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Miguel Funes Gálvez

Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote de la Diócesis de Jaén.
En la actualidad, está adscrito a la Parroquia de San Miguel de Jaén, como Párroco Emérito, además es Canónigo Emérito de la Catedral de Jaén.

Lunes, 19. Octubre 2020 - 11:30 Hora
DOMINGO XXX DEL T. ORDINARIO /A

Ex 22, 20-26Sal 17/ 1 Tes 5-10/ Mt 22 34-40

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

El Señor es mi fuerza, mi roca y salvación (Salm.17)

El salmo 17 es como un resumen de la primera lectura (Ex, 22,21,27) y del Evangelio (Mt.22,34-40) , en el que el amor de Dios lo invade todo. Con una mirada retrospectiva el salmista ve a Israel amenazado con peligro de extinción, pero David vence a Goliat, aunque en esta oración no cuenta la victoria histórica, sino la escatológica mesiánica. Es como la recapitulación de todas las gestas, que el Pueblo de Dios ha realizado, gracias a la intervención divina, como su liberación de Egipto y su Alianza sinaítica.
Avanzando por los caminos evangélicos el salmo en los labios de Maria se convierte en el Magnificat , y en labios de Jesús en las Bienaventuranzas y Sermón de despedida.
Hoy, en nuestras celebraciones eucarísticas, suena con fuerza con las voces de nuestros barítonos; y en los encuentros carismáticos, con las voces dulces, que repiten -“nadie nos separará del amor de Dios”.
Sin embargo, a veces sentimos un profundo desconcierto ante la realidad de la cultura reinante: Ante tantas catástrofes naturales y atentados tan horrendos nos preguntamos: ¿cómo puede Dios permitir que sucedan estas cosas? , ¿Dónde está nuestra fuerza y salvación? Es difícil responder, pero es mucho más difícil entender cómo nos hacemos hoy esta pregunta, cuando durante años estamos diciendo a Dios que se salga de nuestras vidas, de nuestras casas, de nuestra sociedad ¿ Cómo podemos esperar de Dios que nos bendiga, cuando le hemos exigido que nos deje solos?. Exigimos que se retiren los Crucifijos, signo de reconciliación, que no haya enseñanza religiosa en las escuelas, que se fomente el aborto y la eutanasia, que se imponga una disciplina escolar que atenta contra los principios morales…, y todo se presenta y lo aceptamos con tal naturalidad, olvidando que estas premisas nos llevan a sacar conclusiones prácticas destructivas y a meter a Dios en el trastero oscuro del hogar o a echarlo a la basura.
¿Por qué culpamos a Dios, cuando los culpables de estos males somos nosotros?. Ha llegado la agresividad a la escuela, a la familia, a toda la sociedad. ¿Por qué, por qué tanto mal?.
Pensemos que lo que se siembra es lo que se recoge.
Es difícil comprender con qué facilidad se divulga lo negativo, se silencia el nombre de Dios y si aparece es para difamar a la Iglesia. ¿ Por qué los mass media y dirigentes atacan a nuestros principios y valores cristianos, cuestionándolos sin el menor fundamento?.
No obstante, no podemos venirnos abajo y con el salmista con emoción rezamos – “el Señor es mi fuerza, mi roca y salvación -”.
Recuerda a San Pablo exclamando sin miedo, en su carta a los Romanos, que nadie ni nada podrá separarnos del amor de Cristo; (Rom.8) y el marco histórico de la sociedad no era menos negro que el actual, como lo describe en el capítulo primero de esta carta.

++ Amarás a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo . No oprimirás al forastero ni explotaras a la viudas ni a los huérfanos (Mt.22.Ex.22).
En la década de los 60 sonaba con fuerza en los ambientes cristianos una canción, cuya letra era una sola palabra –“amor,amor,amor” -. También ayer, en los días de Moisés y de Jesús de Nazaret como hoy en nuestra asambleas eucarísticas vuelve a sonar con más fuerza la palabra amor.
Después del fracaso de los saduceos sobre la obligación de pagar impuestos, entran en escena los fariseos, buscando comprometer y coger a Cristo, preguntándole sobre cual es el primer mandamiento. Los rabinos presentaban una tabla de 613 preceptos (365 prohibiciones correspondía a los días del año y 248 preceptos se referían a los miembros de los que constaba el cuerpo). La cuestión debatida por los maestros de la Ley era reducir ese amplio legado a un mandamiento principal, era el debate de moda. ¿Qué mandamiento había que poner a la cabeza de la lista?.
El rabino Hillel defendía este principio: “no hagas a otro lo que no quieras para ti; esto es toda la Ley, lo demás es simplemente su explicación”. El Deuteronomio, en su capítulo 6, presenta esa oración que todo judío reza por la mañana y por la noche: “ escucha, Israel, solo hay un Dios a quien hay que amar con toda tu mente y con todo tu corazón”; y el libro del Levítico, en su capítulo 19, prescribe que “hay que amar al prójimo como a uno mismo”.
Y Jesús responde al doctor de la ley que en el centro de toda espiritualidad está el amor a Dios y al prójimo. Con su respuesta se rompe todo legalismo y con su visión universalista del prójimo une las dos tendencias –“Dios y hombre” -. El amor a Dios nos lleva a poner en práctica su voluntad , que es el bien de todos los hombres, corazón de nuestra oración y de nuestro culto; y el amor al prójimo hoy se centra en la práctica de la justicia y de la caridad asistencial y promocional. En esta respuesta está el quicio sobre el que gira la puerta de la vida religiosa.
Los 613 preceptos de los rabinos Moisés los redujo a los 10 mandamientos – los tres primeros hablan del amor a Dios, y los otros siete del amor al hombre -; y Jesús los resume al Doctor de la Ley en dos, en amar a Dios y en amar al prójimo.
No me cansaré de repetir que, si quieres saber el grado de amor a Dios que hay en tu vida, tienes que coger el termómetro del amor al hermano, poniendo el énfasis en el “cómo hay que amar”: tienes que amar al prójimo cómo a ti mismo, y hay que ver cómo nos amamos; sentimos una molestia e inmediatamente buscamos al médico; tienes que amar como Cristo nos amó, que dio la vida por nosotros; tienes que amar como el Padre y el Hijo se aman, cuyo fruto de su amor es el Espíritu Santo.
Dejamos estas consideraciones que aparentemente parecen que comprometen poco y nos vamos a la cumbre del Sinaí , con la primera lectura de hoy. Moisés acaba de firmar un pacto con Dios y nos entrega el Decálogo y el Código de la Alianza, serie de leyes sociales con sus motivaciones y comentarios en defensa de los débiles de todos los tiempos. Nos habla de forasteros, de viudas, de huérfanos, de préstamos etc, y nos recuerda cómo hay que tratar a los pobres y cómo hay que ser hospitalarios y compasivos, porque Dios es compasivo. Y lo más grave es que las situaciones y exigencias de aquellos tiempos siguen vigentes hoy: por miles nos llegan emigrantes y nosotros nos olvidamos que antes fuimos también emigrantes a otros países…se cuentan por miles los hogares que, como las viudas y los huérfanos, comienzan a estar al borde de la pobreza extrema, causada por el paro, por las bajas pensiones y por la subida de los precios de los productos básicos…, no son pocas las familias que viven angustiadas ante el tema de las hipotecas …; soñábamos con dar el paso de una caridad asistencial a una caridad promocional y vemos cómo hay que multiplicar las casas de acogida, los comedores para pobres, los almacenes de ropas usadas, y los bancos de alimentos. Parece que nos contentamos con dar la sardina hoy, que es hambre para mañana, en vez de enseñarles a pescar y entregarles la caña para conseguir el alimento de todos los días.
¿Qué hacer?. Jesús sigue repitiendo: tengo hambre, estoy en paro, no tengo casa, estoy abandonado… etc. Lo que hiciste con ese hermano , conmigo lo hiciste…. Y en la parábola del buen samaritano condena el comportamiento del levita y del sacerdote que pasan de largo, y alaba la actitud del samaritano que arriesgó su vida y puso su tiempo y dinero al servicio del hombre que encontró moribundo en la cuneta, y nos dice – “Haz t ú lo mismo” .
No se puede amar a Dios si no se ama al hombre. ¿Cómo podemos comulgar con el Cuerpo de Cristo si no comulgamos con las preocupaciones, necesidades, dolores y alegrías de los hombres?, ¿cómo nos atrevemos a decir que amamos a Dios si somos egoístas y avaros?. Hay que amar sin condiciones, sin cálculos hasta dar la vida. ¿ Tiene sentido preocuparse por el culto como el levita y sacerdote dejando al hombre en la cuneta?. Lo principal no es hacer limosnas sino amar como Cristo nos amó. En este campo sí que es necesario un ministerio de igualdad.
Vienen a propósito estas lecturas ante la crisis económica. No esperemos que baje el petróleo, ni los alimentos ni las hipotecas. No esperemos que suban los salarios ni que la bolsa se ponga por las nubes para que se forren los de siempre. No. Porque ésta no es la raíz de la crisis que a todos nos preocupa y angustia. Las malas noticias que nos llegan son sólo la punta del iceberg cuya inmensa profundidad se nos oculta. Convenzámonos que la raíz de la crisis está en el sistema, que a un 20% le concede el 80 % de bienestar, mientras que un 80% de seres humanos tienen que vivir en condiciones infrahumanas. Son más de 850 millones los que viven con un dólar al día, o sea, que hoy hay más de mil millones de criaturas condenadas a morir de hambre. ¿Y por qué no se pone solución a esta situación injusta?. Hace poco, en la cumbre de la FAO, celebrada en Roma, se reunieron más de 130 Presidentes de Gobierno y no llegaron a ningún acuerdo eficaz. Es verdad que puede faltar voluntad política, pero no es menos verdad que los ciudadanos, acostumbrados al lujo y al despilfarro, no estamos dispuestos a cambiar, y para este nivel de vida no hay recursos en nuestro planeta. El problema, pues, está en el sistema, basado en una infraestructuras injustas, donde la felicidad es igual a consumo, y que por tanto a más consumo más felicidad, y esto es sólo posible en los países ricos. No es, pues, ni el egoísmo de los ciudadanos ni la cobardía de los políticos la causa, sino el sistema. Hay que cambiar la mentalidad y la forma de vivir. La felicidad no depende de las cosas, sino de las personas. Felicidad es igual a convivencia cordial y justa. Es urgente reorientar la productividad en función, no de lujo y despilfarro, sino con vistas a las necesidades de todos. Tenemos que aprender a perder para ganar, porque de qué nos sirve acrecentar nuestros caudales si perdemos la paz y la vida en manos de esos millones de hombres que han comenzado a decir “basta ya de supervivencia”. Dios ha creado las cosas de este mundo no para unos pocos, sino para todos.
Séria es la reflexión que hace el padre Castillo; es cómo una versión actual de los textos bíblicos de este domingo.
Soñamos que un día se cumplan las palabras proféticas de Juan Pablo II: “ Esperamos que lo mismo que ha caído el muro de Berlín pronto caigan otras ideologías que oprimen al hombre”.

. “ La comunidad de Tesalónica modelo para otras Iglesias por la acogida de la Palabra y su espíritu apostólico” (I Tes. 1).
Demos gracias a Dios por la fe que nos ha regalado, gracias al ejemplo de tantos apóstoles como San Pablo que con su palabra han reafirmado nuestra vivencia cristiana en medio de tantas adversidades. ¡Ojalá pudiéramos decir con el apóstol: “ Imitadme como yo imito a Cristo!”.

GUIA PARA LA PREDICACION

+Ora con los salmos “El Señor es mi fuerza mi roca y salvación” El salmo 17 resume de la 1ª Lectura y Evangelio de este Domingo. Con Moisés, David y Pablo confesamos que Dios es nuestra roca y salvación. El Salmo en labios de María y de Jesús se convierte en Magnificat y Bienaventuranzas. Nos sentimos desconcertados al cantar el salmo en un mundo sin Dios…, pero nada ni nadie nos separará del amor de Dios.

+Reflexiona con la Biblia: “Amarás al Señor con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo”. “No oprimas la forastero ni explotes a las viudas”
Los 613 preceptos de los rabinos Moisés los reduce en los diez mandamientos y Jesús los resume en dos: amor a dios y al prójimo. Las leyes sociales de la Alianza siguen teniendo vigencia hoy: - “emigrantes, hogares al borde de la extrema pobreza, …El juicio de las naciones y la parábola del Buen Samaritano siguen siendo actuales. La crisis económica a la luz de los textos de este domingo.

+ “ La comunidad de Tesalónica modelo para otras Iglesia por la acogida de la Palabra y su acción evangelizadora”¡ Ojalá pudiéramos decir con el apóstol: “Imitadme como yo imito a Cristo”.





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