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Miguel Funes Gálvez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Jaén.
En la actualidad, está adscrito a la Parroquia de San Miguel de Jaén, como Párroco Emérito, además es Canónigo Emérito de la Catedral de Jaén.

Lunes, 17. Febrero 2020 - 12:07 Hora
DOMINGO 7º DEL T. ORDINARIO /A

DOMINGO SÉPTIMO Lv 19,1-2.17-18; Sal 102; 1 Cor 3, 16-23; Mt 5 38-48

Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto

De la simple lectura de los textos litúrgicos surge este cuestionario obligado: ¿entendemos bien lo que queremos decir que somos templos del Espiritu Santo?, ¿para que sirve el afirmar que somos templos vivos de Dios en una sociedad tan mercantilizada?, y ante tanta agresividad ¿conocemos bien quienes son los enemigos que profanan este Templo?
Sírvanos de orientación que si queremos ser discípulos de Cristo nuestra alternativa es amar a Dios y al prójimo, y que el principio fundamental de nuestro comportamiento moral se centra en el imperativo : “sed perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto”.

El tema del amor de la 1ª y 3ª lectura tiene su base en la 2º, que expone la actitud humana de la que brota el amor. El listón Cristo lo ha puesto alto para superar la ley de talión, pues un cristiano ha de emprender su obra repitiendo con los Cruzados “Dios lo quiere”.

Ese breve poema de Lichtwew, que hemos comentado en otra ocasión, ilustra nuestro tema: Un rey tenía 3 hijos y entre todas sus posesiones lo más valioso era un brillante sin par. Perplejo a la hora de repartir sus bienes, reservó el diamante para aquel que cumpliera la hazaña más heroica. El mayor dio muerte al dragón mas peligroso y célebre del país; el segundo mató a 10 hombres con una minúscula daga; y el 3º partió una noche y , al amanecer, volvió y hablo así a su padre: he encontrado a mi mayor enemigo durmiendo y lo he dejado descansar; al volver por segunda vez lo desperté y lo perdoné. El rey le entregó el diamante por ese gesto de saber perdonar.
No nos dejemos vencer por el mal, antes bien, venzamos el mal con el bien.

++ Somos templos vivos de Dios ( 1 Cor3).

Desde la tienda del encuentro que acompaña a David en sus correrías bélicas hasta el Templo de Jerusalén el Pueblo de Dios ha tenido conciencia de una presencia especial de Dios, pero con la venida de Cristo ya el lugar de ese encuentro con Dios es Cristo Resucitado. Nuestros templos son lugares de reunión de la Comunidad con el gran regalo del Santísimo Sacramento.
Cada creyente debería tener abiertas las puertas de su corazón para que el Espiritu Santo se hospede y lo enriquezca con sus dones. Esta verdad más que para demostrarla es para vivirla, como repetía Sor Isabel de la Trinidad.
Y hoy San Pablo contempla su ministerio como obra de construcción, de la que su resultado es la Comunidad de Corinto. Este templo, pues, es la Comunidad Cristiana, en la que no valen capillismos y divisiones, de modo que el Apóstol ha de estar a su servicio y no a la inversa.

++ Nuestra vocación a la santidad (Lv. 19; Mt.5).

+Todos conocemos algo de lo que el Levítico nos dice sobre las exigencias a la santidad en actitudes y obras.
Este libro sagrado es un código de santidad con sus estribillo – “ Sed santos , porque Yo, el Señor, soy santo”-.
Es un simple itinerario para reconocer a Dios en el prójimo y entrar de lleno en el cumplimiento del Decálogo. Despertemos ante este ambiente corrupto, poco propicio para vivir un plan de santidad, dado que nuestra vocación es una llamada a la santidad, como nos enseña la liturgia bautismal. Intentemos hacer lo qué Dios quiere, cómo Dios quiere y por qué Dios quiere.
¡Que maravillosa fue la lección de un niño, San Gerardo!. Después de una Misión dejó un papel en casa con estas palabras – “ madre, no sufras, me voy a hacerme santo”.

+ Y siguiendo a Jesús en estos dos nuevos casos para superar la ley de talión hagamos este breve stop.

En cierta ocasión un obispo virtuoso nos contaba a través de Televisión que al visitar a los padres de un seminarista éste por activa y pasiva le repetía a su hijo: mira, si no estás dispuesto a poner la otra mejilla si te hieren, deja el Seminario, porque esto es ser cristiano.
Y a cuantas familias, que martirizaron a varios de sus miembros en la Guerra Civil les hemos oído decir: perdonamos de corazón a esos verdugos, porque esto es lo que Cristo nos ha enseñado.

Estos sí que han vivido el mandato – “ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto; mandato que San Lucas lo traduce en ser misericordioso como vuestro Padre celestial es misericordioso”-.

La perfección absoluta es de Dios, mientras la nuestra es relativa, por tanto no podemos decir nunca basta. Observa que el agua que no corre se corrompe, no se puede beber.

++ Y cerramos nuestra reflexión orando con el salmo 102.

Nos unimos al autor del salmo que con sus amigos va al templo a dar gracias al Señor por la paz y alegría que El le ha regalado al perdonarle su pecado.
Cada vez que rezamos el Padrenuestro ponemos en nuestros labios este salmo al decir –“perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”-.

Dos palabras resumen este poema: “ternura y misericordia”, y es que todos necesitamos, no solo dejarnos amar, sino sentirnos amados. Por eso, con el hombre bíblico hacemos esta confesión de fe: “Dios compasivo y misericordioso que perdona por mil generaciones, para llegar cabalgando por la bíblia a oír de San Juan – Dios es amor”.
Como ves, este canto es una antología de las facetas del Dios que se nos ha revelado, verdadero preludio del N.T.
El salmista nos invita a bendecid al Señor, describiendo sus motivaciones , para terminar con una exclamación final de gratitud y alabanza.

Cada vez que recito este salmo me convenzo que toda la Bíblia está escrita en clave de misericordia, y con mi imaginación peregrino con Juan Pablo II a Cacrovia para visitar la Basílica de la Misericordia.






GUIA PARA LA PREDICACIÓN.

Principio fundamental de nuestra vida moral:”sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto en el amor y misericordia.

++ Somos Templos vivos de Dios.

Nuestro lugar de encuentro con Dios es Cristo Resucitado. El Espiritu Santo habita en nuestros corazones y en el centro de la comunidad cristiana, a la que hay que servir y no servirse de ella.

++ Nuestra vocación a ser santos.

+ Itinerario para vivir el “Código de la Santidad” según el Levítico.

+ El perdón nota distintiva del cristiano, como nos enseña Cristo con su Palabra y ejemplo.

++ Bendigamos al Señor que nos ha perdonado.

La definición de un Dios compasivo y misericordioso llega a su culmen con las palabra de San Juan – “Dios es amor”-.
La Biblia escrita en clave de misericordia se hace patente en los múltiples templos consagrados a este atributo.


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