como Él las venció, en nuestra vida también pasamos por sucesivas muertes y resurrecciones, asumidas por el mismo Misterio Pascual de Cristo.
Pero «sobre todas estas cosas triunfamos por Aquel que nos amó» (Rom 8,37). Sólo con la ayuda del Espíritu podremos amar como Cristo ama y experimentar la fuerza del sentirse perdonado y perdonar. Sólo si te dejas conducir por el Espíritu, viviras coherentemente el Evangelio. Sólo si te dejas guiar por el Espíritu, lograrás integridad entre tu ser y tu obrar, entre tu pensar y tu vivir, entre tu vocación cristiana y tu presencia en el mundo. Sólo si te dejas iluminar por el Espíritu sabrás mirar más allá de ti mismo y atender las necesidades de los hombres que te necesitan. Y ser asi -en verdad- testigo del amor de Dios que nos ha dado su ayuda para superar toda dificultad, incluso la muerte, al regalarnos su Espíritu Santo ¡agradezcamos éste don!