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Homilías de José Román Flecha



Jueves, 25. Noviembre 2021 - 21:23 Hora
DOMINGO 1º DE ADVIENTO

MANTENERSE EN VELA

“En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en el tierra”. Con este oráculo de Dios el profeta Jeremías anuncia la llegada de un descendiente del rey David (Jer 33,14-16). Con él llegarán a su pueblo la justicia y el derecho. Este era un anuncio que despertaba en su pueblo la esperanza.

El salmo responsorial confiesa y proclama que Dios es bueno y es recto. Es más, esos atributos de Dios son expansivos. El Señor guía a los humildes por los caminos de la bondad y de la rectitud (Sal 24).

Por otra parte, San Pablo exhorta a los fieles de la ciudad de Tesalónica a rebosar de amor mutuo, a pedir a Dios el don y la virtud de la fortaleza y a mantenerse ante él con un comportamiento irreprensible (1 Tes 3,12-4,2).

LOS ASTROS Y EL MAR

En este nuevo año litúrgico que se inicia con el primer domingo de Adviento, el evangelio según san Lucas nos recuerda un discurso de Jesús que puede resultar muy inquietante a los lectores de hoy.

De hecho, Jesús anuncia unos acontecimientos temibles. Según él, habrá signos en los astros y resonará con fuerza aterradora el bramido del mar. Al percibir esos fenómenos de la naturaleza, las gentes se verán asaltadas por el desaliento y el temor ante lo que se le viene encima al mundo (Lc 21,25-36).

En el lenguaje profético y más aún en el estilo apocalíptico era muy habitual aludir a los fenómenos cósmicos. Con ello no se trataba de ofrecer una información científica sobre los cambios de la naturaleza.

Esta era una forma literaria para subrayar el poder de Dios. Y era también un modo de señalar la debilidad de las seguridades que los hombres suelen buscar en la naturaleza o en las instituciones humana.

EL MENSAJE

Ahora bien, en este mensaje profético de Jesús, se incluyen tres exhortaciones que son válidas siempre, pero especialmente en los tiempos de crisis.

• “Estad despiertos”. Con frecuencia somos víctimas del cansancio y de la rutina. Nos adormecemos y tratamos de acomodarnos. La fe nos exige mantenernos en vela para escuchar el paso de Dios por nuestro mundo y por nuestra historia personal.

• “Tened cuidado”. Con frecuencia nos dejamos seducir por las opiniones del ambiente. Llegamos a confundir el mal con el bien. La virtud de la esperanza nos invita a practicar un discernimiento cuidadoso sobre el camino que ha de llevarnos a un futuro de justicia.

• “Alzad la cabeza”. Con demasiada frecuencia nos centramos exclusivamente en nuestros proyectos e intereses. Caemos en la indiferencia frente a los demás. La virtud de la caridad nos exhorta a levantar la vista para descubrir al Señor en nuestros hermanos.

- Señor Jesús, este tiempo de Adviento es una llamada que nos invita a repensar nuestras actitudes ante ti. Queremos preparar con responsabilidad tu venida y tu manifestación a este mundo. Ayúdanos tú a vivir vigilantes y a mantenernos en pie ante ti. Ven Señor Jesús. Amén.


ORACIÓN-

PERMANECER EN VELA
“Estad siempre despiertos” (Lc 21,36)

Señor Jesús, muchas personas padecen insomnio y desearían poder dormir con tranquilidad. Por otra parte, otras muchas se ven aplastadas por el trabajo o distraídas por la rutina, de forma que se duermen en todas partes.

Tú sabes que el cansancio que se va acumulando a lo largo del día nos obliga a descansar, preferentemente durante la noche. Y sabes también que, con frecuencia, a medida que avanza la jornada, deseamos con intensidad el descanso nocturno.

Atenta a esa necesidad, la Iglesia pone en nuestros labios esta hermosa oración al terminar el día: “Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz”.

Ya sabemos que, en medio de una tempestad que se desencadenó sobre el Lago de Genesaret, tú dormías tranquilamente en la barca, Pero también sabemos que invitaste a tus discípulos a vigilar y orar para no caer en la tentación.

Así que tu exhortación a “estar despiertos” ha de tener un sentido que va más allá de la necesidad vital del descanso. Tú nos pides presar atención a la situación de este mundo, a las circunstancias que nos rodean y a las necesidades de nuestros hermanos.

Son muchas las ofertas de medios y de productos que embotan nuestros sentidos Y son muy atrayentes las numerosas voces que nos exhortan cada día a vivir despreocupados, ignorando el dolor de quienes nos rodean.

Tenemos que estar bien despiertos para percibir tu llegada a nuestra historia y para descubrir tu presencia en esta sociedad nuestra. No podemos ignorar que tú te acercas cada día a nuestra vida personal. Sería una pena saber que has pasado de largo junto a nosotros.

Señor Jesús, queremos permanecer vigilantes como el centinela que se siente responsable de las gentes que confían en él. Que tu Espíritu nos ayude a mantener despierta nuestra conciencia y nos conceda el don del discernimiento. Amén.

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