Pedro Heredia Martínez
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)
Miércoles, 7. Mayo 2008 - 13:54 Hora
Domingo de Pentecostés
1. - Se cuenta que, cuando Miguel Ángel terminó la estatua gigantesca del Moisés, la vio con tanta vida que le dio un golpe y le dijo: "¡habla!". Y es que, en verdad, a aquella escultura parece que sólo le faltaba el espíritu, el principio de la vida.
La historia humana y cristiana nada son sin la presencia del Espíritu:
- Para que la vida sea vida y merezca la pena vivirse, necesita estar animada por el espíritu. Nada en la historia se ha llevado a cabo por gente timorata y sin ánimo. Todo es fruto de la gente animosa, entusiasta y que echa siempre para adelante, es decir, de gente de espíritu y con espíritu.
- Para que la fe se haga posible en nosotros, tiene que ser animada por el Espíritu: "nadie puede decir Jesús es el Señor, sino es por la fuerza del Espíritu,” como dice San Pablo (ICort.12,3).
- Para que la Iglesia sea y se mantenga como Iglesia de Cristo tiene que
tener su origen, su fuerza y su vida en el Espíritu. El Espíritu es el alma
de la Iglesia. Las etapas más florecientes de la historia de la Iglesia, han
sido aquellas en las que la Iglesia se ha dejado llevar y guiar por el
Espíritu de Dios sin temor alguno.
Las grandes etapas de la historia de la salvación están llenas de la presencia del Espíritu de Dios:
- Cuando Dios determina la creación del mundo, allí está presente el Espíritu de Dios, como nos dice el Génesis: "El Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie" (Gen. 1,2).
- Cuando el Hijo de Dios se va a hacer carne en las entrañas de María, allí está presente el Espíritu de Dios "cubriendo a María con su sombra" (Lc. 1,35).
- Cuando la Iglesia quiere dar sus primeros pasos y lanzarse al mundo a llevar a cabo la misión que Jesús le puso en sus manos, allí estaba presente el Espíritu de Dios, como hemos visto en la primera lectura (Hech.2).
2.- En nuestro mundo de hoy, en el de ayer y en el de mañana, necesitamos
- Mucha gente de espíritu y con Espíritu, capaces de echar para adelante y construir el mundo que todos soñamos.
- Mucha gente de espíritu y con Espíritu, capaces de hacernos cambiar y así construir el hombre nuevo del que nos habla San Pablo (Efes.2, 15).
- Mucha gente de espíritu y con Espíritu, valiente, para dar la Palabra y renovar con su vida el aire contaminado, que muchas veces entra por las ventanas de la Iglesia.
- Mucha gente de espíritu y con Espíritu que rompa el pesimismo y la desconfianza que nos siembra este mundo y nos abra a la esperanza que es el motor que nos empuja a seguir siempre hacia adelante.
- Mucha gente que sea incapaz de “apagar el Espíritu” (Colos.5,19).
3.- Todos podemos gozar del Espíritu de Dios y de sus dones. El Espíritu de Dios no es propiedad privada de nadie ni para nadie; pero sí es don de todos y para todos.
El Espíritu de Dios es riqueza que no se deja acaparar ni por Papas, ni monseñores, ni clero, ni carismáticos; pero sí se da a todos, sin distinción alguna, porque “sopla donde quiere” (Jn.3,8). Por eso escribe tan bellamente Loidi:
"¡Qué cabeza más redonda tiene usted, don monseñor! Pero la paloma no necesita buenos campos de aterrizaje. Usted cree que la tiene en exclusiva. Está usted muy equivocado, monseñor.
Al Espíritu no le engaña nadie, ni lo domestica. Es una paloma salvaje... Se posa donde quiere.
Un labriego y un jornalero tienen buena cabeza para el Espíritu. Y una mujer de casa también.
El Espíritu es libre ¿lo sabía usted? ¡Qué lástima que no lo aprendiera en sus años de seminario! Hay lecciones que no se estudian porque están en el prólogo... ¡Qué lástima que no aprendiera estas cosas en sus años mozos!".
4.- Todos necesitamos y todos podemos gozar de los dones del Espíritu que nos hacen cambiar.
Allí donde está el Espíritu
- Desaparece la esclavitud y se hace presente la libertad (2Cort.3,17).
- Desaparece la cobardía y se hace presente el valor (Efes.3,16; 2Timot.1,7).
- Desaparece la mentira y se hace presente la verdad (Jn.16,13).
- Desaparece el pesimismo y se hace presente la esperanza (Jn.16,7-13).
- Desaparecen las diferencias y se hace presente la comunión (ICort.12,4-11).
- Desaparece la tristeza y se hace presente la alegría de vivir (Rom.8,6).
- Desaparece la corrupción de la vida y se hace presente la reconciliación (Jn.20,22-23).
¡ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR, Y NOS RENOVEMOS TODOS: LA FAZ DE LA TIERRA, LA IGLESIA Y CADA UNO DE NOSOTROS!
Martes, 29. Abril 2008 - 13:08 Hora
FIESTA DE LA ASCENSIÓN
FIESTA DE LA ASCENSIÓN
1. - Todo lo que tiene vida, está llamado a crecer. Así lo aprendimos, cuando éramos niños en la escuela: "las plantas nacen, crecen, se desarrollan y mueren... Los animales nacen, crecen, sienten... Las personas nacen, crecen, se desarrollan, sienten, piensan y mueren...”
Una de las características comunes de todo ser viviente es CRECER Y DESARROLLARSE. Por eso, decía Kierkegaard que “el yo no es algo que es, sino algo que será. Es una tarea”.
- Quien no crece ni se desarrolla, se atrofia.
- No estamos llamados a quedarnos con la misma estatura física y psíquica con la que nos dieron a luz.
- Las estructuras todas de un país, de una sociedad o de la misma iglesia deben estar enfocadas siempre hacia el crecimiento constante de sus pueblos, de sus ciudadanos o de sus feligreses. Unas estructuras estancadas en el ayer están condenadas a la muerte.
- Cuando Dios creó al hombre, le dijo: “crece y multiplícate” (Gen.1,28).
- Toda la vida de Jesús fue un crecimiento constante (Lc.2,40) hasta su ascensión, hasta llegar a ponerse en le sitio en el que tenía que estar, a la derecha de su Padre (Hech.2,34).
- Jesús mismo nos puso a los cristianos una meta que todos sabemos que es imposible alcanzar: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt.5,48). Pero, con ello, lo que Jesús quería decirnos es que “lo nuestro es crecer”, seguir siempre adelante y no contentarnos con los pasos ya dados. Decir: “Hasta aquí llegué”, es tomar la vía fácil de la comodidad y conformidad, es dejar de crecer.
2.- Nosotros, las personas humanas, estamos llamados a ser águilas; no gallinas de corral, a crecer en todos los sentidos, no a atrofiarnos.
Decía Papini que “No se pueden crear las águilas para tenerlas encerradas en gallineros”.
Todos estamos llamados
- A volar alto, no a arrastrarnos por suelos.
- A vivir la vida en plenitud, no a ir mendigando por la vida.
- A la perfección, no a ser perfeccionistas.
- A superarnos constantemente, no a hundirnos.
- A ver el sol por encima de los mismos nubarrones de la vida.
- A ascender, no a vivir sepultados en la tierra.
Los responsables de un país tienen la obligación
- de no estancarlo, sino echarlo hacia adelante.
- de velar porque sus ciudadanos crezcan cada día más en trabajo, en cultura, en valores, en bienestar social, económico y sanitario.
Los padres de familia no pueden contentarse con traer hijos al mundo; tienen como responsabilidad hacerlos crecer, como José y María hicieron con Jesús que "iba creciendo en edad, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres", (Lc.2,40).
Los responsables de las comunidades cristianas tenemos en nuestras manos la obligación de hacer crecer cada día más la vida de fe en todos y cada uno de nuestros hermanos, como urgía San Pablo a los cristianos de Corinto: "Hermanos, no seáis niños en mentalidad… sino hombres maduros” (ICort. 14,20).
El autor de la carta a los Hebreos critica también a los cristianos que se estancan y son incapaces de crecer: “Vosotros deberíais ser maestros después de tanto tiempo; pero es todo lo contrario... necesitáis beber leche y no alimento sólido... como si fuerais niños pequeños. A los adultos se les da alimento sólido." (Heb.5,12-14).
3.- Hoy celebramos en nuestras comunidades cristianas el que, no sólo el Padre le devolvió la vida a Jesús resucitándolo, sino que además le puso en el lugar que se merecía, "a su derecha" (Hech.2,34). JESÚS LLEGÓ A DONDE TENÍA QUE LLEGAR. SU VIDA FUE UNA ASCENSIÓN PERMANENTE HASTA QUE EL PADRE LE PUSO DONDE SE MERECÍA.
Lo nuestro no es quedarnos a mitad del camino, mirando como bobos las nubes del cielo (Hech.1,11); lo nuestro es también llegar a donde tenemos que llegar, luchando para madurar y crecer.
Mirar al cielo sí, pero como se mira a la meta, a la llegada al pico de la montaña: Sin dejar de caminar, sin dejar de subir, sin dejar de ASCENDER.