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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 16. Enero 2017 - 07:15 Hora
DOMINGO TERCERO

DOMINGO TERCERO (Mt.4,12-23).

“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio; sólo el amor puede hacer eso” (Martin Luther King).

1.- Toda la vida pública de Jesús se desarrolló prácticamente en Galilea, una región mal vista en el pueblo judío.
+ Al mismo Jesús le echaban en cara que era galileo, como mofándose de él.
+ Así a sus discípulos les llamaban despectivamente “galileos.”
- La verdad es que es allí, en Galilea, en un pueblo que habitaba en las tinieblas, es donde Jesús pasa toda su vida pública dando su luz y dando la buena noticia del Reino, como nos dice el evangelio de hoy (Mt.4,12-17) y llama a sus discípulos para que le sigan (Mt.4,18-23).
- Con Jesús Galilea, “vio una luz intensa”; el paso de Jesús fue una llamada a la conversión, un pasó de la muerte a la vida (Mt,4,16).

2.- Nosotros estamos acostumbrados a gozar de la luz en todas las horas que lo deseamos, sea de día o de noche. No sé si alguna vez habrán pensado qué sería de nuestro mundo de hoy sin luz eléctrica.
+ El caos sería espantoso tanto en el tráfico, como en las grandes ý pequeñas industrias, en los edificios, en los hospitales. Empezarían a escasear los alimentos y a aumentar los delitos, los robos, la inseguridad...
+ Unos días sin energía eléctrica tendría consecuencias incalculables.
- Pero puede darse el absurdo de que en medio de un mundo lleno de luz, sus gentes vivan en una completa oscuridad por dentro.
- Hay gente que no sabe ni por qué ni para qué vive; gente desorientada, sin norte alguno en su vida. Como decía Martín Luther King: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio; sólo el amor puede hacer eso.”
- Hay gente metida en el oscuro mundo de la droga, de la corrupción, del egoísmo y la injusticia… Y, como dice el libro de los proverbios, “el camino de los impíos es oscuridad” (Prov.4,19).
- Hay gente que gira sólo alrededor de la necedad de la mentira, de la fachada, de las apariencias y, como dice el Eclesiastés, “el necio anda en las tinieblas” (Ecltes.2,14).
- Hay mucha gente incapaz de distinguir entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira. Vive en la oscuridad. Se parece a aquel hombre terco que ve un pedazo de jabón y le dice a su amigo que es un pedazo de queso. El amigo, al ver su terquedad, le dice: “Si estás tan convencido de que es queso, cómetelo”. El terco se comió el jabón y la boca se le empezó a llenar de espuma. El amigo le dijo entonces: “¿Te das cuenta de que es jabón?” Pero el terco le respondió: “Sabe a jabón; pero es queso”.
+ Hay gente que vive en la oscuridad porque siempre va con intenciones torcidas en la vida, como dice Jesús: “Si tu ojo es malo, todo tu cuerpo está en tinieblas” (Lc.11,34).
+ Hay gente que vive en la oscuridad porque es incapaz de amar, como dice San Juan: “Quien aborrece a su hermano, vive en tinieblas” (IJn.2,9).
+ Hay gente que vive en la oscuridad porque ha echado fuera de sí la fuente de la luz que es Dios (IJn.1,5). Thomas Fuller dice: “El hombre honesto no teme a la luz.”

3.- En el libro de los Salmos se pide a Dios muchas veces que nos dé su luz: “Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas me guíen” (Sal.43,3). “El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal.27,1).
- Los profetas invitaban constantemente al pueblo a que dejaran las tinieblas y se llenaran de la luz de Dios: “Pueblo mío, camina en la luz del Señor” (Is.2,5).
- San Mateo, en el evangelio de hoy, nos invita a ver a Jesús como la gran luz que puede iluminar nuestra vida, como decía el profeta Isaías: “El pueblo que habitaba en tinieblas, vio una luz grande” (Mt.4,16; Is.9,1).
- Y Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no anda en tinieblas” (Jn.8,12).
- Todo cristiano, como dice San Pablo, es “hijo de la luz” (ITes.5,5).
Se dice de Teresa de Calcuta que una vez entró a visitar a un anciano olvidado de todo el mundo. La habitación en la que vivía, estaba sucia y desordenada. La madre Teresa quiso limpiársela; pero el anciano le dijo: “Déjala; está bien así”.
La madre Teresa siguió mirando en la habitación y vio una lámpara llena de polvo y telarañas y le dijo al anciano: “¿Por qué no enciendes la lámpara?”. El anciano le respondió: “¿Para qué? Nadie viene a verme”. La madre Teresa le respondió: “¿La encenderías, si todos los días vinieran las hermanas a visitarte?” Y el anciano le dijo: “Si yo supiera que podría escuchar una voz humana en esta casa, la encendería”.
Así se hizo, y con el tiempo llegó una carta a la casa de las hermanas en la que se decía: “Díganle a mi amiga que la lámpara que prendió en mi vida, sigue luciendo.”
- Lo nuestro es vivir en la luz y ser testigos de la luz para quitar las tinieblas de este mundo.
- “Nuestra felicidad, como decía el religioso francés Henry Lacordaire, sólo depende de nuestra luz interior.”
- Por eso, Jesús, como nos dice el evangelio de hoy, recorría Galilea invitando a que le siguieran y fueran pescadores de hombres, portadores de su luz por todo el mundo (Mt.4,18-22), como sigue llamándonos también hoy a nosotros.
Ya lo decía el escritor chino Lin Yutang: “Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.”






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