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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 17. Julio 2017 - 11:57 Hora
DOMINGO DIECISEIS

DOMINGO DIECISÉIS (Mt.13,24-30).

“Cuando conozco a alguien, no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano”
(Walt Whitman).

1.- Nuestro mundo, este mundo nuestro en el que nos ha tocado vivir, es verdaderamente un campo en el que, sin duda alguna, hay sembrado mucho trigo y mucha cizaña.
- Y es en este mundo nuestro, con trigo y cizaña, en el que tenemos que aprender a vivir, a convivir y a tolerarnos los unos a los otros, como nos dice Jesús en el evangelio de hoy (Mt.13,26-29).
- No todos pensamos lo mismo; pero todos tenemos que respetarnos, aunque seamos distintos y pensemos distinto.
- No todos enfocamos los problemas bajo los mismos principios; pero sí todos tenemos que escucharnos y dialogar con respeto buscando juntos el bien común.
- No todos tenemos las mismas creencias; pero todos tenemos que respetarnos en ese mundo sagrado e íntimo que llevamos por dentro.
- Por ello, si queremos vivir y convivir en paz en este mundo tan diverso:
+ Tenemos que armarnos de un profundo respeto.
+ Tenemos que aprender a tolerarnos los unos a los otros.
+ Tenemos que ser conscientes de que no podemos imponer nuestras ideas, sean políticas, sociales o religiosas, a la fuerza o con violencia, como pretendían los siervos del sembrador con la cizaña (Mt.13,28). Ya lo decía el escritor francés Henry Barbusse: “Con el respeto mutuo viene una gran fuerza en los momentos difíciles.”
+ No es a base de fanatismos, ni violencias o muertes como se depura este mundo nuestro, sino con las únicas armas del respeto a todos, aunque seamos diferentes.
- Si alguien tiene que ser consciente de todo ello, somos precisamente los creyentes, seamos de la religión que sea.
Decía el poeta estadounidense Walt Whitman: “Cuando conozco a alguien, no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano.”

2.- Va siendo hora de que en el siglo XXI sepamos izar todos la bandera del respeto y de la tolerancia.
- Ser tolerante no significa ser indiferente sino ser conscientes de que somos diferentes y nos respetamos mutuamente con nuestras diferencias.
- Ser tolerante no significa que nos dé lo mismo la verdad que la mentira, sino respetar al otro que tiene su verdad, aunque esa verdad sea muy distinta a la nuestra.
- Ser tolerante es admitir en los demás una manera de ser y de actuar, aunque ese ser y actuar sean distintos a los nuestros. Come dice Jorge E. Ceballos:
“Es la tolerancia una virtud muy digna
de aplicarla en este mundo que vivimos;
debe ser ante todo la consigna
para unir y jamás en dividirnos.

Aceptar al que piensa diferente
y acercarse a él con entereza
es permitir y crear amablemente
un lugar de verdad y de franqueza.

No excluyamos al que está del otro lado,
ni juzguemos su conducta y su conciencia
no dejemos que se sienta aislado,
es un signo de paz y convivencia.”
- Ser tolerante es aceptar el pluralismo y respetar la diversidad.
- El respeto mutuo, la tolerancia, como decía el escritor francés Víctor Hugo, “es la mejor religión.”
- Ser tolerante es esforzarnos por comprender que el otro y se merece el mismo respeto que yo quiero para mí.
Es verdad que, como decía el escritor francés Jules Lamaitre, “la tolerancia es una virtud difícil”; pero también es verdad que hoy es imposible convivir sin tener la virtud de la tolerancia.
- La tolerancia es el valor que nos une, nos abre los demás, nos da capacidad para poder dialogar y comunicarnos.
- La tolerancia es la causa y el fin de la verdadera libertad.
- Dios Padre, Jesús su Hijo y el Espíritu del Padre y del Hijo son el espejo a fijarnos para ser verdaderamente tolerantes y convivir como hijos de la libertad.
Lo nuestro, lo propio de los cristianos es ser “Buena semilla”, como nos dice Jesús en la parábola del evangelio (Mt.13,24.30). Es verdad, que al rededor nuestro hay gente que piensa de otra manera y ahí está el problema: El saber convivir juntos, respetándonos mutuamente los unos a los otros.

3.- Los cristianos no podemos imponer fanáticamente nuestra verdad y, mucho menos, emplear medios injustos o violentos contra quienes no son como nosotros. La misma historia de la Iglesia, por desgracia, debe saber muy bien las graves consecuencias que ha supuesto actuar de esta manera.
- Jesús “reprendió” a Santiago y Juan porque quisieron usar la violencia contra los samaritanos que no les recibieron (Lc.9,51-55).
- A quienes querían arrancar de raíz la cizaña que había surgido en el campo sembrado de trigo, Jesús les dijo: “Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.” (Mt.13,30).
- En el huerto de Getsemaní, unos de los que estaban con Jesús, al ver que quisieron prenderle, sacó una espada e hirió a un siervo del Sumo Sacerdote; pero Jesús se volvió a él y le dijo: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen la espada, a espada perecerán” (Mt.26,51-53).
- Jesús nunca impuso, siempre propuso; nunca pretendió usar violencia alguna para que le siguieran, siempre decía: “Si alguno quiere seguir en pos de mí…” (Mc.8,14).

4.- LO PROPIO, PUES, DE NUESTRO DIOS ES LA TOLERANCIA, COMO DEBE SER TAMBIÉN LO PROPIO NUESTRO, COMO SEGUIDORES DE JESÚS; POR ESO DECÍA SAN PABLO A LOS CRISTIANOS DE ROMA: “Haced todo lo posible para vivir en paz con todos” (Rom.12,18).
- Es mucho el camino a recorrer aún para que este mundo nuestro aprenda a vivir con tolerancia. Por desgracia, se sigue alimentando el fanatismo, el odio, la violencia, el desprecio al otro y hasta el derramamiento de sangre porque pretendemos imponernos por encima de los demás aún justificando todo ello con la palabra “Dios”.
- Decía Gandhi: “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”





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