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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 14. Octubre 2019 - 06:51 Hora
DOMINGO VEINTINUEVE


DOMINGO VEINTINUEVE

“Con constancia y tenacidad se obtiene lo que se desea; la palabra imposible no tiene significado”
(Napoleón Bonaparte).

- La parábola de la “viuda” que insistentemente pide justicia hasta que la consigue (Lc.18,1-5), va de la mano de aquella otra, titulada del “amigo inoportuno” que a media noche va a su amigo a pedirle unos panes y no cesa en su petición hasta que el amigo se los da (Lc.11,5-8).
Las dos parábolas las dijo Jesús con la misma intención: “Les propuso esta parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc.18,1). “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Lc.11,9).
San Pablo les decía a los cristianos de Tesalónica también: “Orad constantemente” (ITes.5,17).
- La gran enseñanza de las dos parábolas es, por tanto: Constancia y perseverancia en todo; por supuesto, también en la oración. Dos valores humanos y cristianamente necesarios, si queremos conseguir algo en la vida.
El emperador francés Napoleón Bonaparte decía: “Con constancia y tenacidad se obtiene lo que se desea; la palabra imposible no tiene significado.”
+ La viuda del evangelio consiguió que se le hiciera justicia con su capacidad incansable de lucha (Lc.18,4-5).
+ El amigo logró que su amigo le diera los panes que necesitaba por su incansable petición (Lc.11,7-8).
- Los grandes científicos llegaron a descubrir cosas insospechadas en beneficio de la humanidad gracias a su tesón y perseverancia a pesar de los muchos fracasos que sufrieron; así les ocurrió a Edison, Julio Verne, Pasteur, Einstein…
Como decía el gran literato inglés Samuel Jhonsosn: “El éxito en la vida consiste en seguir siempre para adelante.”
- Los únicos que llegan a la meta son los que sudan y echan siempre para adelante, a pesar, muchas veces, del cansancio.
- La historia de la humanidad no la hacen quienes se dan por vencidos, derrotados o tiran la toalla ante la primera dificultad.
- Sólo la gente con constancia y tesón consigue aquello que se propone.
Como decía el poeta latino Ovidio: “La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia.”

2.- Hoy da la impresión, por lo difícil que se está poniendo la vida en todos los sentidos, que se está respirando un cierto ambiente de desánimo:
+ Hay muchas voces que dejaron de gritar porque creen que ya sus gritos no se escuchan.
+ Hay mucha gente desanimada y, sobre todo en la juventud porque creen que sus puertas se les están cerrando.
+ Hay mucha gente que se siente sin fuerzas y fácilmente tira la toalla porque se siente agotada.
+ Hay mucha gente que ha llegado a la conclusión de que no merece la pena complicarse la vida, pues son demasiados los palos que reciben.
+ Hay mucha gente que ha dejado de luchar y ha perdido la esperanza hasta en el mismo Dios. Y, como dice Federico García Lorca: "Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, ¿Qué antorcha iluminará los caminos en la tierra?".

3.- Pero, como dice la Madre Teresa de Calcuta: “Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad.”
- Dios, muerto Moisés, le dice a Josué: “Sé fuerte y valiente… No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé, tu Dios, estará contigo adonde quiera que vayas” (Jos.1,6.9).
- Dios nunca nos dirá “no me molestes”, como el amigo del amigo inoportuno (Lc.11,7), sino todo lo contrario: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Lc.11,9).
- Dios nunca se hará el sordo ante nuestras voces, como el juez de la viuda (Lc.18,2-4); por eso, nos dice: “Orad siempre sin desfalleced” (Lc.18,1).
- Jesús nunca tiró la toalla, ni siquiera en la cruz cuando parecía sentirse abandonado hasta de Dios (Mc.15,34); todo lo contrario, “dio un fuerte grito y dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc.23,46).
- Lo nuestro es la constancia en todos los momentos porque, como nos dice Jesús: "El que persevere hasta el fin, ése se salvará" (Mat.10.22).
Ya lo dicen los versos de nuestro romancero:
“Mis arreos son las armas,
mi descanso el pelear,
mi cama las duras peñas,
mi dormir siempre velar.”


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