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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Jueves, 14. Noviembre 2019 - 08:53 Hora
XXXIII Domingo TO (ciclo C)

1L.- Bien y mal no están en el mundo separados. En el destino de justos y malvados no se aprecia diferencia satisfactoria; pero la divina revelación describe un juicio al final en que todo vendrá a su lugar; entre tanto Dios está ya como juicio en la existencia del malvado y como salvación en la del justo.
2L.- A Pablo le ha llegado la noticia de que en la comunidad hay cristianos que viven en el ocio y no quieren trabajar. A les presenta su propio ejemplo. Aunque tenía derecho a ser sostenido por la comunidad en su labor misionera, no aceptó el pan de balde. Trabajó día y noche. Y les da un mandato para poner remedio: que trabajen, así no vivirán inquietos. Y que lo hagan con tranquilidad, y así evitarán perturbar a los demás.
Ev.- Jesús nos ha revelado que el mundo tiene un final, que pasará este mundo y llegará el reinado de Dios.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
A los discípulos les inquieta el final. Pero Jesús refiere al futuro, pero no con interés de descubrir detalles, sino para prevenirlos sobre los peligros que se avecinan y animarles a que estén preparados. Primero les aconseja que no hagan caso de los falsos mesías, que vendrán a proclamar el advenimiento de los tiempos escatológicos, pero no el reinado de Dios, sino una populismo que satisfaga la reivindicación política de Israel. Después señala que estas revoluciones que han de venir no son aún la señal del fin. Y por último, avisa de la persecucion y los padecimientos que habrá que soportar y que brindarán ocasión de dar un buen "testimonio".
Jesús no pretende profetizar ni atemorizar sino transmitir esperanza y confianza, alentar a sus discípulos. Si ellos han de ser llevados ante los tribunales por su causa, él mismo será su abogado y les otorgará la sabiduría que van a necesitar en su defensa: "el Espíritu Santo". Esto no quiere decir que saldrán ilesos de los tribunales humanos; pero sí que su causa reportará una victoria moral y el Evangelio se propagará por el mundo. Los que pierdan la vida terrena morirán con la esperanza de alcanzar así la verdadera vida. Todos se salvarán si perseveran hasta el fin.
Alentemos pues la esperanza, el fin que Dios quiere para el mundo no es la destrucción sino "un nuevo cielo y una nueva tierra". Lo importante del fin de este mundo es el adviento de Dios, es el mismo Dios para el mundo. Este mensaje ha de espabilar nuestra esperanza, ponerla a trabajar revistida de paciencia y comprometida con el presente, con responsabilidad.
La fe en el adviento del Señor y en el fin del mundo nos mueve a no es estar en el mundo "a verlas venir", sino a salir de la preocupación por lo inmediato, y abrirnos a lo nuevo, a Dios e ir más allá de los propios prejuicios e intereses egoístas, de las "razonables expectativas" y ponerse a punto para el encuentro con Dios y con los otros hombres. Es construir la fraternidad.

Domingo, 10. Noviembre 2019 - 08:26 Hora
XXXII Domingo TO ciclo C

1L.- El martirio de los siete hermanos Macabeos se situa en la persecución que el pueblo de Israel bajo Antíoco IV Epífanes (175-164), que impuso las costumbres griegas impidiendo la circuncisión e intentó suprimir el culto a Yahvé.Los mártires, alentados por la fe en una vida eterna, se mantienen firmes e insobornables en el cumplimiento de la Ley. Saben que Dios, que les ha dado el cuerpo, es también poderoso para resucitarlo.
2L.- Pablo sabe que la predicación evangélica provoca rechazo y una reacción violenta contra el que la hace y
Por ello anima a qué la perseverancia en la fe, esté acompañada del amor a Dios y de la esperanza en la venida del Señor Jesús.
Ev.-Jesús es puesto a prueba por los saduceos, pero responde con sabiduría a la dificultad planteada y evidencia la ignorancia de sus adversarios sobre los sagrados libros en los que no se dice que la existencia futura de los resucitados sea idéntica a la vida terrena.
PARA LLEVARLO A LA VIDA
los saduceos (clases superior del sacerdocio) no admitían en su sistema doctrinal la resurrección, que sin embargo, desde la difusión del libro de Daniel (12, 2-3) era aceptada en los círculos judíos religiosos. Con su sornuda pregunta pretenden ridiculizar a Cristo. Pero la respuesta de Jesús les deja sin argumentos y manifiesta lo absurdo del ejemplo que le proponen. Y es que creer en un Dios de vivos implica creer en una forma permanente de vida con él: la resurrección. Pero cuidado, sería incurrir en un antropomorfismo engañoso representar la resurrección como continuación de esta vida terrena.
Jesús, con la alusión a los ángeles, trata de advertir del orden nuevo que representa la resurrección y evitar el equivoco de una concepción demasiado material del más allá. Resucitar es ser anegados por la presencia de lo divino. Y como nuestra condición humana es material y nuestra experiencia del mundo espiritual es muy escasa, la expresión sobre el más allá es limitada ya pobre. Pero por eso mismo la nueva realidad impide una absolutización de la historia.
Jesús en su enseñanza sobre la resurrección, no recurre al libro de Daniel, cuyo carácter revelado era contestado por los saduceos, sino que se apoya en la incuestionable ley de Israel, (basa su argumentación en Ex 3,6). El argumento es sencillo: si Dios se ha declarado amigo de la vida en los patriarcas, lo será para siempre; porque el don de Dios permanece.
La resurrección es un don divino, ni es una transformación mecánica o ni un merecimiento consecuencia de una vida moral más o menos recta. Dios es quien nos resucita por pura gracia.Cuando se trata de realidades sobrenaturales y divinas es necesario estar abierto a lo imprevisto, al sorprendente proceder de Dios. Ante algo tan esencialmente sobrenatural como es la resurrección, incomprensible para el hombre, hay que emplear categorías de fe.

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