Usted está aquí: Inicio

Homilías de Javier Leoz



Lunes, 20. Enero 2020 - 15:53 Hora
DOMINGO 3º DEL T. ORDINARIO /A

¿Para qué viene vd?


Así, con esta expresión “para qué viene vd” recibió el dueño de una casa, a un vendedor que decía ofrecer un producto excepcional, asombroso y a buen precio. El inquilino ni se molestó en seguir la conversación. Cerró la puerta y en busca de mejor reconocimiento.
El Bautismo del Señor, y su recuerdo en la semana pasada, nos ponen ya en el punto de salida de la razón de ser de la venida de Jesús al mundo. ¿Para qué? Podemos preguntarnos creyentes. ¡Para que! Pueden exclamar los incrédulos o tibios.
1.Ante la llegada de Jesús nadie puede quedarse indiferente. Su palabra acompañada del ejemplo y de la radicalidad empuja siempre a decantarse: o estamos con él, o lo dejamos de lado.
La conversión, entre otras cosas, es el fin primordial de la misión de Jesús. A muchos no les interesa que, lo sustancial, cambie. ¿A qué viene vd? Pero, por otro lado, nos encontramos con leyes que convierten el bien en mal, el capricho de unos pocos en imposición general o el criterio mutante de una sociedad, que ha perdido el norte en muchos aspectos, se nos presenta como ¡el no va más! Como el gran logro de los tiempos modernos. Como si, ser innovador –por ejemplo- sea sinónimo de renunciar a la dignidad de la persona humana o al sentido común. O como recientemente decía un nominado a cardenal: “por ser progre se puede caer en el ridículo”.
¿Y todavía nos preguntamos para qué y por qué vino Jesús?
-Entre otras cosas para darnos un poco de luz. ¡Son tantas las tinieblas que nos sacuden actualmente!
-Para hacernos comprender que, con su muerte, la nuestra es una experiencia que todos la tendremos pero que acabará en mañana de resurrección.
-Para animarnos a volver de caminos equivocados. Para que nuestros corazones, atenazados y volcados en lo simple, se dirijan al que lo mueve con autoridad y empeño: ¡Dios!
2.En este domingo, hermanos, también Jesús pasa por nuestro singular lago de Galilea: en el trabajo, familia, parroquia, noviazgo, sacerdocio, instituto, escuela o universidad, nos sigue diciendo “venid y seguidme”. Y es que, en esos ámbitos, es donde hemos de demostrar, y ya no tanto señalar cuanto vivir, que somos de los suyos.
Jesús no ha venido para permanecer eternamente niño recibiendo adoración y presentes en Belén. El Señor se ha lanzado a la tierra para hacernos comprender que el camino del amor es una senda privilegiada que nos conduce al cielo. Para hacernos entender que, si Dios es Padre, también nosotros somos hermanos.
Fue una persona entregada totalmente a su misión. ¿Lo somos nosotros? ¿Damos testimonio o somos altavoz de ese Jesús que decimos llevar dentro y que, en la iglesia, lo profesamos con un tímidamente “sí, creo”.
“Verdades a medias, grandes mentiras”, dice un viejo adagio. Su misión es la nuestra. No podemos quedarnos de brazos cruzados o ser católicos de salón de estar (Papa Francisco). Ser bautizados exige ponerse en movimiento. Que nuestra verdad, ser cristianos, sea auténtica: sazonada por las buenas obras, animada por una confianza que nos hace dinámicos y alegres y completada por una caridad que nos convierte automáticamente en “otros cristos” que dan, lo que tienen y pueden, sin llevar cuenta de cómo y a quién lo ofrecen.
Qué sugerente aquel encuentro de un creyente con un bondadoso. “Soy creyente pero me falta la capacidad para dar sin pensar lo que doy”. Y la respuesta del segundo; “dime, por favor, cómo ser creyente, porque yo doy pero me resulta difícil pensar en Dios”.
Nuestro testimonio, nuestra alegría, nuestro encanto personal y eclesial. El firme convencimiento de lo que llevamos entre manos, nuestra perseverancia pueden ayudar, ¡y mucho! a este mundo que, aunque aparentemente reniegue de Dios, como apuntaba recientemente el Cardenal de Madrid, se encuentra triste y tremendamente solitario.

ORACIÓN

CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Para apoyarte en aquello que, para el mundo y para nosotros,
Tú tienes pensado
Y trabajar, sin desmayo ni tregua,
para que muchos o algunos encuentren su felicidad en Ti.
CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cuando me dices “sígueme”
siento que, todavía, no te conozco lo suficientemente
Que, soy cristiano sin saber lo qué significa
y que me da miedo seguirte por lo que ello implica
CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cada día, nos das una oportunidad para seguirte
Una hora en la que decir “sí” o un “no”
Porque, siendo jóvenes, mayores o ancianos
Tú pasas por la orilla de nuestra vida
pidiendo algo tan grande como personas
que crean, esperen y te amén a Ti, Señor.
¿DARÉ MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¿Dejaré algo por Ti?
¿Haré algo por tu Reino?
¿Sacaré mis excusas para quedarme sentado en lo mío?
¿CÓMO DAR MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¡Ah! ¡Ya lo sé, Señor!
Dejando que Tú, conviertas todo lo que en mí, Señor
está un tanto desorientado y pervertido.
¡Gracias, Señor!















Iniciar sesión