Usted está aquí: Inicio

Homilías de José Román Flecha



Lunes, 8. Agosto 2022 - 11:51 Hora
DOMINGO 19 DEL T. ORDINARIO Y ASUNCION DE MARIA

UN PROFETA DISCUTIDO

“Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia”. Con esta acusación cuatro dignatarios de Jerusalén consiguen que el rey Sedecías les permita arrojar al profeta Jeremías a un aljibe en la patio de la guardia (Jer 38,4-6.8-10). Sin embargo, un extranjero llamado Ebedmélec, logra el permiso del rey para sacar a Jeremías de la cisterna.
Con el salmo responsorial proclamamos que solo de Dios puede venir la salvación del creyente que se atreve a denunciar la injusticia: “Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre la roca y aseguró mis pasos” (Sal 39).
Siempre ha sido peligroso escuchar la palabra de Dios y anunciarla con fidelidad. En la carta a los Hebreos se exhorta a los seguidores de Jesucristo a seguirlo hasta la cruz: “Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado” (Heb 12,3-4).

LA PAZ Y LA DIVISIÓN

También en el evangelio que se proclama este domingo se evoca la figura de Jesús como la de un profeta discutido (Lc 12,49-53). Además, se recuerda una pregunta suya que puede parecer muy desconcertante: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo la paz?”. En realidad eso es lo que generalmente se espera de él.
Según el anuncio de los ángeles a los pastores de Belén, Jesús había venido al mundo para traer la paz a los hombres que ama Dios (Lc 2,14). En su misión se incluía unir a los hombres y derribar las barreras que los separaban. Pero el mismo Jesús dice que su venida suscitará con frecuencia una dramática división entre los miembros de las familias.
De hecho, la experiencia nos recuerda los conflictos que la fidelidad a la fe en Jesucristo ha creado y sigue creando. Hay personas enfrascadas en los vicios que suelen martirizar a los miembros de su propia familia que se comportan como creyentes. Algo parecido ocurre con las personas que han abandonado la fe católica para pasarse a otra confesión.

EL FUEGO EN EL MUNDO

El texto evangélico pone en boca de Jesús una frase que se refiere a la situación que se había de dar en las comunidades cristianas. Pero también refleja la misión de Jesús y su previsión de profeta: “He venido a prender fuego en el mundo”.
• Durante su vida pública, las palabras y gestos de Jesús podían compararse con el fuego. Liberaban a unos de la frialdad de su indiferencia, pero a otros los abrasaban en el deseo de acallar aquella voz profética.
• A lo largo de toda la historia el fuego ha sido utilizado una y otra vez para terminar con la vida de muchos creyentes, pero también con algunos que eran considerados como no creyentes. De hecho, el fuego ha quemado a mártires y a herejes.
• Los cristianos de hoy pedimos al Señor que venga a prender fuego a nuestra existencia. Solo él puede quemar la hojarasca del mal y calentar nuestra voluntad. Solo él puede exhortarnos de verdad a servirle a él en nuestros hermanos más necesitados.
- Señor Jesús, sabemos y confesamos que tenías razón al presentarte como portador del fuego. Te rogamos que nos purifiques de los restos del mal, para que en este mundo nuestro podamos dar testimonio de tu amor y de tu fuerza. Amén.

EL FUEGO

“He venido a prender fuego a la tierra”
(Lc 12,49)

Señor Jesús, ya se ha convertido en una rutina hablar de la frialdad de nuestra fe y de nuestras convicciones. Hemos perdido el calor de las creencias más auténticas y más profundas. Hemos caído en la tentación o en la enfermedad de la tibieza.
Nuestra frialdad nos impide seguirte por el camino y dar testimonio de tu presencia en nuestra vida. Con mucha frecuencia observamos que los no creyentes son mucho más dinámicos y más convincentes en la defensa de sus ideas y sentimientos.
Sin embargo en el evangelio se nos da cuenta de una frase con la que tú parecías resumir tu propia visión: “He venido a prender fuego a la tierra”. Muchas veces nos preguntamos qué podrían significar aquellas palabras que parecían un programa de vida y al mismo tiempo una interpelación a los que te escuchaban.
Prender fuego a la tierra significaba que tu presencia no pasaba inadvertida. Ya en tu vida terrena, el fuego de tu palabra abrasaba las entrañas de aquellos que se habían propuesto acallar tu voz. Pero, al mismo tiempo, el fuego de tu mensaje liberaba a algunos de la frialdad de su indiferencia.
“He venido a prender fuego a la tierra”. No podemos olvidar aquella declaración tuya. Los cristianos de hoy te rogamos que vengas a prender fuego a nuestra existencia. Es necesario que vengas a quemar la hojarasca del mal, de la rutina y de la acedia.
Y, sobre todo, es necesario que vengas pronto a calentar nuestra voluntad. Tu fuego ha de impulsarnos a servirte, sirviendo a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados de compasión y de ayuda.
- Señor Jesús, recordamos que Juan Bautista había anunciado que tú bautizarías a las gentes con Espíritu Santo y fuego. Creemos que aquella promesa no era vana. Te rogamos que nos purifíques de los restos del mal, para que podamos dar testimonio de tu fuerza y de tu amor. Amén.

CADA DÍA SU AFÁN

ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

Algunos de nosotros todavía recordamos aquel día 1 de noviembre de 1950. Era Año Santo en Roma y el papa Pío XII definía como dogma de fe la Asunción de María a los cielos.
Al evocar este misterio, peregrinamos virtualmente hasta la hermosa iglesia de la dormición de María en el monte Sión, de Jerusalén, descendemos a la cripta y nos detenemos a orar ante la imagen yacente de María.
Mentalmente recordamos la pintura que Giotto dedicó a la Muerte de la Virgen, la grandiosa presentación de la Asunción de María, pintada por Tiziano para el ábside de Santa Maria dei Frari, en Venecia y la dramática representación del Tránsito de la Virgen que nos dejó Caravaggio.
Recordamos también la Coronación de Nuestra Señora, pintada por Rafael. Junto a la Madonna di Foligno, que se contempla en la Pinacoteca Vaticana, flanqueando la maravilla de la Transfiguración del Señor.
Para pintar la coronación de María, Rafael se inspiró en los evangelios apócrifos, que refieren el sepelio de María. Anotan además que, ante la insistencia de Tomás, llegado de la India ya pasado el funeral, los apóstoles acceden a mostrarle el sepulcro de María y lo encuentran vacío.
La alusión al perfume que de él se desprende ha sido evocada por Rafael mediante el recurso a las azucenas que nacen en el interior de aquel sarcófago.
En esta fiesta podemos también recordar los versos de Lope de Vega: “Hoy sube al cielo María, que Cristo en honra del suelo, traslada la casa al cielo donde en la tierra vivía”.
A san Juan de Ávila, esta fiesta le sugería una sencilla y poética exhortación: “Estemos muy atentos, y no perdamos de vista a esta Señora, tan acertada en sus caminos y tan verdadera estrella y guía de los que en este peligroso mar navegamos”.
• La Asunción de María a los cielos no resta ni un gramo a la gloria de su Hijo y Señor.
• La Asunción de María constituye una participación singular en la resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los hombres.
• La Asunción de María es la parábola de los proyectos desconcertantes de Dios y la revelación de los valores no evaluados por la historia.
• La Asunción de María anuncia la dignidad y el triunfo de la vida, aun en medio de un mundo donde parece triunfar la fuerza y la tristeza de la muerte.
• La Asunción de María proclama que es posible la esperanza en una sociedad a la que es necesario ofrecer un poco de consuelo.
• La Asunción de María promete a la Iglesia, y de paso a la humanidad entera, a la que ella es enviada, un futuro de gloria ya anticipado en María.
• La Asunción de María es un motivo de esperanza para todos los cristianos. Para todos los que tratamos de hacer vivible y significativo nuestro camino, siguiendo de alguna forma su propio camino.







Iniciar sesión