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Homilías de José Román Flecha



Lunes, 19. Febrero 2024 - 22:33 Hora
DOMINGO 2º DE CUARESMA

EL HIJO AMADO

“Por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa” (Gén 22,16-17). En el primer domingo de cuaresma se recordaba el pacto de Dios con Noé. En este segundo domingo se nos presenta la alianza de Dios con Abraham.
Dios aprecia la obediencia de Abraham. ¿Pero es que Dios puede pedir a un padre que sacrifique a su propio hijo? ¿O habrá que leer el texto en su contexto histórico? Los
cananeos sacrificaban a sus primogénitos ante sus dioses de la fertilidad. Pero el Dios de Israel no quiere la sangre de los hijos sino la obediencia de los creyentes.
En la generosidad de Abraham se refleja su fe en el Dios que va dirigiendo sus pasos.
Nosotros nos hacemos eco de esa disponibilidad al repetir esta promesa: “Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor” (Sal 115).
Evocando la disponibilidad de Abraham, san Pablo recuerda la generosidad del mismo Dios. “El que no se reservó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?” (Rom 8,31-36).

TRES INDICACIONES
Todos los años, en este domingo recordamos el misterio de la Transfiguración de Jesús en lo alto de un monte. De la nube que refleja la gloria y la cercanía de Dios bajó este mensaje: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7). Al igual que los discípulos
predilectos del Maestro, nosotros escuchamos esas tres indicaciones
• Jesús es el Hijo de Dios. En un mundo que desprecia tan escandalosamente la paternidad, nosotros sabemos que no estamos huérfanos. Gracias a la palabra y la fidelidad
de Jesús, se nos revela que Dios es su Padre. Y es también el nuestro.
• Jesús es el Hijo amado por Dios. En una sociedad que considera el amor como un mero sentimiento o una ocasión para el placer, nosotros descubrimos que Dios es amor.
Gracias a Jesús se nos revela la cercanía, la compasión y la ternura de Dios.
• Jesús es el Maestro y el Profeta enviado por Dios. En una época en la que se escuchan las voces discordantes de los falsos profetas, nosotros descubrimos que Dios noshabla. Gracias a Jesús podemos escuchar la palabra de la verdad.

DISCRECIÓN Y ANUNCIO
Al bajar de la montaña, Jesús ordenó a sus discípulos: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”. Esas palabras nos
invitan a la reflexión y suscitan en nosotros la esperanza.
• En primer lugar, Jesús exhorta a los suyos a la discreción. Gracias al llamado “secreto mesiánico”, tan característico del evangelio de Marcos, Jesús rechazaba los falsos mesianismos del poder y del dominio.
• En segundo lugar, Jesús invita a los discípulos de entonces y de ahora a aceptar el misterio de su entrega y de su muerte y a prepararse para anunciar a todo el mundo su resurrección de entre los muertos.
- Padre nuestro que estás en los cielos, tú conoces nuestros temores y nuestro desaliento. En la transfiguración de tu Hijo amado nos has revelado tu gloria y tu amor. No podemos ignorar su vida, su muerte y su resurrección. Que su luz nos ayude a ser testigos convencidos y convincentes de tu bondad y de tu gracia. Amén.

LA GLORIA Y LA CRUZ
“Este es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7)
1. En el relato de la Transfiguración de Jesús, los discípulos oyen esa voz que baja de la nube. ¿Estamos dispuestos para escuchar una voz diversa de las voces que nos manipulan y desorientan?
2. ¿Qué dificultades se encuentran hoy para aceptar la paternidad humana como signo y revelación de la paternidad de Dios?
3. La voz que baja de la nube revela que Dios ama a su Hijo. ¿Descubrimos nosotros el amor de Dios en nuestra vida concreta?
4. En el Antiguo Testamento se invitaba a los hebreos a escuchar la palabra de Dios.
¿Prestamos atención nosotros a su voluntad y a sus mandamientos?
5. En los evangelios se afirma una y otra vez que Jesús es la palabra de Dios que se ha hecho carne en nuestra historia. ¿Creemos que en escucharle a él está nuestra vida?
6. ¿Qué puede significar hoy el misterio de la Transfiguración del Señor para la Iglesia y para cada uno de los cristianos?
7. ¿Estoy dispuesto personalmente a contemplar la gloria del Señor y aceptar su camino hacia la cruz y la resurrección?

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