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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 18. Septiembre 2017 - 06:57 Hora
DOMINGO VEINTICINCO

DOMINGO VEINTICINCO (Mt.20,1-16).

“El Señor no está preso del esquema “tú me das, yo te doy”. Nada, ninguna obra humana por valiosa que sea, merece la gracia; si así fuese, ésta dejaría de serlo” (Gustavo Gutiérrez).

1.- Todos, aún los que nos llamamos cristianos, tenemos la tendencia de fabricarnos nuestro Dios a imagen y semejanza nuestra.
Por ello, es verdad lo que dice el teólogo jesuita Juan Antonio Estrada: “El Dios que tenemos corresponde a la personalidad que somos tanto grupal como individualmente”.
+ Nos hacemos nuestro Dios a nuestra medida.
+ Conformamos una figura de Dios que piense y quiera lo que nosotros pensamos y queremos.
+ Por ello, dice un autor, que “hay tantos dioses como creyentes”.
- Esto hace que el Dios en quien decimos creer la mayoría de las veces, quizá no sea el verdadero Dios sino un ídolo fabricado por nosotros mismos.
+ El profeta Isaías nos dice, poniendo estas palabras em boca de Dios: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos son los vuestros” (Is.55,8).

2.- La parábola del evangelio de hoy nos confirma esta idea: Dios no es como nosotros ni sus formas de ser y pensar son como las nuestras.
+ Nuestro mundo de hoy sólo entiende de economía.
+ En los partidos políticos ya no hay ideologías; a la hora de gobernar en casi nada se distingue un gobierno de otro.
+ Entendemos la vida como un negocio: “Tanto tienes, tanto vales”.
+ El dinero y sus intereses es lo que orienta nuestra actividad.
+ El dios-dinero es lo que define nuestra misma familia: los padres y los hermanos valen en tanto en cuanto que la herencia sea más grande.
+ El dios-dinero rompe con los valores más sagrados, sean morales, familiares o religiosos. Ya lo decía el famoso escritor español Don Francisco de Quevedo: “Poderoso caballero es don dinero”.
+ Confundimos la vida con una cartilla de ahorros y la ponemos al servicio de quien más intereses nos da.

3.- La parábola del evangelio en la que el patrón da a todos el mismo salario, aunque no todos hayan hecho el mismo trabajo
+ No es un canto a la vagabundería,
+ No es un canto a la vagancia,
+ No es un canto a la viveza: “Como sé que me van a pagar igual que a los demás, me aprovecho y que trabajen los otros.”
+ Tampoco es un regaño a quienes reclaman más salario porque más trabajaron.
+ La parábola no nos habla de economía ni de política laboral.

4.- La parábola quiere hablarnos, una vez más de Dios: De ese Dios que es distinto a todos los dioses que nosotros nos fabricamos y que piensa y se mueve por valores muy distintos a los que nosotros nos movemos.
+ Dios no es un banquero ni un capitalista.
+ Dios no es un empresario ni un patrón.
+ Dios es sólo corazón.
+ Dios es todo generosidad, bondad, gratuidad.
+ Dios no se mueve en el campo del interés sino en el mundo de la gratuidad:
+ Dios ofrece la salvación a todos y en todo momento.
+ Dios se da y se nos da sin interés personal alguno.
+ La salvación no es fruto de nuestros méritos. ES SÓLO GRACIA”.
- Como dice el teólogo Gustavo Gutiérrez: “El Señor no está preso del esquema “tú me das, yo te doy”. Nada, ninguna obra humana por valiosa que sea, merece la gracia; si así fuese, ésta dejaría de serlo”.
+ Jesús nos enseña, una vez más, que su Padre Dios y nuestro Padre nunca se mueve por el interés. DIOS SE DA GRATUITAMENTE. Por eso:
+.- nadie puede exigirle a Dios:
+.- Nadie puede alegar méritos.
+,- Nadie puede presentarle su currículum vitae.
+.- Nadie puede acercarse a Dios exigiendo.
- Nuestra fe tiene que ir siempre por el camino también de la gratuidad; no por la paga, como dice el poeta:
“Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera Cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera Infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero, no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera.”
- La parábola del evangelio viene a confirmarnos que en el mundo de Dios no existe la palabra “interés” y quienes creen en el Dios de Jesús, tampoco deben moverse por el interés.
AQUÍ TODO ES GRATUITO. COMO GRATUITO ES EL GRAN AMOR QUE NUESTRO PADRE DIOS NOS TIENE.


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