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Homilías de Javier Leoz



Lunes, 18. Enero 2021 - 11:41 Hora
DOMINGO 3º DEL T. ORDINARIO /B

San Marcos 1, 14-20: El tiempo y el plazo de Dios

1.- Estamos acostumbrados a poner límites a las cosas; préstamos, amistades, obras, estudios, trabajos, etc. Pero, para las cosas de Dios, parece que no nos preocupa demasiado.
A veces lo vemos tan lejano, que sentimos que Dios “alarga” siempre un poco más su paciencia con nosotros.
A veces lo sentimos tan bueno, que llegamos a pensar que, precisamente por ser tan bondadoso, tenemos derecho a exigirle que sea como nosotros, que piense como nosotros, que se apee una y otra vez de ese cielo y, se rebaje, hasta los límites más ilimitados que pretendemos imponerle.

2.- ¡Se ha cumplido el plazo! Decía Jesús en las orillas de Galilea. ¿Plazo para qué y de qué?
Plazo para vivir según Dios. Para no hacer una religión a la carta. Para recuperar el hondo sentido de nuestra vida cristiana.
Plazo para mirarnos más en el espejo de Jesús y un poco menos en esos cristales de colores que la sociedad de la opulencia cuelga delante de nosotros.
Plazo para estar contentos de haberle descubierto en ese “lago de nuestra existencia”. Todos tenemos una hora “x” en la que el Señor pasa, nos habla, nos llama, nos mira y nos dice: para ti, también se ha cumplido el tiempo. ¿Quieres colaborar conmigo?

3.- En este 2006, el Señor pasa por la orilla de nuestra vida. En este domingo, una vez más, ha dicho: “venid conmigo”. Y lo hemos dejado todo (televisión, amigos, comodidades, casa) para estar un momento con El, para rezar y celebrarlo con la comunidad. Necesitamos de estos espacios para que, Dios, repase las redes de nuestras almas y de nuestros corazones, y nos lancemos –sin miedo alguno- a dar testimonio de nuestra fe, razón de nuestra esperanza, alegría con nuestra vida.
Dios, aún siendo bueno y justo, confía en que vayamos cumpliendo con ese programa que se inició en el día de nuestro Bautismo. Si hay plazo para que un artista entregue su obra, para que un profesor acabe una asignatura o para que un pesquero regrese a puerto, también - el cristiano – tiene un vencimiento para dar muestras de su buen hacer, de que su fe es sincera, de que sus obras y sus palabras son un perfecto acorde.
Ha pasado el Señor y, lejos de mirarnos por encima de los hombros, nos mira frente a frente. Nos sienta en su mesa. Nos habla. Nos explica las escrituras y parte para nosotros el pan.

4.- ¡Feliz Eucaristía que nos trae la fuerza necesaria para no sucumbir en ese crecimiento personal, comunitario y eclesial al que todos estamos llamados!
--¡Feliz Eucaristía que, domingo tras domingo, nos da la posibilidad de hacer un pequeño balance de cómo va nuestro compromiso cristiano o el diálogo sincero con Dios!
--¡Feliz Eucaristía que, en el domingo, remueve las aguas de ese gran lago que tenemos en el corazón, para que Dios, pesque dentro de él, cosas que merezcan la pena!
--¡Feliz Eucaristía que, aquí y ahora, nos llena de esperanza y nos dice que con Jesús todo ha vencido, los tiempos mesiánicos están cumplidos y que es hora de tomarse en serio lo que llevamos entre manos!
Que no pase el tiempo y, aunque Dios nos vaya alargando los plazos para nuestra conversión, que pensemos que –día que pasa- es también día que no vuelve.

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