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Miguel P. León Padilla

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Miércoles, 24. Noviembre 2021 - 00:05 Hora
I Domingo de Adviento (ciclo C)

1L.- El inicio del Adviento se hace con el anuncio profético de un Mesías que será un vástago de David. El tronco de Jesé no puede secarse. Establecerá en la tierra la justicia y el derecho, él mismo será justicia, la de Dios, y a su paso todo lo dejará justificado.
2L.- El Señor vendrá y nos juzgará a todos sobre el amor. Mientras tanto, hay que creer sin medida en el amor y hay que pedir constantemente a Dios lo que todavía nos falta.
Ev.- Ante la observación hecha por algunos sobre la belleza del templo, Jesús vaticina su caducidad, el futuro de destrucción que le aguarda. Predice un cataclismo presentado como temblor de las potencias celestiales. Sigue a continuación la llegada del Hijo del Hombre, "Se acerca vuestra liberación".
PARA LLEVAR A LA VIDA
Comienza el Adviento, tiempo de prepararse a la venida de Cristo. La descripción de su llegada se hace en tono apocalíptico, con un lenguaje gráfico y metafórico, cuyo sentido no está en lo que se describe, sino en lo que sugiere: que es no el fin del mundo, sino de fin de este mundo injusto.
Los sucesos referidos: conmoción cósmica, angustia humana, presencia majestuosa del Hijo del Hombre... No se habla de desaparición sino de cataclismos. Es expresión de la nueva creación. Lo que está por venir no es un cataclismo cósmico, sino un futuro de dificultad al que sucederá una profunda transformación. No se tratará de un final, sino de la manifestación de la verdadera finalidad de toda la existencia humana. A esa situación caótica le sucede la irrupción de una figura majestuosa.
Las palabras de Cristo pretenden ser una invitación a vivir con la atención puesta en el reino de Dios, que está por llegar y a no desfallecer ante las dificultades.Frente a la incertidumbre y desesperanza, la llegada gloriosa del Hijo del Hombre, devolverá la ilusión, la certeza de nuestros mejores anhelos.
Alzad la mirada. Estad atentos. No os encerréis en una vida sin horizontes... Son interpelaciones que constituyen todo un programa de vida, la actitud que debe caracterizar a quien se llame cristiano. Vigilar es estar atento a lo fundamental y decisivo, cuando todo nos invita a la distracción o nos aturde, cuando nos vence el cansancio y el sueño. Vigilar es mantener los ojos bien abiertos en medio de la oscuridad. El que vigila está en pie, sostenido por la esperanza, a la expectativa de la sorprendente venida del Señor, pendiente de los signos de los tiempos, para responder en cada situación a las concretas exigencias del evangelio.
La esperanza cristiana no es simplemente estar a la espera, no es aguardar inactivo, sino preparar los caminos para la venida del Señor. La esperanza cristiana no es pasiva. Se sustenta con esperas activas, de vigilancia, de preparación; de ahí la necesidad de evitar todo modo de existencia que impida la apertura del horizonte. Hay que vivir con la mirada alta y los brazos ágiles, y evitar replegarse en una conformidad sin perspectivas, ni amplitud de miras ni horizonte. Espabilemos! Provechoso Adviento, herman@ mi@

Domingo, 14. Noviembre 2021 - 23:10 Hora
Solemnidad de Cristo rey del universo

1L.- En la visión del profeta, el Anciano es Dios, Señor de la historia; el "hijo del Hombre" es el "pueblo de los santos". Para la literatura apocalíptica, con la imagen del mesías, mediador de salvación: el "hijo del hombre", se anuncia el reino de Dios, que colma la historia y la rebasa. En su apariencia humana, es revelación del poder salvador de Dios.
2L.-Cristo es el punto Omega, al que converge toda la creación, y en el que esta pobre historia humana encontrará un final glorioso. Nuestra espera y esperanza no es meramente pasiva, sino decididamente activa, operante.
Ev.-El Reino de Dios, proclamado por Cristo, no es de este «mundo», no está sostenido por la fuerza, ni regido por los intereses terrenos o las leyes de este triste mundo.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Celebrar la fiesta de Cristo Rey es reconocer a Jesucristo como testigo de la verdad, como Señor del mundo y de los hombres.
Sabiendo los judíos que a Pilato sólo le interesaba lo político, en su acusación contra Jesús, tergiversan el sentido de su mesianismo. Le acusan de pretender ser un rey político y, gracias a esa falsa acusación, se manifestó: que es rey, en propiedad, el único y auténtico rey.
Pilato no había tomado en serio la acusación pero interroga a Cristo. Sin embargo, Jesús le contesta hablando de un extraño reino que no es de este mundo, que no se apoya en la fuerza ni se defiende con las armas. Pilato no le entiende y le pide que conteste claramente, si es o no rey. Jesús afirma que es rey, pero el sentido de su reinado no es atestiguar la verdad.
Pilato no busca la verdad, sino una causa para justificar su sentencia. No puede comprender que un hombre, por amor a la verdad, se deje matar. Por eso pregunta escepticamente: "¿Qué es la verdad?" Y sin esperar respuesta, lo entrega y se lava las manos. Para sus verdugos todo es una burla: la coronación, la aclamación popular, la entronización. Pero este rey escarnecido por los romanos y rechazado por los judíos, es el verdadero rey que ha sido "exaltado" en la cruz y glorificado por el Padre. Es rey que ha venido a servir y no a ser servido. Sus leyes se reducen al amor y son buena noticia para los hombres de buena voluntad. Es un rey tan extraño que no podía esperar la comprensión de los señores de este mundo. Pero para los que creen en él, es la misma fuerza y sabiduría de Dios. Y tú, a qué rey sirves?

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