Usted está aquí: Inicio

Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 21. Septiembre 2020 - 08:01 Hora
DOMINGO VEINTISEIS

DOMINGO VEINTISEIS (Mt.21,28-32).

1.- La parábola de los dos hijos que nos narra el evangelio de hoy (Mt.21,28-32), VIENE A DARNOS RESPUESTA a la siguiente pregunta: ¿Quién dice lo que somos la palabra o la vida?
La verdad es que hoy el mundo ESTÁ HARTO DE PALABRAS porque la palabra se ha devaluado, está dejando de ser creíble.
Como decía el poeta inglés ALEXANDER POPE:
“Las palabras son como las hojas. Cuando abundan, poco fruto hay entre ellas”
- El pueblo ya no cree:
+ En las palabras de LOS POLÍTICOS porque sus palabras
son un engañabobos; hablan y prometen mucho, pero luego
todo se reduce a sólo palabras que, además suenan siempre
a DEMAGOGIA Y MENTIRA.
+ LOS SINDICATOS han perdido también credibilidad ante
sus obreros por lo mismo: Abundan en palabras, pero a la
hora de la verdad no se las juegan por quienes deben
defender.
+ Los mismos ESPOSOS muchas veces no se creen, como
tampoco existe credibilidad entre PADRES E HIJOS.
Se habla mucho en el hogar, pero son palabras que luego no
terminan en realidades.
+ Nosotros mismos, los SACERDOTES, los cristianos, la
Iglesia, muchas veces no somos creíbles porque una cosa es
lo que decimos y otra cómo actuamos. La comunidad puede
decirnos a nosotros también:
“Médico, cúrate a ti mismo” (Lc.4,23).
- Nos estamos comportando como el segundo hijo de la parábola a quien el padre le dice: “Hijo, vete hoy a trabajar a la viña” y él le respondió: “Voy Señor”; pero luego no fue (Mt.21,30).
- La palabra ha perdido FUERZA Y CREDIBILIDAD. Ya no vale decir aquello que antes se decía: “Te doy mi palabra;” porque nuestra palabra tiene poca autoridad.
Como decía el escritor franco-alemán BARÓN DE HOLBACH:
“El don precioso de la palabra debe servir a los
hombres para comunicarse sus pensamientos,
para socorrerse mutuamente en sus necesidades,
para transmitirse las verdades útiles, y no para
destruirse y engañarse recíprocamente.”

2.- La enseñanza, pues del evangelio de hoy es bien clara: LA PALABRA SÓLO ES VÁLIDA Y CREÍBLE CUANDO VA ACOMPAÑADA DE LA VIDA.
- Por eso Jesús nos dice:
“No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino
de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que
está en los cielos” (Mt.7,21)…
“Por sus frutos los conoceréis” (Mt.7,16).
- Quien dice lo que somos, no es la palabra que decimos sino nuestro actuar.
+ Decir “sí” con la boca, pero “no” con la vida es desmentir la
palabra con los hechos. Como dice el REFRÁN:
“Donde las obras tras ellas no van, en balde palabras se
dan; mas cuando el hacer al decir se sigue, puede la
palabra decir lo que el corazón concibe.”
- Palabra sin vida NO TIENE AUTORIDAD, no es hoy creíble, como no era creíble la palabra de los fariseos a quienes Jesús les decía:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí” (Mt.15,8). “No imitéis su conducta, porque
dicen y no hacen” (Mt.23,3)
- Como decía también el apóstol SANTIAGO:
“La fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Sant.2,17).
- Quien le da, por tanto, garantía y autoridad a nuestras palabras, es la vida, nuestra manera de proceder y actuar.
Como decía el sacerdote católico alemán ADOLFO KOLPING:
“Las palabras bellas no tienen efecto alguno; los
hechos son los que hermosean al hombre.”
- Nosotros SOMOS, PUES, LO QUE HACEMOS Y ACTUAMOS, no las palabras que decimos.
Por eso, el pueblo judío se asombraba de las palabras de Jesús porque, como dice San MATEO:
“Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los
escribas” (Mt.7,28-29).
Y es que, como decía el ateniense DEMÓSTENES:
“Las palabras que no van acompañadas de los hechos, no
sirven de nada.”
- TODOS, DESDE LOS MÁS ALTOS A LOS MÁS PEQUEÑOS, NECESITAMOS REIVINDICAR EL VALOR DE LA PALABRA CON NUESTROS HECHOS; ASÍ SEREMOS TODOS MÁS CREÍBLES.
- La credibilidad NO SE CONSIGUE con muchas palabras sino con el testimonio de la vida.
LA VIDA es la mejor palabra. Quien vive lo que dice, tiene fuerza moral para ser creíble.
Ya lo decía el escritor español TIRSO DE MOLINA:
“Deje palabras quien ama,
que sin obras todas vuelan
porque palabras y plumas
dicen que el viento las lleva.”

Iniciar sesión