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Homilías de José Román Flecha



Martes, 11. Agosto 2026 - 12:20 Hora
ASUNCION DE MARIA Y DOMINGO 20º DEL T. ORDINARIO /A

LA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

1.Retomando las palabras con las que Pío XII había proclamado el dogma de la Asunción de María a los cielos, el Concilio Vaticano II afirmaba: “La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59).
Eso no significa que hasta ese momento los cristianos no aceptaran ese misterio de la fe. Muchas de nuestras catedrales están dedicadas a la Asunción de María. Y los artistas la han representado con frecuencia.
2. La Asunción de la Virgen fue pintada por El Greco en un retablo para la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, de Toledo. Y Tiziano Vecellio la dejaba en el ábside de Santa Maria dei Frari, en Venecia.
Nosotros podemos repetir los versos que Lope de Vega dedicaba a esta fiesta: “Hoy sube al cielo María, que Cristo en honra del suelo, traslada la casa al cielo donde en la tierra vivía”.
Para san Juan de Ávila, el día de la Asunción de María a los cielos es la fiesta de la libertad, de la gloria cumplida y de las esperanzas realizadas.
Y santa Teresa de Jesús cuenta que, en la fiesta de la Asunción de María, se le representó “su subida al cielo, y la alegría y solemnidad con que fue recibida y el lugar adonde está”.
3. Hoy es oportuno preguntarnos qué puede significar, en este momento de la historia, la celebración de la fiesta de la Asunción de María a los cielos.
• La Asunción de María nos muestra la gloria de Dios, que en ella ha logrado llevar a cabo su proyecto de salvación y de gloria para todos los humanos.
• Santa María, asunta a los cielos, nos comunica la certeza de poder participar en la resurrección de Jesucristo y en su triunfo sobre el mal y sobre la muerte.
• La Asunción de María nos indica el camino de la comunidad eclesial, llamada a acompañar al Señor en la cruz y a seguirlo un día en el reino de la luz.
• Santa María, asunta a los cielos, nos ayuda a comprender que la dignidad humana
nunca quedará humillada por la injusticia ni por el olvido.
• La Asunción de María nos descubre que todo lo nuestro, renovado por el amor y la gracia, ha recibido una promesa de glorificación y de paz.
• Santa María, asunta a los cielos, es un motivo de esperanza para todos los que ponen su confianza en Dios, en lugar de apoyarse en los ídolos de este mundo.
• La Asunción de María a los cielos puede ayudarnos a ser humildes testigos y portadores de un motivo de esperanza para todos nuestros hermanos.
 El papa León XIV nos invita a contemplar a nuestra Madre, para volver a encontrar la esperanza que no defrauda.

DOMINGO XX

LA ACOGIDA AL EXTRANJERO

“A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo… y mantienen mi alianza los traeré a mi Monte Santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración” (Is 56,6-7).
Superado el destierro en Babilonia, Israel parece abrirse a los extranjeros, siempre que acepten la alianza de Dios y observen fielmente el día del sábado.
En el salmo responsorial se manifiesta el deseo de que todos los pueblos reconozcan y alaben al Dios que ha liberado al pueblo de Israel: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 66).
San Pablo se alegra de que los extranjeros y paganos hayan sido llamados a la fe, aunque lamenta que sus hermanos judíos se resistan a creer en Cristo. Pero si todos compartieron la desobediencia a Dios, espera él que todos participen en su misericordia (Rom 11,32).

LA CONFIANZA Y LA SÚPLICA
El evangelio recuerda el encuentro de Jesús con una mujer cananea que le implora a gritos la curación de su hija (Mt 15,21-28). Su forma de invocar a Jesús denota una cierta
simpatía con el pueblo que espera a un Mesías de la casa de David.
Nos sorprende que una mujer, extranjera y pagana, se dirija a Jesús con el título mesiánico con que lo invocaban los ciegos de las tierras de Israel (Mt 9,27; 20,30) y las gentes
que lo recibirán a su llegada a Jerusalén (Mt 21,9). Es como si saliera de su ambiente para acercarse a la fe de los hijos de Israel (Mt 15,22).
Ante el silencio de Jesús, sus discípulos le piden que atienda a aquella mujer “Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros”. No pretenden desentenderse de ella.
Quieren que le “conceda” esa gracia, como el señor que perdona al deudor (Mt 18,27)
A la indicacion de sus discípulos, Jesús responde con unas palabras que parecen indicar su decisión de ignorar la petición de aquella extranjera: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

LA FE Y LA ORACIÓN
Sin embargo, esta mujer pagana insiste en la súplica que la ha sacado a los caminos para ir al encuentro de Jesús: “¡Señor, socórreme!”.
• “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.” Esta segunda respuesta de Jesús parece una alusión de complicidad a expresiones populares que se referían a los paganos con esa imagen del mundo animal.
• “Sí, Señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” La mujer retoma con gracia aquella imagen. Su respuesta sugiere que cuando se
manifiesta la bondad de Dios, a todos alcanza y se desborda.
• “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.” En su tercera respuesta, Jesús reconoce que la fe llevó a la mujer a buscarlo por los caminos. La fe la enseñó a orar y a invocarlo como Señor e Hijo de David.
- Señor Jesús, tu paso por nuestra vida nos revela cómo Dios se compadece de las muchas personas que sufren la enfermedad o el abandono. Tú que reflejas la misericordia de Dios, salva a los cercanos y también a los lejanos. Y a nosotros concédenos el don de adivinar sus dolores, de interceder por ellos y tratar de acercarlos a ti. Amén. “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”(Mt 15,22

ORACION Y COMPASION

1. El evangelio recoge la súplica de una mujer extranjera y tal vez pagana. ¿Somos conscientes de los sufrimientos que afectan hoy a tantos hombres y mujeres?
2. Esta mujer cananea sabe pedir compasión ¿Hemos aprendido a ver que los considerados como paganos pueden tener un profundo sentido religioso?
3. La mujer cananea invoca a Jesús como Señor. ¿Reconocemos con humildad su señorío sobre nuestras vidas y sobre nuestras decisiones concretas?
4. ¿Proclamamos nosotros y aceptamos el señorío de Jesucristo sobre los poderes de este mundo y sobre las estructuras que hemos creado en nuestra sociedad?
5. La mujer cananea invoca a Jesús como “Hijo de David”. ¿Recocemos las “semillas del Verbo” que pueden encontrarse en las culturas y religiones no cristianas?
6. Seguramente conocemos personas que tienen dificultades para aceptar la fe. ¿No tendremos que ayudarles a descubrir confiadamente la misericordia de Dios?
7. ¿Y yo, me reconozco como un discípulo de Jesús, dispuesto a acercar hasta él a las personas que lo buscan implorando su compasión?

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