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Homilías de Javier Leoz



Lunes, 13. Julio 2020 - 12:02 Hora
DOMINGO XVI DEL T. ORDINARIO /A

San Mateo 13, 24-43: Nadar en dos corrientes


Sí; ¡Qué más quisiéramos una sociedad limpia! La realidad, mirémosla por donde la miremos, tiene sus contrastes:
- Paz y violencia
- Verdad y mentira
- Bienestar y diferencias sociales
- Fe e incredulidad
Y es que, un estado puro –en todo y sobre todo- es difícil conseguir, vivir y el alcanzar. Por lo menos cristianamente hablando.
1.- Mientras el mundo sea mundo. Mientras existan hombres y mujeres en él, nos tendremos que acostumbrar a nadar entre dos aguas: el bien y el mal.
Una vez más, para que este año paulino deje impronta en nuestras eucaristías, San Pablo nos recuerda que, frente a la debilidad, a los fracasos, a no ser lo que queremos o alcanzar lo que pretendemos, el Espíritu sale a nuestro encuentro. ¡Bendito sea el Señor! ¡Claro que sí! No tenemos derecho a la desesperanza. ¿Que todo no es orégano en nuestra vida? ¡Por supuesto! Pero tampoco tan malo ¿Que hay mucho de negativo a nuestro alrededor, en el campo que trabajamos :empresa, familia, política, economía, Iglesia, etc.? ¡Por supuesto! Pero también hay mucho de bueno y digno de admiración.
El ritmo, y los tiempos de Dios, son muy distintos a los nuestros. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Hacia donde tirar? Para empezar tenemos que ser pacientes. El mal, es como el aire, va a estar a nuestro alrededor mientras respiremos. Pero, al mal, se hace frente con dos escudos: el de la fe y el de la constancia.
Con el de la fe; porque sabemos que Dios sólo es perfecto y acudirá siempre al lado de aquellos que luchen en contra de todo lo que degrada a al humanidad
Con el escudo de la constancia; “Roma no se hizo en un día” dice el viejo proverbio. Y mientras esperamos la vuelta de Jesús de Nazaret, su definitivo retorno, a nosotros nos toca sembrar; depositar semillas de su Evangelio allá por donde pasemos. Uno de los grandes males de nuestra vida eclesial es precisamente ese: nos resignamos con frecuencia ante lo que concluimos son batallas perdidas (abandono de la fe, frialdad de muchas personas ante lo religioso, el desinterés por lo religioso, el ataque sistemático a la institución eclesial, etc.) Lo cierto es que, un amigo de Jesús, ha de tener la cintura, hemos de tener la cintura necesaria para enfrentarnos a circunstancias difíciles. Nunca, el Señor, nos dijo que el bien, la suerte o el éxito nos fueran acompañar de por vida. También es verdad que, el Señor, nos aseguró que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. ¿Cómo no ver los signos de su presencia en el aquí y ahora? ¿Qué no hay proporción entre lo que hacemos –a nivel evangelizador- y entre lo que recogemos? ¿Qué no merece la Iglesia tanta cizaña en los campos de la información o de la televisión? ¿Y nosotros? ¿Dónde está nuestra voz? ¿Dónde nuestra huella y la razón de nuestra fe?
2.- No sé, si alguna vez, os habéis acercado a una panadería (normalmente preferimos acercarnos hasta ella simplemente para recoger el pan…pero ¡cuánto esfuerzo detrás de todo!). Pues bien; el panadero, dentro de la masa, pone una pequeña cantidad de levadura. Luego, pacientemente –en cámaras frigoríficas o a la intemperie y con una temperatura idónea- aguarda el momento en el que la masa esté lista para ser cocida en el horno. El panadero, lejos de desesperar, espera y confía en todo lo realizado.
También nosotros, en medio de la gran masa que es el mundo, hemos de ser levadura. No podemos acostumbrarnos a ser salero, sino sal. No podemos pretender ser océano, sino gota de agua. No intentemos ser sol, sino rayos de luz. Y, esto, no es poesía. Es la vida misma: la vida cristiana. Una vida cristiana que nos dice que, con Dios, todo llegará a cumplirse. Y se cumplirá, no cuando nosotros queramos, sino cuando, Dios, el gran panadero, vea el momento oportuno de recoger toda la masa de la humanidad y distanciar, definitivamente, lo bueno de lo malo. Mientras tanto, ¡pues eso! A trabajar por Dios en donde haga falta y lo que haga falta

3.- ¿LEVADURA YO, SEÑOR?
Y, cuantas más veces me lo pregunto, Señor,
otras tantas Tú me contestas:
¡Te necesito como sal, y no como salero!
¡Como rayo de luz, no como gran astro!
¡Como gota de agua que calme la sed,
y no como torrente que inunde todo a su paso!
¿LEVADURA YO, SEÑOR?
Y, cuando veo lo que siembro y no recojo,
siento, una y otra vez, que Tú me respondes:
no te toca a ti exigir, sino sembrar
no te corresponde a ti recoger, sino abonar
no mires hacia atrás, pues quien lo hace,
corre el riesgo de no construir hacia delante.
¿LEVADURA YO, SEÑOR?
Y, la impaciencia, me invade, Jesús, y Tú lo sabes;
cuando me esfuerzo, y no fructifica mi trabajo
cuando hablo, y siento que pocos me escuchan
cuando cuido tu campo,
y apenas siento un agradecimiento humano
¿LEVADURA YO, SEÑOR?
Lo intentaré por Ti, mi Señor;
porque, bien sé, que Tú eres el dueño del tiempo
porque, bien sé, que Tú eres el Señor de la historia
porque, bien sé, que Tú vences sobre el mal y la mentira
porque, en lo invisible, sé que Tú sigues vivo y operante
¿LEVADURA YO, SEÑOR?
¡Lo intentaré contigo, mi Señor!
Incluso en medio del combate y de la desesperanza
A pesar de las contradicciones y las resistencias
Frente al maligno que lo invade y lo confunde todo,
te prometo, Señor, que intentaré ser levadura de tu Reino
Levadura que no se ve, pero hace crecer el pan de la fraternidad
Levadura que no se percibe,
pero sazona la dureza de los corazones
Levadura que, en justa medida,
haga que, mi mundo, tu mundo Señor,
sea un oasis de paz, de amor, de alegría y de fe.
¿LEVADURA YO, SEÑOR?
Dame un poco de tiempo
Dame un poco de tu fuerza
Dame un poco de tu Espíritu
Dame un poco de tu Evangelio…

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