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Pedro Heredia Martínez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)

Lunes, 22. Enero 2018 - 08:15 Hora
CUARTO DOMINGO DEL AÑO

DOMINGO CUARTO (Mc.1,21-2)

1.- La verdad es que hoy se suele hablar mucho de la crisis de autoridad en nuestros políticos, gobernantes, profesores, padres de familia y del mismo clero. Cuando hablamos de tantos problemas, como estamos sufriendo todos, solemos terminar diciendo: “¡Es que no hay autoridad!
- Nosotros, en nuestro lenguaje ordinario, solemos confundir con mucha frecuencia “autoridad y poder” y, la verdad es, que son dos cosas completamente distintas; se puede tener mucho poder y no tener autoridad alguna. Jesús no tenía ni quería el poder; pero sí gozaba de una gran autoridad.
- Yo creo que lo que nos sobra hoy es poder y lo que nos falta es autoridad.
Nos sobra poder porque
+ Todo se nos pretende o pretendemos imponer a la fuerza.
+ Todo queremos hacerlo a lo macho.
+ Todos tenemos un mucho o un poco de tiranos.
+ Todos tenemos siempre a la mano el látigo de la violencia física, verbal o psicológica.
+ Todos quisiéramos tener metidos en un puño a los demás. Como decía el filósofo alemán NIETZSCHE: “Cuando me encuentro con una criatura, encuentro la voluntad del poder.” El poder, como decía Jesús a sus discípulos, fácilmente degenera: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros.” (Mc.10,42-43).
Ya lo decía el filólogo inglés Sir William Jones: “Mi opinión es que siempre se debe de desconfiar del poder, no importa en manos de quién esté.”
Sin embargo, a todos nos falta mucha la autoridad:
- La autoridad convence sin sermonear, sin gritos, sin amenazas, sin imposiciones, sin opresiones.
- La autoridad convence por la coherencia de la vida, por el testimonio de los hechos.
- LA AUTORIDAD SIEMPRE ES CREÍBLE PORQUE LA PALABRA VA ACOMPAÑADA DE LA VIDA. LA AUTORIDAD ES EL FRUTO DE LA COHERENCIA ENTRE EL HABLAR Y EL ACTUAR.

2.- HOY EXISTE UNA GRAN CRISIS DE AUTORIDAD; POR ESO, SURGE CON TANTO DESCARO EL PODER QUE APLASTA Y MIENTE.
- Nuestros políticos pueden tener mucho poder; pero muchos de ellos no tienen autoridad alguna; les falta prestigio moral, no son creíbles, se sienten dueños absolutos de todo y de todos. Los pueblos no necesitan de poderes que mienten y aplastan sino de servidores dignos de crédito.
- Los padres muchas veces no convencen porque no tienen autoridad sino poder. Como decía un hijo: “Nuestros padres imponen una disciplina en nombre de un ideal que ni ellos creen.” La verdad es que sólo se puede educar con el ejemplo por delante. Necesitamos de padres que se impongan no por la violencia del poder, sino por la riqueza de su autoridad.
Anthony de Mello, en su libro “Un minuto para el absurdo” cuenta que “un Maestro decía a sus discípulos en cierta ocasión: “Cuando yo era adolescente, mi padre me previno contra determinados lugares de la ciudad. Recuerdo que me decía: “Hijo mío, no vayas nunca a un night-club.”
Y yo le preguntaba: “¿Por qué, papá?” Y él me respondía siempre: “Porque en los night-club puedes ver cosas que no debes ver”.
Aquello me despertaba en mí mucha curiosidad. Por eso, cuando se me presentó la primera ocasión, entré en un night-club.
Y los discípulos le preguntaron al Maestro: “Maestro, ¿y vio algo que no debería haber visto?” Y el Maestro les respondió: “Ciertamente que sí; vi a mi propio padre”.
+ Los padres podrán tener mucho poder para prohibir y castigar; pero, si no tienen autoridad, los hijos nunca les creerán.
+ Los mismos hijos no terminan de convencer a los padres por muchas voces y gritos que les den. Les falta fuerza moral, autoridad; están llenos, muchas veces, de mentira y falsedad y eso hace imposible el que los padres puedan confiar en ellos. El mundo necesita de jóvenes capaces de transformarlo, no por su rebeldía sin causa, sino por la riqueza de su autoridad.
- Esto mismo ocurre con nosotros, los sacerdotes y la iglesia, en general. Si no tenemos autoridad, fuerza moral, nuestra palabra será una palabra vacía y el evangelio que predicamos a nadie podrá convencer.
- El evangelio no necesita de dictaduras clericales sino de misioneros con autoridad, dignos de crédito ante quienes la gente pueda también decir, como a Jesús: “Este sí que habla como quien tiene autoridad.”

3.- La gente se admiraba de Jesús, no porque era un poderoso más, como los poderosos de este mundo, sino por su autoridad; su palabra era creíble, como nos dice San Lucas: (Lc.4,32) porque entre lo que decía y hacía, se daba una perfecta coherencia.
Y San Mateo y San Marcos nos dicen que la gente se asombraba de la doctrina de Jesús porque “les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas” (Mt.7,28-29; Mac.1,22).
- Pero, si la gente se asombraba de la manera nueva (Mc.1,27) de enseñar Jesús, mucho más “pasmados” se quedaban de su amanera de actuar liberando al hombre de sus cadenas, como lo hizo con el hombre poseído por un espíritu inmundo: “Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen” (Mc.1,28).
- Jesús se ganó su autoridad a pulso, sus palabras siempre iban de acuerdo con su vida y no como las palabras de los escribas y fariseos que “que dicen y no hacen” (Mt.23,3).
- Este es el gran reto que hoy nos presenta el evangelio a todos nosotros, a la Iglesia entera, desde el Papa al más pequeño de los cristianos: NO ES CON PODER COMO VAMOS A CONVENCER DE LA BUENA NOTICIA DE JESÚS A ESTE NUESTRO MUNDO, SINO CON LA AUTORIDAD, LA COHERENCIA ENTRE NUESTRA PALABRA Y NUESTRO HACER.

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