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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Domingo, 19. Febrero 2017 - 10:00 Hora
VII Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- Moises trata de modelar el proceder humano conforme a la santidad de Dios. Si el impío niega al hombre por el odio, el rencor y la venganza. El justo deberá afirmarlo por la corrección fraterna y por el amor. Amor a es lo que encarna en el mundo la santidad de Dios.
2ªL.- Pablo advierte que ningún cristiano ha de poner su confianza en los hombres, aunque sean mensajeros del Evangelio, en perjuicio de la unidad de la comunidad eclesial. Porque todo apóstol está al servicio de la construcción de la Iglesia.
Ev.- Jesús continúa la enumeración de ejemplos concretos, del domingo pasado, para explicar el autentico significado de la Ley de Moisés.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Lo que Jesús dice no es humanamente razonable. La lógica de nuestra justicia es el resarcimiento: el que la hace, la paga. Así hemos llegado a justificar la guerra y carrera de armamentos. Y con esa lógica hemos organizado una sociedad competitiva y reivindicativa, enfrentada desde las exigencias radicalizadas de nuestros derechos… discordia y división. Si queremos salir de esta situación, hemos de dejar esta prudente manera de actuar, y hacer nuestra la lógica del evangelio: Amar al enemigo es entrar en la prudencia cristiana.
Jesús opone a la ley del talión el mandamiento del amor. Sus discípulos no deben responder con mal a los que les hacen mal. Su lenguaje es exigente. Refiere al comportamiento individual y a la actitud del corazón, no los tribunales. No cuestiona la necesidad de defender el propio derecho, pero afirma que nunca ha de hacerse movido por la venganza o egoísmo. No se domina el mal cuando se le responde con la misma dureza.
El mal recibido queda siempre en el fondo, exterior a nosotros..., pero cuando lo hace uno mismo, al devolverlo, el mal consigue una victoria: entra en nosotros.
Jesús abre otro camino a la humanidad: vencer el mal con el bien, responder al odio con el amor. El mal sólo puede superarse con el bien. Olvidar esto es caer en el círculo vicioso de la violencia.
Hacer el bien al que nos hace mal, es no consentir con la injusticia del enemigo, es desarmarlo, rescatarlo de su injusticia, integrarlo en la espiral del amor, sin odio, sin recurrir a la fuerza. Pero sin contemporizar con su violencia y con su injusticia, sin abandonarlo a su suerte, sin desesperar en su capacidad para cambiar y volver al amor.
El verdadero amor sólo se muestra en la gratuidad, que no busca correspondencia. Esto es la verdadera perfección. En esto se manifiesta la bondad de Dios. Los discípulos de Jesús que deben dar señales de la nueva vida y del reino futuro, no pueden contentarse con la ley; sabiendo que sólo serán auténticamente hijos del Padre imitando su bondad, de la que la generosidad y esplendidez.

Sábado, 11. Febrero 2017 - 13:03 Hora
VI Domingo TO (Ciclo A)

1ªL.- El sabio reflexiona sobre el hombre, y ve que por su libertad es dueño de su destino, responsable de su realización. El bien y el mal, la vida y la muerte, se le ofrecen como opción. Para decidir tiene una luz y una guía en los mandamientos que conducen a la vida (Dt 30,15ss). La libertad es a la vez grandeza y riesgo. Responsabiliza al hombre en su lograrse o malograrse.
2ªL.- La sabiduría de Dios es Cristo. Pablo contrapone el plan de Dios con la actitud del hombre seguro de sí, confiado en su estrecha visión de la realidad. Son los "príncipes de este mundo", sometidos, a su pesar, a otros señores distintos de Dios. El hombre, para ser como Dios lo ha pensado y realizado, tiene descentrarse de sí hacia el Señor y hacia sus hermanos
Ev.- Jesús da cumplimiento en su vida a todas las profecías. Los preceptos morales de la Ley llegan a su plenitud en Cristo. Restituye los mandamientos divinos a su pureza, proclamándolos con toda la claridad y profundidad y reduciendo todos los preceptos al mandamiento del amor a Dios y al prójimo.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
Jesús no se presenta como un revolucionario religioso que rompa drásticamente con la herencia de Israel: " no he venido a abolir, sino a dar plenitud".
Su intimidad con el Padre, con el "Abbá", su sentirse totalmente Hijo de Dios, le daba seguridad como para explicar la ley y las tradiciones desde una perspectiva nueva. Nueva y radical. No cambia la ley, invita a ir más allá de la pura letra; a ir más allá del puro cumplimiento. Sabemos que hay formas de cumplir la letra de ley y al mismo tiempo traicionar su espíritu.
Jesús prolonga las exigencias antiguas. Para Él, ya no se trata sólo de evitar el homicidio; hay que renunciar también a toda palabra descomprometida, y emplearse en la reconciliación.
No se trata ya sólo de evitar el adulterio, sino que hay que evitar también la mirada impúdica y el deseo que ésta hace nacer
Con respecto al divorcio, no se trata ya de respetar el procedimiento; es necesario renunciar a toda separación de los cónyuges: fuera del caso de una "unión ilícita"
No se trata ya sólo de evitar el jurar en falso; no hay que jurar, y por lo tanto, hay que atenerse a la verdad de la palabra, simplemente.
No se trata ya sólo de limitar la pena del culpable a lo correspondiente a su falta: hay que responder pacíficamente a la conducta del malo (vv. 38-42).
No se trata de limitarse al amor al prójimo; hay que ir hasta el amor a los enemigos.
La sabiduría del Espíritu de que habla San Pablo en la 2ªL es lo que guía a Jesús al poner de manifiesto que entrar en el Reino es algo más que cumplir meticulosamente los preceptos en su sentido externo. Para ser cristiano hay que dejarse llevar por esa sabiduría del Espíritu, asumir en nuestro corazón la ley del amor. Frente a esa ley primera del amor nos tenemos que situar y tenemos que escoger entre muerte y vida, como dice la 1ªL. Ser cristiano es cuestión de amar o no.

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