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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 19. Octubre 2020 - 09:17 Hora
DOMINGO TREINTA

DOMINGO TREINTA (Mt.22,34-40).

1.- El escritor inglés ROBERT BROWNING decía:
“Haced desaparecer el amor, y la tierra se convertirá en una
tumba.”
- En el libro del DEUTERONOMIO se dice:
“Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé.
Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma y con todas tus fuerzas” (Deut.6,5).
- Y en el libro del LEVÍTICO se nos dice:
“No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu
pueblo. Amarás a tu prójimo como a tí mismo”
(Lev.19,18).
- En la respuesta que Jesús da a una pregunta llena de malicia que le hacen los fariseos, NO HAY NADA NUEVO que no estuviera ya en el Antiguo Testamento y que los mismos fariseos deberían haber aprendido muy bien y, sobre todo, haber puesto en práctica.
- LA NOVEDAD ESTÁ en la respuesta de Jesús: El amor a Dios y el amor al prójimo van juntos, de la mano.
- Para Jesús el amor a Dios y el amor al hombre forman un MATRIMONIO SIN DIVORCIO.
- Nadie puede decir que ama a Dios, si no ama a su hermano. San JUAN había entendido muy bien el lenguaje de Jesús y por eso, nos dice con toda claridad:
“Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es
un mentiroso… Nosotros hemos recibido de él este
mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su
hermano” (IJn.4,20-21).
- Una vez más Jesús nos hace ver que todo lo humano le interesa a Dios, así como todo lo divino debe interesarnos a los hombres. LO HUMANO Y LO DIVINO VAN SIEMPRE DE LA MANO para Jesús, así como también debe serlo para nosotros; por eso, nos dijo en otra ocasión:
“Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más
pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt.25,40).

- Es ley de lógica: Si Dios es Padre y Padre que sólo sabe amar hasta lo último a sus hijos, sólo desea ver que sus hijos se aman de verdad mutuamente.
- Y, si los hijos aman al Padre común, deben saber que la única manera de demostrar ese amor al Padre es comportarnos todos como verdaderos hermanos, unidos todos en un solo corazón.
- AMAR A DIOS, NUESTRO PADRE, POR LO TANTO, ES AMAR AL HERMANO Y AMAR AL HERMANO ES AMAR A DIOS, MUESTRO PADRE COMÚN.
ESTE ES EL FUNDAMENTO de la vida cristiana. LA BASE DE TODA LEY (Mt.22,40): EL AMOR.
- En esta página breve del evangelio de hoy (Mt.22,34-40) ESTÁ RESUMIDO todo el mensaje de Jesús.
- El evangelio sólo se puede entender desde estas palabras de Jesús: Amar a Dios y amar al hermano es una misma cosa.
- El amor a Dios y el amor al hermano están estrechamente unidos.
Como decía el filósofo danés KIERKEGAARD:
“El amor de Dios y el amor al prójimo son dos hojas de una
puerta que sólo pueden abrirse y cerrarse juntas.”
- El sacerdote y el levita de la parábola pretendían amar a Dios prescindiendo del amor al prójimo que estaba herido en la vera del camino (Lc.10,31-32); pero el amor a Dios que prescinde del hermano, ES UN FALSO AMOR.
- Sólo EL SAMARITANO que se acercó al herido y se preocupó por él, fue quien verdaderamente amaba a Dios, como Jesús nos enseña en la parábola.
- Vivir es amar y amar es vivir. Donde no hay amor, la vida falla, es una pobre vida.
El filósofo francés ROGER GARAUDY decía:
“Solo el amor salva de la muerte.”
Y el escritor francés OSCAR WILDE completa esa frase diciendo:
“Sólo el amor puede ayudar a vivir.”

2.- Este es EL GRAN RETO que tenemos los cristianos; esta es nuestra SEÑAL y esta es LA BASE de todo nuestro compromiso; pero también, por desgracia, la asignatura que no terminamos de aprobar.
- Quien cree en el Dios de Jesús está comprometido a amar a Dios a través del hermano.
- Al decir “creo”, estamos diciendo que HEMOS OPTADO POR EL AMOR, por poner todo nuestro corazón en Dios y en los hijos de Dios, nuestros hermanos.
- El cristiano que no ha aprendido este mandamiento básico, es un verdadero analfabeto en la fe.
Por eso San JUAN nos dice:
“Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es
amor” (IJn.4,8).
Y San Pablo decía:
“Aunque hable todas las lengua humanas y angélicas, si no tengo amor, soy como una campana que
resuena o un platillo estruendoso” (ICort.13,1).
“Aunque posea el don de la profecía y conozca los
misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una
fe como para mover montañas, si no tengo amor, soy
nada.” (ICort.13,2).
“Aunque reparta todos mis bienes y entregue mi cuerpo
a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve”
(ICort.13,3).
El célebre pintor holandés VAN GOGH decía:
“Yo siempre he creído que el mejor medio de conocer a Dios
es amar mucho.

3.- En el amor a Dios tenemos que poner:
“Todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra
mente” (Mt.22,37).
- Y El Padre es el primero que no falla en cumplir con esta ley, Él “nos amó primero” (IJn.4,19).
- Así mismo, con toda autoridad Jesús nos pondrá después en la última Cena hasta dónde debe llegar nuestro amor y cuál debe ser la meta a alcanzar en el amor:
“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los
otros. Que, como yo os he amado, así os améis también
vosotros los unos a los otros” (Jn.13,34).
ES DECIR: “hasta el extremo” (Jn.13,1), hasta la cruz.
- Por tanto, el amor a Dios y el amor al hermano sólo tiene una medida, como decía San Agustín: “Amar sin medida.”
- Así nos ama Dios, así nos amó Jesús y así debemos amar nosotros a Dios, amarnos a nosotros mismos y a los demás: Sin medida.
De ahí aquellos versos de GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER:
“Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la Tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.”
Con razón decía San ANTONIO DE PADUA:
"Dos cosas, el amor de Dios y del prójimo, hacen perfecto al
hombre."

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