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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Domingo, 13. Enero 2019 - 22:08 Hora
SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO

SEGUNDO DOMINGO (Jn.2,1-11).

“La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos” (Henry Ford)

1.- Al inicio de la narración de la vida pública de Jesús, San Juan nos narra el bello pasaje de las bodas de Caná de Galilea en las que estuvieron presentes María, Jesús y sus discípulos, (Jn.2,1-2).
En el caso de las bodas de Caná María aparece como una auténtica madre y una madre enriquecida de unos bellos sentimientos humanos y con los grandes valores de la fe-confianza.
- María siente el dolor de unos novios que ven cómo su fiesta matrimonial, la fiesta del amor, se va a transformar en una gran pena y dolor: “No tenían vino” (Jn.2,3).
- María se une al dolor de los novios y busca cómo poder echarles una mano.
- María, mujer sencilla, ve que no puede remediar su angustia y se acerca a Jesús para transmitirle el dolor de los novios que se hace también dolor suyo y pedirle su ayuda. Como dice el escritor brasileño Paulo Coehlo: “Para hacer frente al Buen Combate, necesitamos ayuda.”
- No se sabe, si María buscaba la ayuda de Jesús pidiéndole el milagro. La verdad es que Jesús, como siempre, está allí donde el dolor se hace presente para aliviar a quien lo soporta y dice a los sirvientes de la boda: “Llenad las tinajas de agua” (Jn.2,7), y convierte el agua en vino y en un vino mejor que el primero (Jn.2,9-10).
- Las palabras de María a los sirvientes, tuvieron su resultado positivo: “Haced lo que él os diga” (Jn.2,5).
+ La fe-confianza de los sirvientes hizo posible el milagro: “Llenaron las tinajas hasta arriba,” como les dijo Jesús, y probaron “el agua convertida en vino” (Jn.2,7-8), ¡y en un “vino bueno”! (Jn.2,10). Y es que, como dice el escritor británico Joseph Condar: “Enfrentarse, siempre enfrentarse, es el modo de resolver el problema.”
+ La fe-confianza de María hizo que los reveses en la vida de unos recién casados se convirtieran en momentos de ilusión gozosa, en una vida nueva con vino nuevo. ¡Cuántos problemas se arreglarían, si en vez de escondernos en ellos, los afrontáramos con toda esperanza! Ya lo decía el industrial estadounidense Henry Ford: “La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos.”
+ ¡Qué bien nos haría a todos hacer vida en nuestra vida las palabras que María dijo a los sirvientes de las bodas de Caná: “Haced lo que él los diga”! (Jn.2,5). ¡Seguro que también nuestra vida sería otra y la llevaríamos con más ilusión y esperanza, con la energía del vino bueno! ¡DIOS SIEMPRE CONVIERTE NUESTRA AGUA EN VINO!
+ Esta fue la decisión que el pueblo de Dios tomó con orgullo, cuando en el desierto del Sinaí dijo: “Haremos todo lo que el Señor nos ha dicho” (Ex.19,8).

2.- María en las bodas de Caná se nos presenta como la mujer-madre plenamente humana y como la mujer-madre plenamente cristiana:
- Los valores de la fe y los valores humanos van siempre de la mano en María. Así la vemos siempre en lo poco que nos dice el evangelio de ella:
+ María, la mujer creyente y humana, está siempre allí:
+.- donde falta el vino (Jn.2,1-3),
+.- donde se necesita su presencia (Hech.1,14).
+.- donde aparece el dolor del otro (Jn.19,25-27).
+.- Por eso, María se ha ganado a pulso el título de “SANTA MARIA DE LA SOLIDARIDAD”.
+ María, como mujer creyente, siempre dice: “He aquí la esclava del Señor” (Lc.1,38); pero, como mujer humana, María también dice: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Lc.1,34).
+ María, como mujer creyente, es testigo viviente de la fe ante su prima Isabel y por ello dice: “Alaba mi alma la grandeza del Señor” (Lc.1,46); pero, como mujer humana, María es la que se pone en camino para ayudar a su prima y se “quedó con ella unos tres meses” (Lc.1,39-40.56).
+ María, como mujer creyente, acepta con toda fidelidad y responsabilidad las palabras de Jesús en la cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn.19,26); pero como mujer y madre humana está allí junto a la cruz, sufriendo con su hijo y brindándole la fuerza de su amor (Jn.19,25).
+ María, como mujer creyente, “persevera en la oración “con los discípulos” (Hech.1,14); pero, como mujer humana está allí, junto al grupo de los apóstoles animándoles en los momentos en los que necesitaban valor y fe (Hech.1,14).
FE QUE NO NOS LLEVA A SER MÁS HUMANOS Y SOLIDARIOS CON QUIENES MÁS SUFREN, NO PUEDE SER UNA FE AUTÉNTICA.
Ya lo decía el escritor griego Homero: “Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga.”

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