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Homilías de Javier Leoz



Lunes, 13. Mayo 2019 - 18:16 Hora
DOMINGO 5º DE PASCUA /C

EL AMOR NO SE LUCE…CUESTA

El Arzobispo de Valladolid, en la apertura de la Plenaria de la Conferencia Episcopal española, señalaba estos días pasados: “La actitud de Europa cerrando fronteras es signo de debilidad”. Lo cierto es que, amar, cuesta. Y sobre todo cuando el amor exige renuncias, constancia, sacrificios e incluso poner en “solfa” el bienestar de algunos en beneficio de muchos . El amor –entonces- no sólo cuesta sino que nos asusta.
1.Perseverar en la fe nos anima a revisar siempre los caminos de nuestro vivir, pensar y actuar.
-Vivir como Cristo no solamente comporta imitar sus gestos: es llevar a cabo en el mundo su misma vida con nuestra propia vida.
-Pensar como Cristo no implica el defender a toda costa su pensamiento sino, entre otras cosas, condicionar todo lo que tocamos y regimos con la máxima del Evangelio.
-Actuar como Cristo no solamente es un “postureo” sino, entre otras cosas, nos lleva a ser impopulares y tenaces por defender otro modelo de vida que el que llevamos.
El Papa, en Lesbos (en su reciente escapada a la isla griega) o en sus constantes mensajes nos alerta de que la Iglesia, una y otra vez, está siendo sometida a un constante examen ¿Es fiel al Señor? ¿Es reflejo del Evangelio? Si San Pablo apareciese entre nosotros nos recordaría de nuevo aquello que, en la primera lectura, acabamos de escuchar: “hay que pasar mucho”. “El que algo quiere algo le cuesta” (dice un viejo refrán). La vida cristiana, tesoro escondido y perla preciosa para millones de personas, ha de tener una consecuencia: el testimonio vivo y convencido de lo que somos. El amor, como distintivo o la confianza en Dios, como seguridad, ha de ser uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene nuestro edificio cristiano.
2.¿Hay que pasar mucho? Tampoco es cuestión de exagerar. Nos cuesta ser signo de contradicción. Si comparásemos un poco la situación un tanto light en la que vivimos muchos católicos con aquella otra, radical y nítida, de los primeros cristianos, comprenderíamos que no es tanto lo que estamos sufriendo por nuestra fe (por lo menos en la mayoría de los países). La Iglesia, desde el mismo momento de su nacimiento, ha estado y lo sigue estando, sujeta a una constante purificación (y eso es bueno). Siglos después, con tantos acontecimientos y contradicciones, con luchas y pesares, con persecuciones o aplausos, seguimos apostando por Aquel en el que están puestas nuestras esperanzas y por el que, muchos de nosotros, ponemos la cara: Cristo.
¿Hay que pasar mucho? ¡Lo suficiente y justo! Defendiendo, sin temor ni temblor, nuestros ideales cristianos. Ofreciendo buenas obras y desparramando lo mejor de nosotros mismos, aún a riesgo de ser tildados de débiles o necios.
En este Año de la Misericordia, a punto de canonizarse Madre Teresa de Calcuta, pero teniendo como telón de fondo las 14 obras de misericordia (corporales y espirituales) podríamos preguntarnos si de verdad el amor que ofrecemos, damos, regalamos y brindamos lo lucimos o, al contrario, nos cuesta y a veces hasta nos duele.
¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Seguimos celebrando la Vida que Cristo nos da por su muerte en la cruz y en su resurrección gloriosa!



POR TI, SEÑOR
Daremos razón de tu nombre,
aunque, el hablar de Ti,
nos cause desasosiego o incomprensión
Ofreceremos, nuestras manos abiertas,
aún a riesgo de ser tratados como ilusos
de que, lo que damos o hacemos,
no sirve de nada ante un mundo
en el que sólo se valora lo que se paga
POR TI, SEÑOR
Miraremos al cielo buscando un rasgo de tu presencia
Miraremos hacia el duro asfalto
para llevar tu Buena Noticia
la alegría de tu ser resucitado
tu Palabra, como aliento y vida
tu rostro que tonifique nuestra triste existencia.
POR TI, SEÑOR
Amaremos, aún no siendo amados
Y, en medida rebosante y sin cuenta,
colmaremos y calmaremos
los corazones que necesitan paz
las almas que se han tornado en tibias
los pies que se resisten a caminar
los ojos que se han quedado en el vacío
POR TI, SEÑOR
Mantendremos, eternamente nuevo,
el mandamiento que Tú nos dejaste:
amar, sin mirar a quién
amar, sin contar las horas
amar, con corazón y desde el corazón
amar, buscando el bien del contrario
amar, buscándote en el hermano
POR TI, SEÑOR





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