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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Domingo, 8. Diciembre 2019 - 21:05 Hora
DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO (Mt.11,2-11).

“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed por las obras” (Jn.10,37-38).

1.- Nuestro mundo de hoy es demasiado rico en palabras. Es necesario pasar de la retórica a la realidad. Hablamos demasiado; es la hora de hablar menos y hacer más. Hoy las palabras ya no son creíbles.
- Ayer la palabra tenía cierto valor:
+ Creíamos con facilidad en lo que el otro nos decía.
+ Entre nosotros se solía decir: “Lo juro"... "Palabra de honor"... “palabra de Dios”…
+ Ayer la palabra era moneda fuerte; era una joya creíble.
+ Hoy la palabra es tan abundante que está rebajada de precio, está devaluada; no es moneda fuerte.
+ Hoy vale más un papel que una palabra. Ni entre hermanos vale la palabra; Lo que vale, es el escrito y ante notario.
+ Hoy no "comemos cuentos"; no creemos al otro ni aunque se ponga en cruz.
- Y es que, como decía el fabulista griego ESOPO, “las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada;” por eso qué bien decía el premio nobel de literatura William Goldig: “Hay que reivindicar el valor de la palabra.”

2.- En el evangelio de este domingo (Mt.11,2-11), Jesús nos enseña la clave para que la palabra sea creíble.
+ Se le acercaron unos discípulos de Juan, el Bautista, y le preguntaron a Jesús: "¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?" (Mat.11,3). Y Jesús les respondió: “Id y decidle a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva” (Mat.11,4-5).
+ Jesús no les dio un rollo para demostrarles con un discurso lleno de palabrería que él era el Mesías esperado. Les dice: “Oíd y ved” (Mt.11,4).
- Y es que sólo la vida y los hechos confirman la veracidad de las palabras.
- Las palabras se hacen creíbles por la realidad de nuestra manera de obrar. No hay otro secreto para que la palabra sea creíble sino el secreto de los hechos.
- La palabra tiene autoridad, cuando va avalada por la vida. Por eso, decían de Jesús: "Este hombre sí que habla como quien tiene autoridad" (Mat.7,29).
+ De los fariseos nadie se fiaba porque "decían y no hacían" (Mat.23,3). Ya lo dice el REFRÁN: “Las palabras se las lleva el viento.”

3.- Por mucho que hablen unos esposos entre sí, si la vida no avala sus palabras, nunca se creerán el uno al otro.
- Por mucho que hablen los hijos con los padres y los padres con los hijos, si sus hechos dicen otra cosa, nunca se creerán los unos a los otros.
- Por mucho que nos hablen los políticos, y de eso ya estamos bastante saciados, como luego la realidad diga otra cosa, el pueblo seguirá quitándoles la confianza.
- Por mucho que hablemos los curas, si nuestra vida no es ejemplar, no tenemos autoridad porque lo que hablamos no lo vivimos, nuestras palabras serán vacías, no servirán para nada.
- Por mucho que digamos: "Señor, Señor… Si no hacemos la voluntad del Padre Dios", (Mat.7,21), esa oración es inútil.
- San Juan les decía a sus comunidades cristianas: “Mi hijitos, no amemos de palabras ni de lengua, sino con hechos y de verdad" (IJn.3,1 8).
- Decimos muchas palabras que no sirven para nada, no tienen autoridad porque no van avaladas por la vida. Por ello decía el poeta inglés ALEXANDER POPE: “Las palabras son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas.”
- Sólo hay un secreto para que nuestras palabras sean creíbles: El testimonio de nuestra vida.
- ¡Ojalá nosotros podamos tener la autoridad de Jesús para decir como él dijo a los judíos!: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed por las obras” (Jn.10,37-38).

4.- Estamos cercanos ya a esa fiesta que los cristianos no podemos sino celebrar con todo el corazón. No es cuestión de decir sólo “feliz Navidad”. La Navidad es la gran noticia: Dios viene en busca del hombre, a abrazar a todo hombre. Lo nuestro es, pues, corresponder a ese gran amor, llegando a Belén para ofrecer a ese Niño-Dios el gran tesoro de nuestro corazón.

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