Miguel P. León Padilla
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
Sábado, 7. Marzo 2026 - 16:24 Hora
III Domingo de Cuaresma (ciclo A)
1L.- El pueblo liberado de una servidumbre tropieza al paso siguiente con otra, también primaria: sed y carencia de todo en el desierto. El acosante «¿está Dios con nosotros?» pide siempre más pruebas. Pruebas no hay, pero sí señales que orientan hacia Dios: un testigo que muestra, un agua para la sed. Pero la sed de infinitud sigue siempre sin saciarse.
2L -Si por nuestra incorporación a Cristo, podemos superar el pecado, podremos tener la seguridad de que algún día superaremos también la muerte, desembocando en la resurrección. El cristiano es, pues, el hombre de la esperanza contra toda esperanza; y su aporte principal al proceso de liberación humana es el estímulo y el entusiasmo producidos por esta misma esperanza.
Evangelio.- El encuentro y diálogo con la Samaritana
PARA LLEVAR A LA VIDA
La escena con la Samaritana está llena de sentido desde la paradoja: Ese hombre cautiva, tiene sed y ofrece agua, está cansado y libera de las cargas, pregunta cosas y lo sabe todo, parece un extraño y se mete en el corazón. En él se concentra toda la sed del mundo, todos los deseos y los interrogantes de la mujer; pero en él están todas las respuestas y todos los manantiales.
Lo único que se necesita es acercarse a él, o dejar que él se acerque a nosotros, y acogerle y pedirle. El no se impone, se ofrece: «Si conocieras el don de Dios», si supieras, si quisieras...
El diálogo que recoge el evangelista, invita a la profundización con el significado de los personajes y de la situación.
Primero bajo el símbolo de los dos tipos contrapuestos de agua: la que corre, viva, y la contenida en un pozo. La mujer pide del primer tipo de agua para no tener que venir "aquí". ¡Pero es paradójicamente es "aquí" donde tiene que venir, a Jesús.
Despues pasa al símbolo de los "maridos": el culto.
La mujer está interesada por el lugar del culto (la polémica entre judíos y samaritanos) pero Jesús supera este planteamiento: depura lo religioso de sus adulteraciones y adherencias extrañas, el lugar se sustituye por la hora, la de la cruz!
Hay que dejar el cántaro: el agua estancada, el templo. Ya no sirven. No es el pozo de Jacob, que es viejo y que se agota. La solución definitiva es hacer un nuevo pozo y meterle dentro; la solución definitiva es beber del agua de Cristo. La solución definitiva es Cristo. Cristo es el Moisés perfecto, que va a sacar nueva agua de su roca para saciar toda la sed del mundo.
Estás son las claves de interpretación de la escena
La sed es la búsqueda de Dios o de los hombres. El agua del pozo es la ley y la sabiduría. El agua viva es la nueva vida. La nueva ley del Espíritu, y Cristo será el propio manantial. La samaritana es la mujer marginada, es el pueblo idolátrico. Y Jesús-manantial, el Mesías que está ahí y desea salvar. Pero no se impone: «Si conocieras» si quisieras... Y todo fue en la hora sexta, la hora de entrega más grande.
El culto verdadero está en confiar en Dios a pesar de las pruebas del desierto de la vida. Jesús tiene un alimento que le hace entrar en comunión con Dios. «Su comida es hacer la voluntad del que le envió.» Cada vez que en la vida diaria obedece a la Palabra de su Padre, es como si celebrara la liturgia de sentarse a la mesa con El y celebrar juntos una comunión verdadera.
Sábado, 28. Febrero 2026 - 16:57 Hora
IIDomingo de Cuaresma (ciclo A,)
1L.- Abrahán recibe la llamada de Dios que lo invita a salir de su instalación en lo conocido y experimentado hacia nuevos e indefinibles horizontes. Abrahán marchó. Su disposición de confianza absoluta será su auténtico sacrificio de Isaac. Su corazón fue fiel hasta en la prueba difícil, y así se convierte en el prototipo del creyente, en "padre" de los que viven la fe. Lo que le merecen este título es la raíz de su obrar.
2.- Pablo recuerda a Timoteo que "no debe avergonzarse del testimonio de nuestro Señor ni de mí su prisionero": la proclamación del Evangelio no estaba rodeada de ningún prestigio; las autoridades imperiales romanas sólo lo presentaban como un puro acto subversivo. Estaban muy lejos los tiempos en que el "martirio" pudiera considerarse como un acto de heroísmo.
La proclamación del Evangelio es un trabajo duro, que, si es genuino, no puede explicarse por afán de ventajas temporales. Sólo se debe a una misteriosa vocación de Dios, que irrumpe en la vida humana a contrapelo de los sueños y de las aspiraciones del hombre.
Evangelio.- La transfiguración
PARA LLEVAR A LA VIDA
Dios revela a quienes serán columnas de la Iglesia, germen de la comunidad cristiana, el misterio que se encuentra en la persona de Jesús: la nueva ley y llama a su seguimiento. Como un nuevo Sinaí, la ley personificada por Moisés y los profetas en la de Elías, ceden el paso a la Palabra de Dios encarnada que será el definitivo camino para la humanidad. En la voz que llama a su seguimiento: "¡Escuchadle!" Dios ratifica las palabras y vida de Jesús. La voluntad de Dios no está ya en la ley de Moisés, sino en la persona de Jesús. Por eso el desvelador del Padre se va a conviertir en objeto de la predicación de los discípulos.
Como en el caso de Abrahán, el llamamiento de Dios para salir de sí mismo y seguir a Jesús se responde con la conversión y el seguimiento se expresan en el compromiso de una forma, ordenando la vida conforme al Maestro. L
Ponerse sin medida en las manos del nuevo Moisés que nos conduce, a través de nuevos éxodos o salidas de esclavitudes, hacia la plenitud humana. El discípulo y la comunidad serán guiados en esta dirección por el espíritu de Jesús que poseen tanto en los momentos de cruz como en los de gloria.
Celebramos en la Eucaristía la muerte y resurrección de Jesús. El misterio de su vida fue el mismo de Abrahán: salió de su tierra, abandonó todo, fiado en la promesa de Aquel que tenía poder para conceder lo que esperaba. Jesús, aun en medio de su pasión, entrevió la transfiguración; creyó en la resurrección a pesar de la muerte, contra toda esperanza esperó, no se dejó vencer por la decepcionante lección de la vida diaria.