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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 25. Mayo 2020 - 07:51 Hora
FIESTA DE PENTECOSTÉS

FIESTA DE PENTECOSTÉS (Jn.20,19-23).

“Nadie puede decir Jesús es el Señor, sino es por la fuerza del Espíritu,” como dice San Pablo (ICort.12,3).

1. - Se cuenta que, cuando Miguel Ángel terminó la estatua gigantesca del Moisés, la vio con tanta vida que le dio un golpe y le dijo: “¡Habla!”. Y es que, en verdad, a aquella escultura parece que sólo le faltaba el espíritu, el principio de la vida.
- La historia humana y cristiana nada son sin la presencia del Espíritu:
+ Para que la vida sea vida y merezca la pena vivirse, necesita estar animada por el espíritu. Nada en la historia se ha llevado a cabo por gente timorata y sin ánimo. Todo es fruto de la gente animosa, entusiasta y que echa siempre para adelante, es decir, de gente de espíritu y con espíritu.
+ Para que la fe se haga posible en nosotros, tiene que ser animada por el Espíritu: “Nadie puede decir Jesús es el Señor, sino es por la fuerza del Espíritu,” como dice San Pablo (ICort.12,3).
+ Para que la Iglesia sea y se mantenga como Iglesia de Cristo tiene que tener su origen, su fuerza y su vida en el Espíritu. El Espíritu es el alma de la Iglesia. Las etapas más florecientes de la historia de la Iglesia, han sido aquellas en las que la Iglesia se ha dejado llevar y guiar por el Espíritu de Dios sin temor alguno.
- Las grandes etapas de la historia de la salvación están llenas de la presencia del Espíritu de Dios:
+ Cuando Dios determina la creación del mundo, allí está presente el Espíritu de Dios, como nos dice el Génesis: “El Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie” (Gen.1,2).
+ Cuando el Hijo de Dios se va a hacer carne en las entrañas de María, allí está presente el Espíritu de Dios “cubriendo a María con su sombra” (Lc.1,35).
+ Cuando la Iglesia quiere dar sus primeros pasos y lanzarse al mundo a llevar a cabo la misión que Jesús le puso en sus manos, allí estaba presente el Espíritu de Dios, como nos dice la primera lectura de hoy (Hech.2).

2.- En nuestro mundo de hoy, en el de ayer y en el de mañana, necesitamos:
+ Mucha gente de espíritu y con espíritu, capaces de echar para adelante y construir el mundo que todos soñamos.
+ Mucha gente de espíritu y con espíritu, capaces de hacernos cambiar y así construir el hombre nuevo del que nos habla San Pablo en su carta a los Efesios (Efes.2,15).
+ Mucha gente de espíritu y con espíritu, gente valiente para dar la Palabra y renovar con su vida el aire contaminado, que muchas veces entra por las ventanas de la Iglesia y la destruye.
+ Mucha gente de espíritu y con espíritu que rompa el pesimismo y la desconfianza que nos siembra este mundo y nos abra a la esperanza que es el motor que nos empuja a seguir siempre hacia adelante.
+ Mucha gente que sea incapaz de “apagar el Espíritu” (Colos.5,19), la fuerza que nos anima a echar para adelante a pesar de todo y por encima de todo.

3.- Todos podemos gozar del Espíritu de Dios y de sus dones. El Espíritu de Dios no es propiedad privada de nadie ni para nadie; pero sí es don de todos y para todos.
- El Espíritu de Dios es riqueza que no se deja acaparar ni por Papas, ni monseñores, ni clero, ni carismáticos; pero sí se da a todos, sin distinción alguna, porque “sopla donde quiere” (Jn.3,8). Por eso escribe tan bellamente Loidi:
“¡Qué cabeza más redonda tiene usted, don monseñor! Pero la paloma no necesita buenos campos de aterrizaje. Usted cree que la tiene en exclusiva. Está usted muy equivocado, monseñor.
Al Espíritu no le engaña nadie, ni lo domestica. Es una paloma salvaje... Se posa donde quiere.
Un labriego y un jornalero tienen buena cabeza para el Espíritu. Y una mujer de casa también.
El Espíritu es libre ¿lo sabía usted? ¡Qué lástima que no lo aprendiera en sus años de seminario! Hay lecciones que no se estudian porque están en el prólogo... ¡Qué lástima que no aprendiera estas cosas en sus años mozos!”.

4.- Todos necesitamos y todos podemos gozar de los dones del Espíritu que nos hacen cambiar.
- Allí donde está el Espíritu:
+ Desaparece la esclavitud y se hace presente la libertad (2Cort.3,17).
+ Desaparece la cobardía y se hace presente el valor, la fuerza del espíritu que nos anima siempre a tener esperanza (Efes.3,16;2Timot.1,7).
+ Desaparece la mentira y se hace presente la verdad (Jn.16,13).
+ Desaparece el pesimismo y se hace presente la esperanza (Jn.16,7-13).
+ Desaparecen las diferencias y se hace presente la comunión (ICort.12,4-11).
+ Desaparece la tristeza y se hace presente la alegría de vivir (Rom.8,6).
+ Desaparece la corrupción de la vida y se hace presente la reconciliación (Jn.20,22-23).
Con razón decía el Papa Juan XXIII que “Pentecostés es todo un poema de luz, de gracia y caridad.”
¡ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR, Y NOS RENOVAREMOS TODOS: LA FAZ DE LA TIERRA, LA IGLESIA Y CADA UNO DE NOSOTROS! Como dice Verde M.:
“Espíritu Santo, ven en el nombre de Jesús:
Acompáñame, condúceme, toma mi vida.
Santifícame, transfórmame.
Resucítame, conviérteme, todos los días…
Fortaléceme, consuélame en mis pesares…
Libérame.
Espíritu Santo, ven…”


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