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Homilías de Javier Leoz



Miércoles, 17. Julio 2019 - 11:31 Hora
DOMINGO XVI DEL T. ORDINARIO /C

DARSE Y ENTREGARSE… AL SEÑOR

Para los que nos encontramos inmersos en pleno verano, es bueno detenernos en este sugerente texto que en exclusividad, San Lucas, nos presenta. Merece la pena hacerlo por dos razones fundamentales:

-Porque, en el camino de la vida, necesitamos escuchar, detenernos y suministrar un poco de oxígeno al espíritu

-Porque, en un contexto social donde se echan en falta amigos o una mano que anime, el evangelio pone el acento en la acogida. Acoger es también un color fundamental en el cuadro de la vida cristiana.

1.- No podemos caer en la tentación, al escuchar el evangelio de hoy, de confrontar acción y contemplación. Las dos son necesarias para un cristiano. Siempre es bueno recordar la hazaña de un enamorado de los automóviles y de las carreteras. Viajaba, no se detenía ante nada ni para nadie; sólo pensaba en sí mismo y en su coche. Hasta que, en cierta ocasión, un consejero –de esos que saben aconsejar oportunamente y en el momento preciso- le dijo: tarde o temprano, amigo, tendrás que detenerte a repostar gasolina o no llegarás donde pretendes. Combustible y horizonte (lejos de oponerse) se complementan. Contemplación y acción (lejos de enemistarse) son necesarias para vivir con más calidad de vida, para preguntarnos sobre las grandes verdades de nuestra existencia.

2.- ¿Somos Marta o María? Podría ser el interrogante de este domingo. Por experiencia, también los sacerdotes, sabemos que el activismo no es bueno. Que, el exceso de trabajo, nos puede aislar de lo fundamental. Incluso, las prisas, los agobios, el hacer por hacer, nos puede transformar en simples autómatas. Hace ya algunos años Papa Benedicto XVI, al dirigirse a los sacerdotes sobre el Sacramento de la Penitencia, nos decía –y lo recuerdo como si hubiera sido hoy mismo—que “no practicar este sacramento, nos puede convertir en meros funcionarios”. Es verdad. Cuesta recluirse en el silencio, en lo que aparentemente no da fruto o, incluso en aquello que no nos gusta o que más sacrificio conlleva para nuestro modo de vivir. No siempre lo que produce satisfacciones inmediatas es algo que asegure la felicidad permanente.

3.- En el término medio, casi siempre, está la virtud. Jesús no desprecia, ni mucho menos, la entrega de Marta. Le indica que afanarse tanto, no merece la pena. Que con menos basta. Que, María, se ha detenido un momento para recuperar fuerzas y volver con más ímpetu a la vida. Jesús no ensalza a María porque no haga nada sino porque, siendo tan trabajadora como su hermana, ha sido inteligente y ha dicho “hasta aquí he llegado” es necesario contenerme para escuchar palabras de vida; un encuentro con Aquel que me va a dar luz para seguir adelante. En las dos hay algo en común: las dos se brindan: una, materialmente, y la otra espiritualmente. Y, por cierto, las dos cosas son recibidas por el Señor.

Que allá donde nos encontremos, y especialmente cuando nos encontremos sobrepasados por las circunstancias, responsabilidades u obligaciones, seamos capaces de romper con todo ello (por lo menos momentáneamente) y, buscando aquellos oasis de paz, de fe y de silencio, podamos reinsertarnos después pero con otro sentido y con otra amplitud de miras. Dios nos quiere inmersos en el mundo pero sin dejarnos comer o anular por él. ¿Lo intentamos?

4.- QUIERO DARME, SEÑOR

Como Marta, allá donde mi mano sea necesaria,

y como María, al silencio para estar contigo

Como Marta, para mitigar la sed del sediento

y, como María, para llenarme del agua viva de tu pozo



QUIERO DARME, SEÑOR

A Ti, que sales al encuentro del que te busca

y, también, allá donde mis hermanos reclaman mi presencia

A Ti, que buscas la mirada de mis ojos

y, a Ti, sin vivir de espaldas al necesitado de cariño

Sí, Señor; quiero darme y entregarme

Como, Marta, en los mil detalles de cada jornada

y, como María, arrodillándome ante el Misterio de tu Palabra

Como, Marta, no olvidando mis dones de generosidad

y, como María, no dejándote siempre para el final



QUIERO DARME Y ENTREGARME, SEÑOR

Sintiendo el gozo de ofrecerme con lo poco que tengo

y, sabiendo que estando Tú conmigo

no me faltará nunca tu aliento en mi caminar

Déjame, Señor, como Marta servirte con lo que soy

Déjame, Señor, como María sentarme a tu lado

Déjame, Señor, como Marta agasajarte

Déjame, Señor, como María mirarte a los ojos

QUIERO DARME Y ENTREGARME, SEÑO

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